Entrevista a Icíar Bollaín y Anna Castillo por “El olivo”: ¿Qué país arranca y vende como souvenir un olivo milenario?


Entrevistamos a Icíar Bollaín y Anna Castillo, directora y actriz protagonista de “El olivo“, fábula esperanzadora sobre la debacle de España que se estrenó el pasado viernes. La película producida por Morena Films y Match Factory Productions fue rodada en el Bajo Maestrazgo (Castellón), el Ampurdán (Gerona) y Düsseldorf (Alemania). En su elenco destacan Anna Castillo, Javier Gutiérrez, Pep Ambròs, Manuel Cucala, Miguel Ángel Aladrene Inés Ruiz. El séptimo largometraje de la directora madrileña mezcla drama y comedia para reflexionar sobre España en tiempos de crisis. “A mi generación le toca arreglar el daño de las anteriores”. “Con un tronco de ocho metros de diámetro, este olivo te daba la dimensión del tiempo” (Icíar Bollaín) y “Quiero ver películas que me transporten a otro lugar y me hagan reflexionar” (Icíar Bollaín) son algunas de las frases destacadas de la entrevista a dos bandas que se publicó el viernes pasado en el periódico La Provincia.

Icíar Bollaín, en primer término, y Anna Castillo, en el rodaje de "El olivo". / MARINO SCANDURRA

Icíar Bollaín, en primer término, y Anna Castillo, en el rodaje de “El olivo”. / MARINO SCANDURRA

A sus 22 años, la actriz barcelonesa Anna Castillo ha sido Dorita en la serie de televisión “Amar es para siempre” y antes, con solo 15, Bea en el filme “Blog” (Elena Trapé, 2010). También ha trabajado en las series Doctor Mateo y El Ministerio del Tiempo y la película “Promoción fantasma” (Javier Ruiz Caldera, 2012). Ahora rueda “Oro”, de Agustín Díaz Yanes, sobre la búsqueda de El Dorado en tiempos de la conquista de América. Castillo sigue haciendo funciones del musical La llamada con Macarena García y este verano rueda la adaptación de esa misma obra al cine, también producida por Enrique López Lavigne y dirigida por los mismos autores que la pieza teatral, Javier Calvo y Javier Ambrossi.

Pero Anna Castillo es diferente de muchos de los lectores de este blog en algo crucial, a su edad solamente tiene noción de España en crisis. “Me pilló con 14 años, así que no recuerdo cómo era el país antes. Sí me acuerdo que de pequeña nos decíanen el cole que si estudiabas podías trabajar en lo que fuera y que, cuanto más lo hicieras, mejor futuro tendrías. Esa mentira ha sido frustrante, duele mucho”.

La conversación telefónica, ella caminando por Madrid, el periodista estacionado en su coche en Ciudad Jardín, la mantenemos el mismo día que se ha sabido la dimisión del ministro José Manuel Soria por la aparición de su nombre en los llamados ‘Papeles de Panamá’. “Te sientes involucrada en lo que está pasando en España, todos estamos sufriendo las consecuencias. El olivo habla de eso, generaciones anteriores a la mía han hecho cosas muy mal y por las cuales nos hemos estado cargando el país. Es lo que pasa con el árbol de la película, ¿cómo es posible que un olivo milenario pueda talarse y llevarse a otro país como si fuera un souvenir? La herencia de este destrozo nos está tocando a los jóvenes, somos nosotros los encargados de arreglarlo, eso es lo que siente mi personaje de Alma”.

Tres días antes, la directora Icíar Bollaín (Madrid, 1967), nos atiende por teléfono alejándose del ruido en una cafetería del centro de Madrid. Es la niña que se dio a conocer en el cine –como Castillo, también con 15 años– en El sur, la obra maestra de 1983 de Víctor Erice producida por Elías Querejeta. La primera película de Bollaín como directora fue “Hola ¿estás sola?” (1995). Pareja desde 1995 del guionista Paul Laverty, autor del texto de El olivo y colaborador durante 18 años del director de cine británico Ken Loach, su cine halló un pico hace seis años con “También la lluvia” (2010), premio Panorama del Público en el festival de Berlín. “La historia de El olivo, nos dice Bollaín, “es el viaje interior de Alma muy ligado, al mismo tiempo, a la debacle que ha ocurrido en España en los últimos años. Pero la película tiene también un mensaje de pasar página buscando una forma de hacer las cosas bien”.

