Especial “La hija del mestre”: Todo sobre la madre del cine canario


Pilar fundacional del cine en Canarias, el filme mudo “La hija del mestre” (1928), dirigido por Carlos Luis Monzón y producido por Francisco González González, celebró en 2018 su 90 cumpleaños con sendas proyecciones en el Teatro Pérez Galdós, el 1 de junio, y el Paraninfo de la Universidad de La Laguna, el 28 de junio.

“La hija del mestre”, primera película de tema canario de la historia, es una joya que sigue sin ocupar el lugar que merece en la historia de la cultura de Canarias. Las instituciones públicas y los historiadores han fallado estrepitosamente. Que en Las Palmas de Gran Canaria, el festival de cine haya pasado por alto la efeméride en la edición de este año es un dato significativo que también contribuye a evaluar la calidad del certamen. Que esta se haya celebrado en Gran Canaria por iniciativa de una modesta asociación cultural, Taller Lírico de Canarias (en especial Gonzalo Angulo), y en Tenerife, gracias al empuje de los responsables de la Revista Alisios (en especial, Attua Alegre), habla, otra vez, de la necesidad de considerar la pertinencia de relevar a los de la poltrona pública en la isla de Gran Canaria. En ambas celebraciones, ha participado en las proyecciones Filmoteca Canaria, depositaria de la copia del filme.

Hay que reivindicar “La hija del mestre”, una película que no está en ningún libro de texto, ni menos se proyecta con regularidad, ni tampoco en las escuelas. No la conocen ni los del gremio, que ya es sintomático del enorme fracaso que en materia audiovisual arrastran las Islas Canarias. Este texto reproduce, con actualizaciones, el publicado el día 9 de junio en el suplemento de Cultura del periódico La Provincia.

Luis Roca en las presentacion en Tenerife (i) y Gran Canaria. Debajo, fotograma de “La hija del mestres” / ATTUA ALEGRE-ADA COMUNICACION-L.R.A.

Bien, muy bien, no han valorado las instituciones públicas canarias “La hija del mestre” (Carlos Luis Monzón, 1928), segunda película isleña de la historia y primera en contar una historia canaria, es decir, un filme de largometraje en la que los personajes, trama y decorados sean canarios. En este caso, una tragedia sobre el amor imposible de Rosilla, joven del barrio de San Cristóbal de Las Palmas de Gran Canaria, y Panchito, un apuesto barbero del barrio de San José. Rosilla es hija del mestre, como se llamaba al jefe de la cuadrilla de marineros. El mestre, viudo y con Rosilla como única hija, desaprueba la relación, él tiene decidido que ha de casarse con Antoñillo, joven pescador de su cuadrilla de San Cristóbal. La película es una adaptación de la zarzuela homónima de Santiago Tejera Ossavarry, escrita en 1902, la de mayor éxito del compositor.

Especialmente grave es el olvido institucional en la isla de Gran Canaria y la ciudad donde se filmó integramente, Las Palmas de Gran Canaria. Mientras disponemos de ingente documentación sobre el padre del cine canario, el filme “El ladrón de los guantes blancos” (José González Rivero, 1926), primero canario de la historia, película rodada dos años antes en Tenerife pero con la ficción ambientada en Londres, muy poco sabemos de la madre, “La hija del mestre”, filme que con el anterior es pilar fundacional del cine de las Islas Canarias, ambos realizados en la época del cine mudo.

Para “La hija del mestre”, 90 años después, sigue pendiente una investigación como la que realizaron el catedrático de Historia del Cine en la Universidad de La Laguna, Fernando Gabriel Martín, y el crítico Benito Fernández Arozena para su libro “Ciudadano Rivero. La Rivero Film y el cine mudo en Canarias” (1997).

