Un paseo por el risco de San Nicolás de Las Palmas de Gran Canaria


El futuro del turismo de Las Palmas de Gran Canaria pasa por dos frentes: rehabilitar los riscos históricos y facilitar el acceso a ellos con rutas y abrir el acceso de los ciudadanos a las Montañas de La Isleta, restringido a uso militar desde 1898. De lo segundo escribí ya para El País un artículo que repliqué en este blog. De lo primero, me alegra leer esta semana que Urbanismo del ayuntamiento de la ciudad ha pedido  fondos a la Unión Europea para rehabilitar el risco de San Nicolás. Por Alicia Bermejo tuve la ocasión de conocerlo en 2013. De ahí salió este texto para Viajeros Urbanos de El País que ahora comparto completo y revisado. Casi del todo superado el sambenito de marginalidad, este riquísimo enclave es el más poblado de los cinco históricos. Barrio que también fuera de pescadores mientras existía el Muelle de San Telmo en Triana, merece que tanto nativos como viajeros y turistas lo conozcan.

La ladera sur de San Nicolás. / LUIS ROCA ARENCIBIA

La ladera sur de San Nicolás. / LUIS ROCA ARENCIBIA

Los riscos históricos de Las Palmas -San Nicolás, San José, San Roque y San Juan- no son barrios más de la ciudad. Ni San Nicolás un risco cualquiera. Fue de los primeros en habitarse, desde el siglo XVII. Y es también el más poblado, 4.200 habitantes. San Nicolás es el promontorio habitado entre los barrancos de Guiniguada y de Mata. Un escarpe de cien metros de altura que el Franquismo quiso ocultar erigiendo edificios que le enseñan el culo desde la avenida Primero de Mayo, en lo alto de Triana. Un queso gruyer de cuevas que hoy están tapadas por las casas. Una cofa ideal para otear el horizonte. Un belén todas las noches del año por el centenar de puntos naranja dispersos por la ladera que lo iluminan.

Lo más alto de San Nicolás está a tiro de taxi por menos de diez euros desde cualquier punto de la ciudad. La referencia que hay que dar es el hospital militar (o Juan Carlos I). La guagua 80 sale del teatro Pérez Galdós y también llega arriba. Allí nos esperan los miradores del Lomo de San Bernardo, sobre los barrios de Triana y Vegueta, y el de Mata, en la curva de la carretera, con bonitas vistas a San Antonio y la bahía. Ocultas tras la mole del hospital, las ruinas son del castillo de San Francisco, cuya construcción hace cuatro siglos años se aceleró después de vivir la devastadora experiencia del ataque a la ciudad del pirata Van der Does.

Rincón del risco de San Nicolás / LUIS ROCA ARENCIBIA

Rincón del risco de San Nicolás / LUIS ROCA ARENCIBIA

Paseas una mañana de domingo y las casas hacen las veces de altavoces de boleros y hits verbeneros. “Te extraño”, confiesa Armando Manzanero al piano desde detrás de una puerta abierta. Bajas por callejuelas dejándote llevar por la intuición. Gabarra, Gacela, Globo, Limonero, Lirio, Mercurio, Milagro, Mirasol, Nilo, Sirena, Teide, Tesoro, Torrente, Verona. Sorprende la maraña medieval. En el número 9 de la calle Guadiana, el Polonia era antiguo lugar de encuentro y bailes. Hoy es gimnasio de boxeo. Su cantina está abierta todos los días menos los lunes. Durante el paseo podremos avituallarnos en los seis bazares del laberinto.

San Nicolás es la patria de las escaleras. Bajando desde Guadiana por Granate llegamos a la calle más cuidada del lugar, Gregorio Gutiérrez, con sus manualidades expuestas en liñas y fachadas. Troya, Roble y Nogal son las principales subidas. Hay callejones estrechísimos, como Rueda. En otros que no tienen nombre deberás girarte para pasar.

Vista del barrio de Triana desde la calle Malta. / LUIS ROCA ARENCIBIA

Vista del barrio de Triana desde la calle Malta. / LUIS ROCA ARENCIBIA

Las Palmas es otra ciudad asomado a pendientes como las de la calle Malta. En el risco predominan las casas-cueva y de autoconstrucción, pero también las hay racionalistas y propias de barrios burgueses. También hay vestigios de los portones, el tipo de vivienda más humilde, cuartos únicos con letrinas y cocinas compartidas en exteriores.

Acabamos en Domingo Guerra del Río, la vía que lo cruza por abajo, la única con tránsito de vehículos junto a la pendiente Real del Castillo en el sur. La escandalera proviene de la otra cantina del barrio, el centro recreativo San Lázaro. Está cerca de la tienda de Paquita Lemes, que lleva ahí desde 1945. En la otra punta, unos chinos regentan el supermercado. Cerca, la pequeña ermita, de 1697, y frente a ella una casa incendiada y el colegio viejo al principio de la calle Acequia. La fuente de la plazoleta conmemora una de las viejas pilas de agua usadas antiguamente para lavar la ropa.

De un lateral de la ermita nace la calle Álamo, que bordea el risco hacia el sur. La zona del Pambaso conserva las últimas fincas de plataneras de la ciudad histórica. Enfrente, las mejores vistas de la catedral y el risco de San Juan. Oteamos con prismáticos las ventanas del viejo hospital San Martín, hoy centro cultural. Desde ahí se asomó en 1932 el pintor Jorge Oramas para crear con sus cuadros de casas de colores una de las improntas de la ciudad turística. Observando el barrio de San Nicolás, la ciudad entera se iluminó.

Vista del risco de San Juan, desde San Nicolás. / LUIS ROCA ARENCIBIA

Vista del risco de San Juan, desde San Nicolás. / LUIS ROCA ARENCIBIA

 

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8 pensamientos en “Un paseo por el risco de San Nicolás de Las Palmas de Gran Canaria

  1. Es un barrio maravilloso pero muy poco cuidado y para nada explotado como lugar pintoresco, soy nacida en ese lugar y se de lo que hablo, por motivos de trabajo vivo fuera ya hace mucho.
    He viajado bastante y me entristece que se vendan tan bien y nosotros no sepamos hacerlo con algo tan bonito como nuestros barrios , San Nicolas, San Juan, San Jose, San Roque , lugares con un encanto maravilloso.

  2. Se le olvidó de reseñar a una de las personas del barrio más conocidad de Gran canaria, y creo que más allá, por que allí estuvo jugadores entre otros, del Madrid después de un partido jugado contra las palmas, por ejemplo, y se trata nada más ni nada menos de periquito, conocido por todo el mundo como el “”estelero””el verdadero no los que le llaman a cualquiera hoy en día que sepa arreglar”” un esconchabo”” como se decía antes vulgarmente, y que tiene una calle a su nombre, antes la calle Galgo y hoy conocida como Pedro Quintana Gil.

    • Pues qué pena, me hubiera gustado nombrarlo, pero no lo conocía ni me lo nombraron en los paseos que hice. En Internet tampoco aparece nada, sino el nombre de la calle. ¿Dice que estuvo con jugadores del Real Madrid? ¿A qué se dedicaba de profesión? Gracias!

  3. Excelente crónica. Por alguna razón, este increíble barrio tan cercano y accesible es, a la vez, un entorno poco apetecible de visitar. Intuyo que el desconocimiento de su historia tiene algo que ver.

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