La entrevista se celebra antes de saber si los principales partidos políticos alcanzarán acuerdos para un pacto de Gobierno en España. “Es evidente que las cosas no han funcionado y que muchos han votado por un cambio político. Hay gente que lo está pasando muy mal, una corrupción que nos está saliendo por las orejas, un descrédito importante de las instituciones… La izquierda ha hecho también cosas muy mal en estas negociaciones, pero, si no hay acuerdo entre las fuerzas del cambio, será el triunfo de los que no lo querían, que también son muchos”.

Javier Gutiérrez, Pep Ambros y Anna Castillo, en "El olivo" / MARINO SCANDURRA

Javier Gutiérrez, Pep Ambros y Anna Castillo, en “El olivo” / MARINO SCANDURRA

El olivo es una coproducción de Juan Gordon (Morena Films) y la productora alemana Match Factory Productions. Su presupuesto ha sido de cuatro millones de euros. Fue rodada en localizaciones en el Bajo Maestrazgo (Castellón), el Ampurdán (Gerona) y Düsseldorf (Alemania). Su elenco principal está formado por Anna Castillo, Javier Gutiérrez, Pep Ambròs, Manuel Cucala y Miguel Ángel Aladren. “A Paul Laverty”, explica
Bollaín, “le llamó mucho la atención un artículo en la prensa que contaba cómo un olivo milenario había sido vendido para llevarlo a algún lugar del norte de Europa. La idea de que se convierta en objeto decorativo para un jardín privado o el hall de una multinacional tiene mucho de metáfora de la época que hemos vivido. ¡Estos olivos salían a docenas de nuestro país en la pasada década! ¡Se iban al mundo entero, a China, Oriente Medio, Francia…! Por desgracia, España era de los pocos países que no contaban con una legislación que impedía arrancarlos. Que el olivo acabe en Alemania en mi película tiene su ironía, ya que desde ahí se nos está diciendo lo que tenemos que hacer con nuestra economía. Pero pueden hacerse más lecturas. Muchas empresas multinacionales lavan su imagen haciendo acciones que solo son marketing, de hecho, en la película nos inspiramos en los panfletos que producen. El olivo es, además, un símbolo del Mediterráneo, parte de nuestro paisaje, cultura y tradición. La noticia tenía muchas posibilidades como historia y metáfora”.

El personaje de Alma es granjera y Anna Castillo se preparó durante dos semanas antes de empezar a rodar siendo “una de verdad, me levantaba cada mañana a cuidar los ocho mil pollos que había en aquella granja”. Es la segunda vez que interpreta a un personaje
con ese nombre. La primera, con 16 años, fue en el musical de Nacho Cano “A”. “En El olivo, Alma es una chica fuerte y valiente que se mueve por sus sentimientos y pasión. En el arranque de la película se siente atormentada, muy poco querida, para ella lo más importante es su abuelo. Por él lucha y se arriesga”. Para Bollaín, Anna Castillo “lleva el peso total de la película. Es muy joven y tiene un enorme carisma, cosa que no es fácil de encontrar. Es, además, una actriz que no te cansas de mirar, siempre interesante”. Le pregunto a la directora si Castillo le aportó algo a Alma que no estuviera escrito por Paul Laverty. “Alma podía haber sido un personaje más duro, pero Anna Castillo es pequeñita y delicada, un duendecillo, muy femenina. Esa femineidad, esa dulzura, es una aportación de Anna”. “Cualquier actriz se moriría por trabajar con Icíar Bollaín. A mí Alma me ha aportado más cosas que yo a ella,” replica la actriz barcelonesa.

En el caso del personaje del abuelo “teníamos menos opciones, la gente de pueblo no es mucho de participar en rodajes y no quería renunciar a encontrar a alguien de campo de verdad, por la cara curtida, esas manos como sarmientos de trabajar en el campo. Tuvimos la suerte de dar con Manuel Cucala en el pueblo donde teníamos la base del rodaje, San Mateo. Es un actor natural, cariñoso y optimista, que además tiene olivos y nietas, se identifica mucho con el personaje. Tiene mucha presencia en cámara y hace muy bien cosas que son difíciles en el cine, borda la mirada perdida”.