Artífices

Fotogramas de “La hija del mestre”. Izqda.: el muelle Santa Catalina. Dcha.: la cuadrilla de Antoñillo en un tenderete. / FILMOTECA CANARIA

Sobre la localización de la copia de “La hija del mestre” a principio de los 80 del siglo pasado, el entonces trabajador en prácticas de Filmoteca Española, Carlos Teixidor, recordaba en enero de 2017 a este mismo plumilla: “Todo salió tan bien con la recuperación de “El ladrón de los guantes blancos”, que unos años después me propuse localizar otra película: “La hija del mestre”, rodada en Gran Canaria. En este caso conté con la ayuda de Aurelio Carnero, que fue quien la encontró”.

El propio Carnero, ex responsable de Archivo e Investigación de Filmoteca Canaria, ha dejado escrito que “gracias a la aportación de 10 amigos se pudieron reunir las 100.000 pesetas necesarias para la adquisición de la copia”. Le pido que calcule la cifra a fecha actual. “Es como si hoy tuviéramos que poner unos 1.000 euros cada uno”, calcula. Era el año 1983. La primera proyección tras la recuperación fue en 1984, en el Festival Internacional de Cine Ecológico de Puerto de la Cruz. Según rememora Carnero, “solo pusimos unos fragmentos”. Los trabajos de restauración se llevaron a cabo gracias a una colaboración entre Filmoteca Española y Filmoteca Canaria. Solo en restaurarla se tardó “seis años”, asegura por teléfono desde su domicilio en Santa Cruz de Tenerife.

Pero el descubrimiento también debe atribuirse al distribuidor y operador de proyección grancanario Saulo Torón Macario. Por las proyecciones regulares que de la película se realizaban en el cine San Cristóbal en las festividades del barrio, Torón Macario buscó al Sr. Díaz, dueño del cine, a la vez cuñado de Eufemiano Fuentes Cabrera, padre del industrial –y temible falangista- asesinado en 1976. “Y allí la encontró”, según recuerda su hermana María Isabel Torón, “en una saca que el Sr. Díaz guardaba debajo del poyo de la cocina. La película era inflamable y estaba en muy mal estado, así que, con mucha precaución, mi hermano la llevó a un descampado con un ayudante y un extintor por si prendía. Así se recuperó”. El cine en las islas tienen una deuda con Saulo Torón Macario. Se siente tan maltratado en su tierra -institucionalmente y por parte de otros distribuidores- que, “desde que se jubiló, no pisa ningún cine”, dice Isabel.

Placa

Canarias, Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, tienen que todavía mucha tarea por delante para salvar la memoria de aquel rodaje, que no volvería a tener parangón en las Islas hasta 51 años más tarde, cuando el productor vasco canario afincado en la capital grancanaria, Ramón Saldías, rodó su largometraje “El camino dorado”, también con personal técnico canario, aunque un elenco mixto con intérpretes de la Península, entre ellas Terele Pávez.

Una circunstancia más hace excepcional “La hija del mestre”: se reveló y positivó en los laboratorios que la productora de Francisco González González, Gran Canaria Films, fundada en 1926, tenía en el número 50 de la calle León y Castillo. Es decir, “La hija del mestre” es la única película en soporte de celuloide de Gran Canaria que se ha realizado íntegramente en la isla, con equipo técnico y artístico local y los procesos de postproducción también en territorio insular.

Ahora que estamos en el mejor momento de oportunidad para el cine de Canarias desde el nacimiento del Cinematógrafo en 1895, haber emprendido en los años veinte una insensatez de tal calibre, iniciativa de Francisco González González, merece que el Ayuntamiento, le recuerde, a él y la película, con una placa en el lugar donde se ubicó la primera productora que fracasó en su intento de lograr una actividad cinematográfica permanente en Gran Canaria.

