Agradecido estoy a quienes han hecho posible la publicación la semana pasada de cuatro páginas sobre el 60 Festival Internacional de Cine de San Sebastián en el suplemento de Cultura de La Provincia. Desde los apoyos recibidos por los periódicos La Provincia y La Opinión de Tenerife a entrevistados y personas consultadas para los distintos temas pasando por familiares y amigos, que me han permitido que otro año más haya vivido la, hoy por hoy, insuperable experiencia de pasar la semana entera viendo cine en el que es, con notable diferencia, el festival más grande de España. (más…)
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Luis Roca Arencibia: “Se equivocaron los que esperaban que se subvencionaría el cine para atraer turismo”. Entrevista hoy en contraportada de La Provincia.
26 julio, 2012Estas cosas se fraguan así, casi de repente. Mientras andaba a eso de las siete de la tarde en el Alcampo de Telde atendiendo asuntos domésticos, a saber, cargando con una nueva tabla de la planchar, recibo la llamada del joven periodista, Fernando del Rosal, para hacerme la entrevista. Por poco la respondo entre los pasillos del hipermercado. Por fortuna reaccioné a tiempo y, con el visto bueno de Fernando, acordamos realizarla a mi vuelta a casa. (más…)
Recuperar, divulgar, salvar (6): “Moby Dick en Las Canteras Beach”; Encuentro de Patrimonio Audiovisual de Gran Canaria
14 julio, 2012La presentación hace dos semanas del libro Moby Dick en Las Canteras Beach de Rosario Valcárcel (con lleno completo en el Salón Dorado del Gabinete Literario y tras la cual el editor Jorge Alberto Liria vendió de golpe los cincuenta y pico ejemplares que había llevado) me llevó a preparar el textillo que les añado al final de esta entrada. Leyendo el libro conocí cosas nuevas del rodaje más importante de la historia del cine en Canarias. Además, mientras daba vueltas al texto recibí la llamada de Pedro Vázquez, que participó en la construcción de la ballena, para avisarme de que pensaba acudir al acto. Llevaría la pelota de caucho fabricada con el mismo material con que se construyó la ballena blanca, que conserva desde entonces. Es una pelota menguante. (más…)
Steven Spielberg / Óliver Laxe; “Tintín: El secreto del Unicornio” / “Todos vosotros sois capitanes”; atardecer / amanecer
5 noviembre, 2011Ojalá, uno a uno, todos los Gobiernos pongan herramientas para hacer cumplir la frase del ‘underground’ Jonas Mekas. También en Canarias, donde el Plan Audiovisual ha relegado a la Filmoteca Canaria a un segundo escalón que no merece.
No es solo apabullante el calificativo que merece un filme como Tintín: El secreto del Unicornio (The Adventures of Tintin, Steven Spielberg, 2011), último que dirige el Rey Midas de Hollywood, en este caso caso asociado con otro de los gordos más gordos del cine mundial desde El señor de los anillos (Lord of The Rings, 2001) , el neozelandés Peter Jackson. Tampoco vertiginoso sería el único calificativo. Ni brillante, o carísimo. Se podría formular así: Tintín: El secreto del Unicornio es un apabullante, vertiginoso y brillantísimo filme de Steven Spielberg que ha costado, salta a la vista, un ojo de la cara. Es, en cualquier caso, lo que un maketingnócrata redicho llamarían un must del cine de 2011. Un filme que hay que ver, en salas y, si es posible, en 3D. Así conoceremos de primera mano qué es lo último que ofrece hoy en día la tecnología aplicada a la creación de imágenes en movimiento, que no es poco conocer para quien disfrute viendo cine. Y de paso también asistiremos a uno de los mejores filmes de Spielberg desde que en 1975 tocara su techo -aún insuperado- con Tiburón (Jaws). Y desde E.T., como él mismo ha dicho -confío en que no es para la galería-, el filme con el que ha disfrutado más el de Cincinnati.