Selección aparte mereció el olivo protagonista del filme. “Vimos docenas”, apunta Bollaín. “Admiramos sus troncos, sus copas, sus raíces como garras. Nunca antes había sentido una emoción así delante del nuestro. Con un tronco de ocho metros de diámetro, este olivo te daba la dimensión del tiempo. Plantado probablemente por los romanos, parecía que tenía incluso esculpida la cara de un monstruo, como requería el guión”. Para Icíar Bollaín, “el filme es un drama contado con humor y emoción. Ese era el reto, saber girar a la comedia en escenas dramáticas. No es tan fácil, y es fundamental aquí el trabajo de los actores, sobre todo el de Javier Gutiérrez, que es el que lleva más el peso de la comedia. También quise evitar que la película perdiera su unidad, ya que tiene dos partes muy diferentes. En eso fue muy importante el músico, Pascal Gaigne, su trabajo envuelve y cierra la película”.

Icíar Bollaín, en el rodaje de "El olivo" / JOSÉ HARO

Icíar Bollaín, en el rodaje de “El olivo” / JOSÉ HARO

Las películas de Bollaín tienen en los conflictos sociales el común denominador de sus temas. Desde “Flores de otro mundo” (1999, mejor película en la Semana Internacional de la Crítica en el festival de Cannes), hasta En tierra extraña (2014), pasando por Te doy mis ojos (2003, ganador de siete Premios Goya, incluido Mejor Película) y Katmandú, un espejo en el cielo (2011). “El cine es un medio maravilloso para hablar de lo que nos ocurre. Hacer una película es mucho esfuerzo, económico y humano, y hay mucho cine, por eso intento contar algo que me importa. No pretendo hacer una obra maestra ni cambiar el mundo (es pedirle demasiado a una película), pero quiero ir al cine a ver una película que me transporte a otro lugar y me haga reflexionar”. Despoblamiento rural e inmigración; emigración y dignidad; violencia machista; revisión de la historia y ecología; niños abandonados. De sus siete películas hasta hoy –Bollaín también participó en la colectiva “¡Hay motivo!” (2004), producida por el canario Andrés Santana- El olivo retrata, en forma de fábula, a España en estos tiempos de crisis.

Sobre el momento actual del cine español, la madrileña afirma que “está todo muy polarizado. Este cine que hago yo, el de personajes y presupuesto medio, parece que es el que ahora tiene más dificultades para encontrar salas comerciales y pantallas en festivales. Pero he oído hablar de crisis en el cine español desde que en 1982 hice “El sur”, así que imagínate. La sensación que tengo es que en otros lugares hay unas políticas culturales muy contundentes, no solo de cine, países que consideran que la cultura es una cuestión de estado, con iniciativas ambiciosas, de largo recorrido, da igual quien gobierne. En Francia, Estados Unidos y también en Alemania. En Westfalia, donde hemos rodado, hace unas décadas se acabó el negocio de la minería y decidieron hacer una inversión en el sector audiovisual. Allí antes no había industria de cine, así que eso viene a decir que si uno decide que haya algo, eso existe”.

Anna Castillo y Manuel Cucala, en un momento del filme. / JOSÉ HARO

Anna Castillo y Manuel Cucala, en un momento del filme. / JOSÉ HARO

TRES QUIJOTES Y UN MOLINO EN DÜSSELDORF / reseña crítica

El “alca” -de alcachofa (Javier Gutiérrez)-, culpable y víctima de su propia ruina, vive la aventura de su vida, recuperar un olivo milenario familiar para contenta a su sobrina. Alma (Anna Castillo) es, además, una granjera desarraigada que, sin saberlo, está destapando el cinismo de poderosas multinacionales que usan el chau chau medioambiental para seguir talando árboles donde nadie mira. El olivo, la película de Icíar Bollaín sobre esta España en crisis, empieza siendo drama rural y coge impulso al transformarse en un filme épico con tres quijotes lanzándose contra un molino con sede en Düsseldorf (Alemania). El objetivo es tan descabellado como pensar que un día España ganará un mundial de fútbol. La esperanzadora fábula de Bollaín convierte ideas políticas en guiños y emociones. Y es agua fresca a cada ráfaga musical de Pascal Baigne. Los compases del francés afincado en Euskadi recuerdan a hermosas películas revolucionarias de Louis Malle.

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