Un momento de la proyección de “La hija del mestre” en el Teatro Pérez Galdós, el 1 de junio / ADA COMUNICACIÓN

Superlativo

¿Qué sabemos hoy de “La hija del mestre”? Lo poco que podemos contar se lo debemos a los textos escritos por Martín Moreno, Carlos Platero y Fernando Betancor Pérez, aportaciones milagrosas en el contexto de la falta de interés por el filme de las instituciones públicas de Gran Canaria y logradas para este reportaje gracias a las gestiones de Gonzalo Angulo y Filmoteca Canaria. También se han extraído datos del libro de Filmoteca Canaria editado en 2004 “Rodajes en Canarias (1895-1950)”.

La película se estrenó un 3 de abril de 1928 en un pase privado en el mismo local que pocos días más tarde ocuparía el cine Royal, en la calle León y Castillo, muy cerca de la sede de la productora Gran Canaria Films. 45 días más tarde, el 18 de mayo de 1928, se volvió a proyectar comercialmente durante  dos días. Sabemos que la acogida por parte de la crítica local fue dispar y que gozó de un importante favor del público. Tras la exhibición en el cine Royal, viajó ese mismo año a otros cines de la capital. Con seguridad pudo verse en el popular Torrecine, el 27 de mayo de 1928, con acompañamiento musical del trío dirigido por Cristóbal del Rosario; al aire libre en una proyección en la plaza de San Cristóbal, el 23 de julio; y en el Círculo Mercantil, el 20 de agosto. “La hija del mestre” también viajó por municipios de la Isla.

Sabemos también que la película costó 30.000 pesetas (180 euros de la época) que, según los investigadores, era caro para una película, pues entonces costaban unas 10.000 pesetas (60 euros) de media. Desde el punto de vista económico, la película fue una ruina e hizo desaparecer del mapa cinematográfico a su productor, Francisco González González, quien, según Víctor Doreste en una crítica firmada en el periódico local El País el 24 de mayo de 1928, “marchó a Alemania a estudiar”.

Francisco González González es el principal artífice del filme, pues, además de productor, fue actor secundario (en el papel de Antoñillo) y montador junto con José González Rivero. Hay quien le atribuye el rol de codirector del filme con el afamado escenógrafo local Carlos Luis Monzón, aunque este extremo lo desmienten los propios títulos de crédito del filme, pues como director solo figura Monzón.

Según el historiador Fernando Gabriel Martín, el cineasta Francisco González González debe ser “familiar (¿hijo?) de Francisco González Padrón”, que en 1906 había filmado en Las Palmas de Gran Canaria las películas de vistas “La procesión del Corpus” y “Lucha canaria”. Lo que haya sido de Francisco González González es de interés superlativo para la historia del cine en Canarias.

Respecto a la quiebra de la productora, hay que recordar que también la tinerfeña “El ladrón de los guantes blancos”, de José González Rivero, fracasó estrepitosamente. Si a Francisco González Gonzalez se le ha perdido la pista en Alemania, de José González Rivero sabemos que falleció a los 47 años en confusas circunstancias en 1933 en La Laguna, de un disparo en un bar en La Laguna un Domingo de Piñata. Los historiadores no han podido determinar si el tiro fue accidental o intencionado.

Izqda.: Carlos Luis Monzón, a la izquierda en primer término, a las puertas del Teatro Pérez Galdós, años 30, acompañado de políticos y gente de la cultura. Dcha.: Francisco González González (d) y José González Rivero (c) durante el rodaje de “La hija del mestre” / MARÍA ISABEL TORÓN – OAC

Rivero

“La hija del mestre” se rodó los domingos y algún festivo entre el 26 de junio y diciembre de 1927. Así fue porque para firmarla contaron como operador con el cubano lagunero José González Rivero, que se desplazaba expresamente los sábados desde Tenerife y regresaba el lunes. Era la única persona del equipo que cobraba por su trabajo.