La dirección de arte de Tintín: El secreto del Unicornio, basada fielmente en el original de Hergé, deja el mismo sabor excelso que degustar un polvito uruguayo en El Novillo Precoz, el restaurante de la calle Portugal que creó el postre más pirateado en los últimos años de Gran Canaria. La animación por ordenador y el uso 3-D es especialmente brillante en la reproducción del agua y el mar, antes tan dificultosa. El filme tiene momentos de gran fuerza icónica. La lluvia de monedas sobre el agua en alta mar tras la explosión del Unicornio es uno de ellos. También la rotura del vidrio de la tercera maqueta por mor del imposible agudo de la Castafiore. Toda esa secuencia en la ciudad costera marroquí es un placer para los sentidos. Lo mismo que la persecucion al final de la misma, el momento del filme que deja al espectador (y al propio Tintín) más con la lengua fuera de todos sus 107 minutos de metraje.
La dirección de arte de Tintín: El secreto del Unicornio, deja el mismo sabor que degustar un polvito uruguayo en El Novillo Precoz de la calle Portugal, el restaurante que creó el postre más copiado en los últimos años de Gran Canaria: excelso.
Quizás esto sea lo único discutible del Tintín de Spielberg: que desde el encuentro del reportero con el capitán Haddock -o sea, a los veinte minutos de empezar- hasta el final sea una sucesión imparable y creciente de secuencias sin freno, un corre corre asfixiante e imparable que parece querer competir cuerpo a cuerpo con filmes recientes de similar run run, como Cars 2 (John Lasseter, 2011). ¿De qué sirve esa competición delirante por ser el más veloz de la clase? ¿Adónde llevará si precisamente lo que hace de Tiburón su mejor película es esa calmada secuencia nocturna previa a la caza final donde el excéntrico Quint (Robert Shaw) cuenta al sheriff Martin Brody (Roy Sheider) terribles experiencias sufridas en la guerra de Corea sentado alrededor de la mesa en la cabina del barco? Es ese punto de inflexión psicológica del excéntrico personaje al que le faltan menos de doce horas para ser salvajemente devorado desde los pies hasta el tronco por el monstruo lo que da aire a la narración y grandeza al filme. Lo que lo hace, además, imperecedero
Finalmente, los guiños en Tintín hacia el propio cine del director y productor son varios: Tiburón sin ir mas lejos y La guerra de los mundos (War of the worlds, 2005) son los más notorios. Más importante, sin embargo, es su fidelidad al espíritu de la obra de Hergé. Nadie dudaria en afirmar que este es el mejor Tintín adaptado al cine. Da gusto -produce sorpresa también- comprobar que el brutal alcoholismo del capitan Hadock se muestra sin tapujos y en positivo (como era en Hergé), sin filtros “para el publico familiar” que hubieran sido tan previsibles en Spielberg. Hadock, todo chispa y corazón, como en los comics originales es el reverso caliente al cerebral Tintín, inteligente y aburrido.
No podía terminar esta referencia sin mencionar el magnífico texto de Manuel Mora Lourido publicado en Canarias 7 que documenta el paso del periodista por Canarias en la primera edición de Tintín en el Congo, aunque -como explica el propio articulista- en la siguiente edición Hergé quitara la referencia al tener que reducir el número de páginas de la misma. Tintín pasó en sus aventuras por Canarias, y Canarias fue el único lugar de España presente en sus viñetas.
Cierto es que el filme de Spielberg representa lo mejor de un cine comercial para pantallas comerciales, mientras que el de Laxe representa un cine para minorías que deberá ser exhibido, lógicamente, en pantallas minoritarias, certámenes o festivales públicos (pagamos todos), y mostrado en esa enorme ventana de exhibición para este tipo de filmes menos comerciales que es Internet. Si alguien espera una valoración sobre lo que es mejor o peor, no obtendrá respuesta.
No nos deja el calor en Las Palmas hasta finales de octubre, cuando por fin comienzo a sentir frescor matutino en los viajes a eso de las siete a la fábrica de cristal de donde mes a mes saco para comer. En la muestra Ibértigo tuve la ocasión de ver una de las películas que perseguía desde que saltó en el pasado festival de Cannes por su premio Fipresci (el de ¡ay! los críticos) en la prestigiosa sección Quincena de Realizadores. Todos vosotros sois capitanes (Todos vós sodes capitáns), del gallego afincado en París Óliver Laxe, narra el intento del director de realizar en Tánger (Marruecos) una película usando chicos de una asociación de apoyo a jóvenes problemáticos para la que trabaja. Y es un bonito filme, casi íntegramente en blanco y negro, que a su vez reflexiona sobre el mismo sér -con acento por el sentido de plenitud césarvallejiano- del cine. Una reflexión que, cabe recordar para los que profesan una especie de devoción mística por este tipo de acercamientos, es tan vieja como el propio cine.
