Boris W. San Juan publica “El coleccionista de estrellas”, la biografía de Andrés Padrón, que atesora más de 1.500.000 imágenes de cine, entre fotos de actores, actrices y directores de cine, escenas de películas y momentos de los rodajes. Tiene 1.600 retratos dedicados y una serie exclusiva de 2.000 diapositivas de gran tamaño. También carteles de películas y muchas cartas, especialmente de las grandes actrices del cine español. Este texto se publicó en el periódico La Provincia el 29 de octubre de 2024.

Era todavía un niño cuando, sin que sus padres lo supieran, iba a visitar a un amigo para subir a la azotea de su casa y encaramarse a una pequeña claraboya por la que se veía el interior del cine Victoria, en la confluencia de las calles Princesa Guayarmina y Saucillo del barrio de La Isleta donde vivía. Asomado al tragaluz devoraba en soledad las películas y los espectáculos de teatros de variedades. Aquellos momentos determinaron el sueño que perseguiría toda su vida. El libro “El coleccionista de estrellas”, de Boris W. San Juan, sobre Andrés Padrón Morales (Las Palmas de Gran Canaria, 1940), cuenta una de esas historias únicas que distinguen y enriquecen el cine en Canarias.
El libro es auto editado. “Desde el principio lo propuse a una institución pública”, responde por escrito Boris W. San Juan. “Lamentablemente, no se pudo llevar a efecto por falta de presupuesto. Acudí a otras instituciones y editoriales con las que tampoco se llegó a nada. Es vital destacar la necesidad de una mayor reflexión sobre lo verdaderamente importante. Creo, además, que existe cierto desconocimiento por parte de aquellas personas que ocupan puestos públicos, por cuyas manos pasan asuntos de relevancia que no saben aprovechar.”
No queda más remedio que amar el cine en la ciudad de Las Palmas a pesar de haber dejado tantas víctimas en el camino, sobre todo entre quienes quisieron hacer películas sin salir de aquí. La distribución y exhibición de películas sí se pudo desarrollar como en el resto del mundo. Muchos fueron sus cines y muchísimos más los ciudadanos que disfrutaron de él. Eso fue en el pasado, porque desde hace cinco años la ciudad vive en estado de emergencia también en lo que se refiere a la distribución de cine independiente.
Para Boris W. San Juan, la personalidad de Andrés la conforman tres palabras que comienzan con “p” de Padrón: persuasión, perseverancia y paciencia.
Fue el sector en que trabajó Andrés Padrón. Cuando contaba 16 años falleció su madre y su maestra, Doña Librada, la recomendó a un primo suyo que tenía cines. Don Jesús Rodríguez Doreste puso a prueba al chico, le entregó unos programas de mano de películas y le dijo que se los estudiara. Se los sabía de memoria. Empezó ayudando en el control del almacén y terminó como jefe de ventas. Permanecería en la empresa hasta su edad de jubilación, entre 1956 y 2005. Tropical Films fue durante décadas la principal empresa de cines de Las Palmas. Bajo su foco estaban los cines Royal, Avellaneda, Cairasco, Victoria, Astoria y Capitol. Tenía además el control del cine de Hollywood más popular. ¿Quién no recuerda las larguísimas colas en el cine Royal por el estreno de “La guerra de las galaxias” (1977).

Esa dedicación profesional fue, también, el camino por el que Andrés Padrón logró ser un gran coleccionista, aunque su afición había nacido antes. Empezó cuando tenía 14 años recién cumplidos y Gregory Peck llegó a Las Palmas para el rodaje del filme de John Huston “Moby Dick”. Tantos autógrafos le pidió a la estrella de Hollywood durante las cinco semanas que pasó en la isla que, la víspera de su marcha, cenando con su novia Veronique Passani en el bar de Juan Pérez de La Puntilla, este le dijo con gestos que ya no le daría más. ¿Supo el actor que dio vida al Capitán Ahab, décadas más tarde, que la carta con la petición de una foto firmada que recibió en su casa de Los Ángeles procedente de Las Palmas era de aquel niño insistente?
Para Boris W. San Juan, la personalidad de Andrés la conforman “tres palabras que comienzan con “p” de Padrón: persuasión, perseverancia y paciencia. A esto le podemos añadir que es una persona verdadera, de palabra firme y de condición cercana, cariñosa y afable. Un amigo que se deja apreciar y que reconoce y agradece con su amistad a aquellos de buena fe.”
Padrón atesora más de 1.500.000 imágenes, muchas de una calidad excelente. Fotos de actores y actrices, escenas de películas, momentos de los rodajes y una colección que afirma que es “única” de directores de cine.