La aportación de Rivero en la película se me antoja fundamental, a pesar de que en la crítica firmada por Víctor Doreste en El País en 1928 se dice que la fotografía perjudica la calidad de la película. El crítico critica equivocadamente. La mano del mejor operador de cine que entonces había en Canarias, José González Rivero, se aprecia tanto en la calidad técnica de la imagen obtenida (balance lumínico, encuadres, movimientos de cámara) como por el uso de los teñidos de la imagen en colores monocromo, amarillo, azul y rojo, según el tipo de escena, algo que ya había experimentado -con mejores resultados, eso sí- en “El ladrón de los guantes blancos” y que era común en un cierto tipo de cine mudo.

Como se ha dicho, “La hija del mestre” fue dirigida por el escenógrafo Carlos Luis Monzón. El encargo le llegó tras declinar la propuesta el pintor Néstor Martín-Fernández de la Torre, que, según los créditos de la película, se responsabilizó de los decorados. De los actores, el Mestre era Antonio Pulido; Rosilla, María Luisa Padrón; Panchito el barbero, Francisco Quintero; Antoñillo, Francisco González; y María Teresa Fanjul, la Chacarona, la vieja metomentodo que avisa al mestre de los diálogos furtivos del barbero con su hija.

La interpretación de todos los protagonistas, intérpretes del teatro y la lírica locales, adolece de un exagerada gestualización, defecto que es común a buena parte de las películas mudas y que el cine fue corrigiendo con el paso de los años hasta alcanzar plenamente eso que el teórico frances Noël Burch denominó el “secreto de la simulación de la vida”.

El reportaje sobre “La hija del mestre”, tal y como fue pulbicado en La Provincia el 9 de junio de 2018. / OAC

Veinteañeros

En la tradición del mejor cine español que aún estaba por venir, del elenco de “La hija del mestre” sí destacan los actores y actrices secundarios, en particular la pareja de vecinas cotillas, Juana y Rita, interpretadas, respectivamente, por Dolores Tejera Quesada, una de las hijas de Santiago Tejera Ossavarry, y Ana Díez de la Lastra Luisa Landa. También, el personaje del viejo fiestero Cho Canuto, interpretado por José Rodríguez Iglesias, que de tan veraz parece un personaje de documental.

También participaron una nieta del autor de la zarzuela, María Paz Sáenz de Tejera, en el rol de Mariquita; y Esperanza Vernetta, que aparece en un plano, haciendo el papel de María del Rosario, mujer del mestre, cuando éste, en un flashback, la recordaba en su infortunio. Otros artistas eran José Castellano, Ramón Díaz, Juan Ramos, Julio González, José González, Domingo Madera y Pedro Fuentes Díaz.

José Castellano, en el papel de Rascacio, es quien años después fuera conocido como el intérprete del famoso personaje de Pancho Guerra, Pepe Monagas. Hay que destacar que casi todo el elenco lo integraban jóvenes en la veintena, como Antonio Pulido, que a pesar de interpretar al mestre, un hombre en los cincuenta, contaba con 29 años durante la filmación. Lo mismo ocurre con la vieja Chacarona, para lo que se caracterizó de anciana a la joven María Teresa Fanjul.

Como anécdota de rodaje del filme ha quedado el momento en que la protagonista debía llorar y no lo conseguía. El director tiró de un remedio viejo casero: cortó una cebolla delante de sus ojos. También se sabe que la expectación del rodaje era tal que el público llegó a impedir en ocasiones la filmación. Por otro lado, la puerta por donde sale la vieja Chacarona para espiar a los novios y desencadenar así la tragedia se corresponde hoy con la casa color mostaza del número 13 del paseo marino de San Cristóbal (calle La Marina).

Toda la acción principal de esta tragedia costumbrista donde destacan unos bellos intertítulos realizados por el propio Carlos Luis Monzón, plagados de canarismos que hoy siguen haciendo reír al público, se rodó en el barrio marinero de San Cristóbal, en el extremo sur de la ciudad de Las Palmas, el único núcleo poblado de la capital en el margen derecho de la autovía marítima. La excepción fueron unos interiores rodados -con un único foco- en el mismo sótano del número 50 de la calle León y Castillo donde la oficina tenía el laboratorio.