Más importante, el filme de Laxe, hablado en francés, árabe y español, es además un acercamiento honesto y modesto a los chicos desarraigados de retrata. No en vano, hace el filme que ellos quieren sin oponer resistencia, como si el propio cambio de rumbo de la idea inicial -forzada en realidad por profesores celosos-, formara parte de su premisa a la hora de abordarlo: hacer lo que se pueda, dejarse llevar. Así el director, que como profesor al inicio del filme riñe a sus alumnos por “mirar a la cámara”, o lo que es lo mismo, romper la apariencia de neutralidad del sujeto que filma la película, base elemental de la narrativa clásica, al final rueda una especie de documental donde también tiene cabida la excursión de los chicos por montañas y riachuelos. Filma la naturaleza, que es lo que ellos quieren.
Más allá, una lectura profunda del filme nos habla de la necesidad de filmar, algo que lo acerca a una de las ideas del cineasta ‘underground’ Jonas Mekas expresadas estos días en El País durante su visita a España. No la principal expresada en la entrevista, que fue esta: “Dígalo, escríbalo. Todos los gobiernos tienen la obligación de salvaguardar esa memoria, la que está en todas las películas, de todos los tipos”, fue la frase de Mekas a la periodista. Ojalá, uno a uno, todos los Gobiernos pongan herramientas para hacerla cumplir. También en Canarias, donde el ampuloso Plan Audiovisual ha relegado a la Filmoteca Canaria a un segundo escalón que no merece.
Finalmente, ¿pueden unirse filmes tan dispares como Tintín. El secreto del Unicornio y Todos vós sodes capitáns en una misma crítica? ¿Significa el primero una nueva muestra del ocaso del cine como pregonan críticos afrancesados de aquí, allá y maracuyá? ¿Significa el largo de Laxe el orto del cine del provenir, como algunos pesados de la versión española del Cahiers de Cinéma se afanan por pregonar? ¿Es Spielberg un monstruo que logra sus objetivos comerciales apoyado en una insultante campaña comercial que tiene como objetivo comer los tarros del sufrido personal, indefenso y en paro si forma parte de los 5.000.000 de récord anunciados en España el viernes 28 de octubre? ¿Es Laxe un ángel, un nuevo Che Guevara del cine como inspira su look, si interpretamos al Che como el hombre sin mácula que cayó en la selva boliviana para mejorarnos a todos como personas y el sistema en que vivimos?
Permítanme que ponga todas estas afirmaciones en duda. Cierto es que uno representa lo mejor de un cine comercial para pantallas comerciales, mientras que el otro representa un cine para minorías que deberá ser exhibido, lógicamente, en pantallas minoritarias, certámenes o festivales públicos (pagamos todos), y mostrado en esa enorme ventana de exhibición para este tipo de filmes menos comerciales que es Internet. Si alguien espera una valoración sobre lo que es mejor o peor, no obtendrá respuesta. Uno, el de Laxe, lo verán cientos de personas, miles con el paso de los años; y el otro, el de Spielberg, millones, decenas de millones con el paso de los meses. Si alguien quiere restar méritos a una u otra forma de remediar esa pulsión por hacer cine de la que hablaba Mekas es que no sabe de lo que está hablando.
Índice de fotos:
1) Tintín y Milú huyen del cartel de la película de Laxe.
2) Imagen del cartel de Tiburón (Jaws, Steven Spielberg, 1975)
3) Imagen promocional de Tintín: El secreto del Unicornio.
4) Viñeta alusiva a Canarias en la primera edición de Tintín en el Congo.
5) Collage de cuatro fotos promocionales de Todos vosotros sois capitanes sobre la imagen de Óliver Laxe en la misma película.
6) Tintín y Milú corren hacia el cartel de la película de Laxe.
