Crónica del 36 festival de cine de El Cairo (2)


El largometraje “Melbourne”, opera prima del iraní Nima Javidi, sobre un matrimonio que debe enfrentarse a un terrible suceso a noventa minutos de cerrar su vivienda en Teherán para emigrar a Australia, se alzó con la Pirámide de Oro del 36 Festival Internacional de Cine de El Cairo. El festival finalizó el martes 20 de noviembre con una clausura en el complejo histórico de las pirámides de Giza, donde también se ubica la famosa Esfinge.

Esta es la segunda parte de la crónica, en su versión completa y con otra selección de fotos, que preparé para la revista online El Asombrario, asociada a ElDiario.es.

El río Nilo desde la habitación 1261 del Hotel Marriott Cairo.

El río Nilo desde la habitación 1261 del Hotel Marriott Cairo.

Vivimos entre fuertes medidas de seguridad. Dos controles con policías y militares hacen falta para entrar en el hotel Marriott Cairo. Instalado en su planta 12, con vistas al viscoso y hechizante Nilo, la perspectiva cambia. La ciudad es extraordinariamente luminosa. Parece un caos ingobernable. El sonido de la naturaleza aquí ha sido sustituido por el bramido de motores y bocinazos que suenan de la mañana a noche en una sinfonía sinfín, el tráfico es denso y veloz, los motociclistas vuelan sin casco al filo del cataclismo.

Un edificio de El Cairo / LUIS ROCA ARENCIBIA

Un edificio de El Cairo / LUIS ROCA ARENCIBIA

¿Cómo es posible que no se produzcan decenas de accidentes y atropellos, con lo cerca que pasan los vehículos de los transeúntes? “Se producen muchos a diario,” me confiesa un empresario local en la fiesta después de la ceremonia de inauguración, celebrada en el exclusivo Club House, a quince minutos en las afueras de la ciudad junto a un campo de golf. Autobuses y coches privados viajaron escoltados hasta aquí. A decir de un colega jordano que se jacta de conocer bien el mundo árabe, los egipcios son especialmente divertidos y hospitalarios. La fiesta fue un despliegue de esmóquines y rebosantes escotazos amenizado por una banda de versiones que interpretaba ‘standards’ occidentales de los años 50 y 60, algunos también en español.

Thomas Allen Harris sostiene una de las fotografías que muestra en “Through a Lens Darkly: Black Photographers and the Emergence of a People”

El director Thomas Allen Harris sostiene una de las fotografías que muestra en el documental “Through a Lens Darkly: Black Photographers and the Emergence of a People”

El filme que abre la sección competitiva del festival es un documental de interesante contenido, pero poco novedoso en lo formal. “Through a Lens Darkly: Black Photographers and the Emergence of a People”, de Thomas Allen Harris, reivindica la figura de los fotógrafos afroamericanos como narradores también de la historia de los Estados Unidos, así como la trascendencia de los álbumes familiares de fotos para señalar el principio de su emancipación en aquel país. Curioso que durante la esclavitud los esclavos negros no pudieran mirar a los ojos a los amos y en cambio sí lo hicieran en las fotografías científicas que se tomaron como registro de sus peculiaridades físicas. Estas fotografías de hombres y mujeres desnudos mirando a la cámara constituyen uno de los momentos más reveladores de este filme de planteamiento más bien televisivo, con entrevistas a historiadores y fotógrafos que complementan la vasta e interesantísima colección de fotos que muestra y la narración del propio director.

El icono de la lucha aborigen australiana, David Gulpilil (c), se alzó con su interpretación de Charlie con el premio “Una cierta mirada” al mejor actor en el pasado festival de Cannes por “Charlie’s Country”, de Rolf de Heer.

El icono de la lucha aborigen australiana, David Gulpilil (c), se alzó con su interpretación de Charlie con el premio “Una cierta mirada” al mejor actor en el pasado festival de Cannes por “Charlie’s Country”, de Rolf de Heer.

Siguiendo con más filmes de la Sección Oficial de largometrajes, dos días más tarde, el filme candidato a los Oscar por Australia, “Charlie’s Country”, del holandés Rolf de Heer, es una bonita película de bella fotografía sobre un aborigen del norte de aquel país, vagabundo y cazador astuto, que se resiste a ser confinado en comunidades por las autoridades y seguir así el modo de vida impuesto por los colonos blancos. Cuando Charlie trata de volver a la vida en estado salvaje su salud no se lo permite y termina siendo llevado a un hospital de la ciudad, donde muchos de su misma raza viven como auténticos homeless alcoholizados. El filme está interpretado por el icono de la lucha aborigen, David Gulpilil, que se alzó con su interpretación con el premio “Una cierta mirada” al mejor actor en el pasado festival de Cannes. La excesiva pulcritud formal del filme, la simpatía que desprende el grupo de protagonistas aborígenes, contrasta con la gravedad del tema, que hubiera requerido un acercamiento menos amable y más contundente.

Panorámica de la Opera de El Cairo, en cuyo recinto se encontraba la sede del festival y se llevaban a cabo todas las proyecciones. / LUIS ROCA ARENCIBIA

La Opera de El Cairo, al fondo, desde el Creativity Cinema. En este espacio se encontraba la sede del festival y se llevaban a cabo todas las proyecciones. / LUIS ROCA ARENCIBIA

 (dentro de dos días continuará…)

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