Mención especial merece el arranque de la película, un tránsito a modo documental desde el puerto de La Luz hasta el barrio de San Cristóbal, que permite al espectador ubicarse en la historia. La panorámica de Ciudad Jardín con el puerto de la Luz al fondo, el gentío en el parque San Telmo, el plano general de la calle Triana con el tranvía y la imagen del barrio de San Cristóbal en la lejanía detrás de solares con vacas y fincas de plataneras, son planos que estremecen al espectador actual por su enorme calidad documental.

El Puerto de La Luz, en una imagen de “La hija del mestre” / OAC

Buñuel

Por el deterioro de la copia y la pérdida de algunos fragmentos, “La hija del mestre” cuenta con un precipitado final que desconcierta al espectador. Una vez que el mestre ha estampado en la cabeza de Panchito el remazo que acaba con la vida del barbero, Rosilla parece no reaccionar en su estado de angustia. Finalmente yace en el suelo con su amante. “Murió de pena”, acertó a decir con ojo clínico una joven biznieta de Antonio Pulido, el actor protagonista, a la salida de la proyección.

Gracias al empuje que supone contar con uno de los incentivos fiscales al cine mayores del planeta, Canarias vive su mayor momento de oportunidad para desarrollar, por fin, una industria audiovisual propia. Ese era el mismo sueño de los pioneros del cine canario. Luis Buñuel ya dijo en una entrevista que le hizo Salvador Dalí en 1929: “Cuando en Europa exista una industria de cine surgirá mecánicamente el verdadero cine.” El más importante director de cine español de la historia quería decir que solo haciendo un cine profesionalizado de forma permanente emergerán obras verdaderamente trascendentes. Es una quimera pretender crear un arte cinematográfico sin una industria estable detrás, no digamos en lugares periféricos como Canarias. ¡Vivan los cineastas canarios pioneros –José González Rivero, Francisco González González- que entendieron desde el primer momento que fomentar una industria cinematográfica es el único camino para poder materializar un cine en las Islas con dignidad!

Lejanía

La iniciativa de organizar el evento del 1 de junio en el Teatro Pérez Galdós fue de la Asociación Cultural Taller Lírico de Canarias. Contó con la participación de Filmoteca Canaria, depositaria de la copia del filme. La proyección fue acompañada al piano por una interpretación a cargo del músico y crítico de cine grancanario Jonay Armas, una propuesta que partió de Alisios, revista del audiovisual canario que estos meses presenta su primer número en soporte de papel. Precisamente esta publicación dirigida por Attua Alegre organizó en Tenerife, con Filmoteca Canaria y el Aula de Cine de la Universidad de La Laguna (ULL), un acto en Tenerife similar al de Gran Canaria, también con Jonay Armas al piano, el 28 de junio en el Paraninfo de la ULL.

Retrato de Jonay Armas (d). Izqda.: El músico y crítico de cine canario, al piano durante la proyección en el Teatro Pérez Galdós.

Jonay Armas (Las Palmas de Gran Canaria, 1981) considera que enfrentarse a la musicalización de “La hija del mestre” “era un reto por múltiples razones, el primero por la dimensión física, debido a las necesidades narrativas de una película que dura una hora y veinticinco minutos y que, además, va creciendo en intensidad dramática. Supone un esfuerzo técnico de duración inusual. El otro gran reto era emocional: la obra no es tan agotadora por lo físico como por lo que uno pone de sí mismo en ella, su propia experiencia, su propia y particular emoción”.

