El pasado 10 de enero, el primer presidente de Canarias Jerónimo Saavedra, fallecido el 21 de noviembre de 2023, fue homenajeado, en el Salón de Actos del Edificio de Humanidades de la ULPGC, con la proyección del largometraje documental canario “Benito Perez Buñuel”, en donde Saavedra interpretó la voz de Benito Pérez Galdós.
Fue el primer homenaje público en Canarias al destacado político que había nacido en 1936 en Las Palmas de Gran Canaria, quince días antes del inicio de la Guerra Civil Española.

El acto estuvo presidido por el rector de la ULPGC, Lluís Serra, e intervinieron, además, la decana de la Facultad de Filología, Dolores Fernández; la sobrina de Saavedra, Sylvia Saavedra-Edelmann; el Catedrático de Derecho Penal de la ULPGC, Fernando Navarro; y los artífices del documental, la productora Marta de Santa Ana y el director Luis Roca. Tras este texto comparto el titulado “Sedimento”, leído en el acto por ambos.
En el acto también estuvieron presentes autoridades políticas y educativas, familiares y amigos de Jerónimo Saavedra, encabezados por su sobrina Isabel Saavedra.
Reivindicando a Jerónimo estamos convencido de que los canarios nos hacemos más poderosos
En “Benito Pérez Buñuel”, la voz de Jerónimo Saavedra resuena con enorme fuerza, haciéndolo presente. Además de en las secuencias de animación de la película, donde dio vida a Galdós, Saavedra también interpreta textos del escritor canario de las novelas “Tristana”, “Fortunata y Jacinta”, “Gloria” y “El doctor Centeno”.

Fue un acto muy emotivo con intervenciones que ponían en valor el legado del principal político canario desde la Transición.
La prensa se hizo eco del evento. En el principal periódico de Canarias, La Provincia, un texto de Martina Andrés titulado «La voz de Jerónimo Saavedra revive en la película Benito Pérez Buñuel» ocupaba una página en la edición del día siguiente.

Por otra parte, en el digital «Atlántico Hoy», la exhaustiva crónica, titulada «Torrente de emociones y reivindicación de su legado en el primer homenaje a Saavedra en Canarias», daba amplios detalles de las cuatro intervenciones, dejando testimonio de lo importante del legado de Saavedra, en dos de los casos incidiendo en su relación con Benito Pérez Galdós.
Finalmente, el digital canario CanariasAhora, ligado a ElDiario.es, publicaba este resumen bajo el título «Primer homenaje público a Jerónimo Saavedra en Canarias».
Yo escribí junto a Marta de Santa Ana Pulido este texto, titulado, «Sedimento«, que reproduzco aquí como testimonio del aprecio a la figura de Jerónimo Saavedra, así como reivindicación necesaria de su legado.

Es llamativo se le rindiera un homenaje en el primer concierto en Gran Canaria de la 40 edición del festival de Música, pero, sin embargo, no se le homenajeara el día anterior en Tenerife.
En este acto se reivindicó al político mucho más allá de su más reconocido logros, haber impulsado el Festival de Música de Canarias, que cumple 40 años la presente edición.
Es llamativo que al día siguiente se le rindiera un homenaje en el primer concierto en Gran Canaria de la 40 edición del festival en el Auditorio Alfredo Kraus, pero, sin embargo, no se hubiera hecho lo mismo el día anterior en Tenerife, en la inauguración del festival.
Es un detalle, nada menor, que habla de cuánto nos falta en Canarias para identificarnos, en nosotros mismos y en el mundo, como una sociedad madura que sea capaz de honrar a sus más relevantes ciudadanos al margen de su adscripción política o isla de nacimiento.