“Tirma” (1956): Una conquista legendaria
8 abril, 2011
El texto que se reproduce a continuación se incluye en el cuadernillo que acompaña la edición en DVD de la versión española y color de la película “Tirma”, rodada entre mayo y septiembre de 1954 en Gran Canaria. Esta edición comercial de la distribuidora Impulso, gracias al apoyo de Filmoteca Canaria, permite -55 años después de su estreno en salas, 57 de su rodaje- cerrar un capítulo que se ha demorado demasiado tiempo. Desde principios de la década pasada, la Filmoteca concentró por fin sus exiguos recursos en una prioridad: la recuperación, conservación y difusión de películas y material relacionado con el cine en Canarias. Ahora podremos hacer lo que antes nos fue negado: ver la película. Y por primera vez, con verdadero conocimiento de causa, juzgarla.
1954 fue el año de rodaje de la película que mayor rastro emocional dejó en Canarias. La de mayor participación, aquella donde la ilusión y expectativas por verla finalizada fue más grande. Tirma había nacido en la mente de un intelectual canario afín a la dictadura franquista, Juan del Río Ayala (1904-1969). Su pieza teatral de 1947 sobre la conquista de Gran Canaria explicada como la historia de amor entre una princesa indígena y un capitán del ejército castellano fue un éxito local. Los contactos del autor con las élites intelectual y, sobre todo, política le permitían apuntar a un objetivo más ambicioso.
La verdad sobre la producción de la película es confusa por la falta de estudios rigurosos. Iba a ser una producción española de la empresa Infies (Industrias Fílmicas Españolas) con parte del elenco formado por actores canarios no profesionales. Una actriz local, Pastora Martín-Fernández, sería la protagonista, como lo confirman las fotos de los castings que guarda en los álbumes familiares Juana Teresa del Río, hija del dramaturgo. La dirigiría Carlos Serrano de Osma, un “loco insensato con un proyecto inabordable” en cariñosas palabras del director Jesús Franco, cómplice de muchas vicisitudes por su amistad con el matrimonio que formó parte del elenco final, Elvira Quintillá y José María Rodero. En los corrillos profesionales del cine español –entonces en coma por el aislamiento y la censura- Tirma despertaba una inusitada expectación por su originalidad y magnitud. Demasiada ambición quizás. Los trabajos previos al rodaje –previsto para la primavera de 1954- no tardaron en verse interrumpidos ante la falta de recursos económicos.
Fue entonces cuando llegó al rescate el capital italiano a través de la productora Film Constellazione. Y con él las imposiciones. La película se convirtió en una de las primeras grandes coproducciones españolas de la historia, pero también relegó a Serrano de Osma a un papel secundario. Mientras el italiano Paolo Moffa -“un trepa de espanto, ¡un vendedor de gallinas!” en palabras de Jesús Franco- se hacía cargo de la dirección, el español iba y venía de Las Palmas a Madrid con la misión de obtener fondos para salvar el filme. La llegada de los italianos cambió radicalmente la propuesta consensuada entre los guionistas canarios (Juan del Río Ayala y Luis Martínez Carvajal) y Serrano de Osma. Y le arrebató toda intencionalidad poética. Dejó el camino expedito para un filme de vocación nada más que comercial en el marco de otras superproducciones italianas de los 50, a medio camino entre el western y el peplum.
Michelangelo Antonioni figura en los créditos como uno de los seis guionistas italianos que participaron en los trabajos de reescritura. La estrella italiana Silvana Pampanini y la joven promesa Marcello Mastroianni ocuparon los papeles principales de un rodaje que se desarrolló con múltiples dificultades, como ha testimoniado el mejicano Gustavo Rojo, el tercer actor protagonista. Félix de Pomés, José María Lado y Julio Riscal formaron parte del elenco de secundarios además de los mencionados Rodero y Quintillá. La dirección de arte estaba encomendada a Gil Parrondo, aunque finalmente se hicieron cargo de ella los canarios Sergio Calvo y Carlos Morón. La filmación empezó con los interiores de las cuevas indígenas en los estudios Sevilla de Madrid. Después, en exteriores de Gran Canaria durante casi tres meses, coincidiendo con el verano. Terminó de rodarse en la isla entre finales de agosto y principios de septiembre con las escenas del desembarco de los conquistadores españoles en la isla, recreadas en la playa de Maspalomas. Nuevas escenas de batalla se rodaron posteriormente en Italia.
(el final del texto puede leerse en el cuadernillo que acompaña al DVD)






















