Profesor en la Escuela de Cine y Audiovisuales de la Comunidad de Madrid (Ecam) y en Escuela Lens de la asignatura “La música como elemento narrativo en el audiovisual del presente”, Armas explica que encaró la composición “desde una mirada distanciada, pues la película tiene 90 años. Me parecía importante dejar claro que la nueva composición musical parte desde esa lejanía, desde una mirada presente que se asombra con los lugares que aparecen en las imágenes, profundamente transformados por el paso del tiempo. Por tanto”, continúa, “quise escribir una música para piano como una banda sonora contemporánea que generase un sutil choque de estilos, de miradas, al confrontar dos épocas diferentes”.

Guiniguada

“Nui” es el primer álbum de piano en solitario de Jonay Armas. “Narra historias personales a través del instrumento, sin necesidad de la palabra”, explica. En la banda sonora compuesta para “La hija del mestre” todos los temas son composiciones originales entrelazadas con música perteneciente al folclore y la cultura de Canarias. “Sentía que debía implicarme desde el punto de vista estético, así que se trata de una música que emana del mismo estilo compositivo de mi proyecto como pianista en solitario. Gracias a que los personajes tocan música y cantan continuamente durante la película, pude introducir esas piezas tradicionales, lo que permitía establecer un interesante diálogo entre estas y los temas originales. En el caso del personaje del mestre, transformé un tema tradicional para convertirlo en una especie de llamada al villano de la película, aunque siempre con ese tema tradicional de fondo, lo que invita a pensar en un origen lleno de buenas intenciones, que ha ido transformándose con el paso del tiempo”.

Además de estas composiciones ligadas a los personajes, Jonay Armas también elaboró otras asociadas con las fiestas que se celebran durante la película. “También me parecía importante dejar ciertos espacios libres de música entre escenas, huecos donde modular desde un tema musical al otro y, también, que existiera un pequeño espacio para la improvisación durante la interpretación en directo. Eso hará que cada una de estas proyecciones del 90 aniversario cuente, en cierto modo, con una interpretación única”, concluye el también crítico en la revista Caimán, Cuadernos de Cine y colaborador en la Revista Magnolia.

La actuación de Jonay Armas fue alabada por el público que acudió a la proyección, en su mayoría cineastas y descendientes de los actores del filme. Con algo más de tiempo para la promoción, el Teatro Pérez Galdós hubiera registrado más de la media entrada que acudió al recinto de la desembocadura del barranco de Guiniguada.

Sueño-pesadilla

Antes del pase de “La hija del mestre” hubo una presentación del filme a cargo de quien firma este texto y, tras ella, la proyección de un cortometraje de 12 minutos de la grancanaria Macu Machín (Las Palmas de Gran Canaria, 1975), realizado casi todo con material de la película original. “Quemar las naves” es su noveno corto, un encargo que recibió de Gonzalo Angulo, presidente de la asociación Taller Lírico de Canarias.

“Algunos de los primeros planos de “La hija del mestre” se me quedaron grabados desde el primer visionado, reminiscencias de Dreyer y un Murnau más castizo”, explica Machín, licenciada en Comunicación Audiovisual en Sevilla y con experiencias formativas en Madrid, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (Cuba) y Buenos Aires. “También me interesaba trabajar con las imágenes más gastadas por el tiempo”, añade, “así que tenía unos rostros muy poderosos que intentaban resistir a la obsolescencia de los materiales y al propio olvido de los espectadores contemporáneos. Ese fue mi punto de partida”.

Machín grabó otras imágenes con los que comienza y termina su película. “Por un lado, las nubes desde el cielo, un plano detalle de la espuma del mar y otros planos de la partitura original de la zarzuela. De alguna manera quería mostrar a los personajes atrapados en un guión que les precede, entre páginas manchadas y tachadas por su creador”.