SEDIMENTO, por Luis Roca y Marta de Santa Ana
«Nos sorprendió la noticia aquel 21 de noviembre mientras participábamos con nuestra película en el Festival de Cine de Bogotá, Colombia. Por eso solo pudimos despedirnos de él, que para nosotros siempre será “nuestro Galdós”, en el hermoso y solemne funeral celebrado la semana siguiente en la catedral de Las Palmas. Allí, se dijeron unas palabras que nos resonaron especialmente: “gracias por tu vida, Momo, gracias por haberla vivido así”.
Semanas después tuvimos el honor de estar en el homenaje que Presidencia del Gobierno de España le organizó en su querido Teatro Real, con intervenciones de personas muy relevantes de variado signo político. Gracias a ese acto, hermoso y solemne también, entendimos mejor su dimensión fuera de Canarias.
Con este acto, hoy, aquí, el primero público en su ciudad, su isla, sus islas, queremos contribuir a hacer más trascendente su legado. Porque sin duda, seamos del signo político que seamos, es obligado que la herencia que Jerónimo Saavedra Acevedo nos ha dejado sea motivo de enseñanza y norte para los que le vienen detrás.
Desde que le propusimos ser la voz de Benito Pérez Galdós en nuestra película fue abierto y entregado. Aceptó a la primera, lo que habla de su carácter atrevido, incluso arriesgado. Abierto, entregado, atrevido, incluso arriesgado, son cualidades óptimas para un buen político, a las que añadiré dos más que le son propias: sensible e inteligente.
Comimos incontables veces uno de sus platos estrella, paella de conejo, pollo y verduras, en su restaurante preferido de Las Palmas, El Arrosar. Lo acompañábamos de un vino que él mismo elegía, sencillo y eficiente, un entrante y postre. Entre las cuatro y media y las cinco de la tarde una llamada de su taxista le indicaba que era hora de volver a casa. Entonces se levantaba, no sin dificultades, de la mesa y, no sin dificultades, yo lo acompañaba, agarrado él de mi brazo, al vehículo.
En el camino de ida y vuelta en el restaurante siempre lo saludaban. Siempre devolvía el saludo a todos. A veces alguien se acercaba a nuestra mesa a charlar animadamente, como si lo conociera de siempre. Cuando se había ido, no pocas veces nos admitía no saber quién era aquella persona. Era una celebridad. Además de entregado, abierto, atrevido, incluso arriesgado, sensible e inteligente, también era elegante, educado y divertido.
Las conversaciones eran mucho más ricas que el arroz, que ya es difícil. Hablábamos de nuestra película, de cine, de música, amigos, algún chisme. Me produce mucho orgullo haber sido la última persona con la que fue a una sala de cine. Lo llevé a ver “Los Fabelman”, de Steven Spielberg, en versión original, a Las Arenas. Le encantó. También con nosotros vio su última película al aire libre, esta que verán ustedes a continuación, en la plaza de España de Los Llanos de Aridane, en su isla de La Palma.
Con él aprendimos que el sedimento de las personas es lo que de verdad cuenta. Ese poso que es la acumulación de los saberes, sentimientos y emociones de cada uno y que, cuando dormimos, se nos queda, asentado, en lo más hondo. Ese sedimento que vuelve a removerse, agitado, con el propio movimiento de nuestros cuerpos durante el día y que es lo que los demás perciben de nosotros, en nuestros gestos, miradas y palabras.
Jerónimo tenía un sedimento extraordinariamente denso, nos atrevemos a decir que de varios milímetros de altura, fruto de la excepcional vida que vivió y, sobre todo, por cómo eligió vivirla. Cuando hablabas con él, lo hacías lo mismo con el hombre anciano con una enorme peripecia vital detrás, que con un chico de veinte años ansioso por descubrirlo todo.
Para hacer su trabajo nos atendió con exquisita profesionalidad. Durante las dos grabaciones que fueron necesarias, en Las Palmas y Madrid, nos regaló otro de sus tesoros: su voz. Una voz, más que característica, con carácter, vibrante inconfundible, culta, ideal para dotar de vida al genio universal. Es por eso por lo que, cuando su voz aparece, resuena llenando todo el espacio fílmico. Con su voz, Galdós se hace corpóreo y, por fin, con acento canario, que es, como reivindica esta película por primera vez en el cine, el que el escritor inmortal tenía.
Es posible que, cuando escuchen su voz, les pase a ustedes como a nosotros en las tres proyecciones de la película que hemos realizado desde su muerte, dos en Colombia y una en Tenerife: les dará la impresión de que Jerónimo no se ha ido, que está aquí entre nosotros.
Una de las grandes satisfacciones de tener a Jerónimo en la película es que ayudará a que él perdure. Queremos pensar que, si aceptó, fue también por comprender que, transformarse en Galdós, era hacerlo en alguien que, además de político destacado como él, admiraba por su enorme trascendencia intelectual. Común en el pensamiento político de ambos era propugnar una sociedad democrática en la más absoluta expresión de esta palabra, una comunidad que, además, sepa que apostar por la educación y la cultura es la mejor garantía para su desarrollo, algo que todavía no hemos aprendido. Si tuviéramos que condensar ese pensamiento de hondo calado humanista hoy, nos atrevemos a afirmar: frente a la intolerancia, aceptación; frente al odio, afecto; frente al rencor, comprensión; frente a la polarización, abrazo.
Reivindicando a Jerónimo estamos convencido de que los canarios nos hacemos más poderosos. Porque es ese ejemplo de las personas entregadas, abiertas, atrevidas, incluso arriesgadas, sensibles, inteligentes, divertidas, elegantes y educadas, el que debemos seguir. Es lo que, nos atrevemos a decir, él mismo pretendió, sin decirlo: que todos y todas sacáramos lo mejor de nosotros mismos para hacer más densos nuestros sedimentos. Para, reconociendo nuestros humanos aciertos y desaciertos, poder construir así una ciudad, una isla, unas islas, un país, un planeta mejor.»