Joyas de la colección son una serie exclusiva de dos mil diapositivas de gran tamaño que llegaron a España para portadas de revistas y grandes murales. Además, tiene 1.600 retratos de estrellas de cine dedicados. Solo le han desaparecido dos, los de Marilyn Monroe y Charles Chaplin. Tiene carteles de películas y muchas cartas dedicadas, sobre todo de las grandes actrices del cine español. En ellas se demuestra el aprecio que le profesaban.
Entre lo que guarda en cajas y contenedores repartidos entre las islas de Gran Canaria y Tenerife, sus preferidas son las fotos dedicadas de Olivia de Havilland y una carta escrita por la estrella ganadora de dos Premios Óscar a su nombre. También, cartas de Josephine Baker, Carlos Escalante, Roddy McDowall y “una preciosa de Marisa Berenson, que recibí después de que yo le regalara varias fotos que ella desconocía de su rodaje con el director Stanley Kubrick en “Barry Lindon” (1975)”. Lo apunta al otro lado del teléfono desde Fuerteventura. “Y las fotos firmadas por Josephine Baker, Joan Fontaine, Doris Day y Marlon Brando”, añade.
De sus años de adolescencia, Andrés Padrón conserva un recuerdo especial del cine Pabellón Santa Catalina, ubicado en la trasera del parque homónimo. “Cuando iba me quedaba prendado con las fotos de las multinacionales norteamericanas 20th Century Fox y Warner que se exhibían en el vestíbulo, algunas coloreadas a mano”, rememora. Con el tiempo labró amistad con su propietario, Enrique de la Torre. “Cuando Enrique era ya muy mayor y vivía en una residencia de ancianos de Santa Brígida, me regaló aquella colección maravillosa. También el propietario del cine Vegueta me regaló todo el ingente material que conservaba detrás de la pantalla del cine. Me han ayudado muchísimo los distribuidores de Las Palmas”, afirma.
Ayuden empresarios y quienes deciden el destino de los fondos públicos a concretar un museo del cine con su colección antes de que desaparezca o se vaya fuera de Canarias.
48 años trabajando en el cine y hoy, con 83, Padrón, pura pasión irrefrenable al hablar de su colección, vive en el ocaso de su vida un conflicto propio de un héroe griego. ¿Será finalmente reconocido en su tierra con el valor que merece ser alguien que en el desempeño de su actividad es líder mundial? Él quiere que se haga un museo con su colección. Lo lleva pidiendo 30 años. Un lugar donde se expusieran las fotografías de Andrés Padrón, debidamente contextualizadas, sería un atractivo magnífico para poner a Canarias en el mapa audiovisual mundial con un recurso único que le es propio.
El tiempo que abarca la colección de Andrés Padrón es la historia del cine desde el mudo hasta el digital. Primero con películas rodándose en un febril desorden, después bajo la hegemonía de los grandes estudios de Hollywood, más tarde con las nuevas productoras independientes y el apogeo del gran cine europeo, sin olvidar el español. De la manivela al chip, del mudo al sonoro, del blanco y negro al color, de la pantalla de formato cuadrado al cinemascope, del espectáculo de barraca de feria al arte.
¿Estamos de verdad en la tarea de construir un imaginario específico distintivo alrededor del cine en las Islas que permita diversificar la economía y hacer las islas más valiosas, interesantes y potentes? Ayuden los empresarios y quienes deciden el destino de los fondos públicos a concretar esa inversión antes de que la oportunidad se desvanezca. Padrón lo ha avisado reiteradamente: “yo quiero que mi colección se quede aquí, pero, si no lo consigo antes de que me muera, se perderá o irá fuera de Canarias.”

Recuperar la memoria
Boris W. San Juan, profesor, documentalista, historiador de cine, tiene el mérito, poco agradecido, de haberse ocupado en recuperar la memoria del cine en Gran Canaria. Suyos son trabajos, literarios y audiovisuales, sobre Martín Moreno y los cineastas aficionados de los 60 y 70 del siglo pasado. Para este nuevo trabajo lleva trabajando desde 2017. “Cada vez que nos sentábamos a conversar”, afirma, “me daba cuenta de lo bello de esas pequeñas historias que formaban parte de su vida cinematográfica. Eran relatos casi inverosímiles para una persona que vivía en un lugar tan alejado, pero, sin embargo, verdaderos, pues ahí estaban las pruebas. Siendo yo una persona interesada en recuperar la memoria de nuestro cine, me pareció de gran interés obtener de primera mano un testimonio que de otra forma desaparecería.”
El volumen, de 271 páginas, acompañado con una selección de fotos realizada por el propio editor, repasa la trayectoria vital y profesional del coleccionista deteniéndose en hechos relevantes ligados a la consecución de sus fotografías. También las 60 exposiciones que se han realizado con materiales suyos, entre las que destaca “La imagen congelada” (1993), comisariada por Fernando Gabriel Martín, que llegó a exhibirse en París.
La colección está guardada en cajas y contenedores en Gran Canaria y Tenerife.
Lo más difícil del libro ha sido “buscar la manera de explicar de manera diferente las mismas acciones en cuanto a los métodos que Andrés llevaba a cabo para obtener sus fotografías. Tuve que ingeniar enfoques que permitieran leerlas de manera variada”, afirma San Juan. Lo mas gratificante ha sido “poder pasar horas escuchándole contar sus vivencias, ha sido un regalo impagable, además de profundizar en nuestra amistad. Aunque puede parecer extraño, durante nuestras charlas llegué a transportarme a ese momento y lugar que Andrés mencionaba. Un ejemplo fue el de Gerda Martel, que le hizo partícipe de sus experiencias en el Hollywood de los años treinta cuando su padre recibía las visitas de Katharine Hepburn o Greta Garbo.”
En breve empezarán las presentaciones del libro. Las habrá en las próximas semanas en los barrios de Schamann (CAA Gran Canaria) y Triana (Biblioteca Insular), en Las Palmas de Gran Canaria, y el pueblo de Arucas, donde Boris W. San Juan reside. Acuda a cualquiera de ellas para saber quién es el niño de la Isleta que hubiera querido conocer y tratar a las estrellas del cine de carne y hueso, pero que, por vivir en Las Palmas, se entregó -con persuasión, pasión y perseverancia- a coleccionar sus imágenes durante toda su vida hasta lograr una de las mayores colecciones de fotografías de cine del mundo.