Fotograma de “La hija del mestre” reutilizado por Macu Machín en “Quemar las naves”. / OAC

[/caption]En el cortometraje de Machín, las imágenes se yuxtaponen de forma aparentemente arbitraria e inconexa. El plano ampliado de un aparente ahogado, apenas perceptible en el filme original, adquiere aquí una fuerza perturbadora. “Decidí contarlo de una manera no lineal, más impresionista, como en un sueño-pesadilla que se repite hasta el infinito. Esa idea conecta también con el texto del epílogo, donde quería abrir la puerta al mundo de lo real, como si ficción y realidad fuesen un continuo. De la zarzuela también decidí utilizar una pequeña pieza musical como leitmotiv, la “Isa barquera”, cuya interpretación libre pedí a Milagrosa Jiménez, una amiga pianista. Quería conectar musicalmente la zarzuela y la película, que es lo único que, a mi parecer, le faltaba a la película muda, tan fiel al libreto de la zarzuela”.

Huir

Sobre “Quemar las naves”, Macu Machín concluye que “es un ejercicio de apropiación de imágenes sobre rostros y gestos que previamente fueron observados desde ese espacio patriarcal que construye y modela nuestro mundo con hilos invisibles. Como en “El gran teatro del mundo” de Calderón de la Barca, todos estamos interpretando un papel en este espacio y nadie es libre de su personaje”. Sobre “La hija del mestre”, la cineasta opina que “está llena de detalles de una época de un valor incalculable. Es absolutamente necesario reivindicar los orígenes del cine en Canarias, los méritos de las primeras películas realizadas en las Islas”.

Macu Machín y el logotipo de la productora Gran Canarias Films. / PATRICIA GONZÁLEZ-CÁMPORA-OAC

La pieza de Macu Machín enfatiza todos los quebrantos de la trágica historia original, descontextualizándolos. La predominante costumbrista del filme original se transforma aquí en puro cine expresionista, del que el filme original también bebe, tanto en las caracterizaciones de los personajes por su exagerado maquillaje como en las más atrevidas iluminaciones. En el corto de Machín, todo es desasosegante conflicto, deseo no consumado. Planos que en la película forman parte de la justificación de la escena se transforman aquí en imágenes simbólicas de potente carga icónica, como si la directora extrajera el tuétano de los huesos del drama.

Finalmente, tal y como la directora adelantó unos párrafos atrás, el juego entre la ficción y la realidad que introduce en el rótulo con que termina su cortometraje, añade aún más desconcierto y desasosiego. Inspirándose libremente en la rumorología local, Machín asegura en ese texto que la actriz protagonista, María Luisa Padrón, debió huir años mas tarde de Gran Canaria por un grave episodio de celos siguiendo la estela de su personaje. Fuentes anónimas cercanas a la actriz la recuerdan como una mujer “muy atractiva, …… coqueta…. Todo lo que no se era entonces”. Si la directora se propuso interpretar desde una mirada contemporánea la película nonagenaria, puede decirse que su inspirada relectura, lo mismo que la de Jonay Armas con su banda sonora, hacen más grande la película, más necesario salvar su memoria. Necesitamos, de una vez, conocerlo todo sobre nuestra hija del mestre, pues esta joya, rodada durante los seis últimos meses de 1927 por unos apasionados cineastas canarios de los que poco más se supo, también es la madre cinematográfica del cine de las Islas Canarias.

María Luisa Padrón interpretó al primer personaje femenino canario de la historia del cine, Rosilla. La imagen es de la proyección en el Teatro Pérez Galdós, el 1 de junio de 2018. / LUIS ROCA ARENCIBIA – ADA COMUNICACIÓN

3 pensamientos en “Especial “La hija del mestre”: Todo sobre la madre del cine canario

  1. He visto sus reportajes en La Provincia sobre la estancia de Houston y Gregory Peck en Las Palmas por el rodaje de Moby Dick. Si fuera de su interés le facilitaría 2 autógrafos de ambos obtenidos en esas fechas

  2. Me gusta todo el artículo. Y conozco por él el trabajo de Macu Machín que no pude ver en su presentación. ¡Adelante con el cine en Canarias!

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