Leopoldo María Panero después de tantos desencantos


Con motivo de la muerte de Leopoldo María Panero el pasado 6 de marzo, publiqué el día 9 en La Provincia este texto sobre él tras el visionado de las dos películas más importantes que lo retrataron. Tirando de archivo recuperé además lo que había escrito en 2003 en la biografía del productor Andrés Santana, “El vuelo de la cometa.” El post, dos semanas después, incluye todo el juego de fotos que presenté al periódico para su edición.

Dossier Personalizado

Con el título “Desencanto y autodestrucción” fue publicado el reportaje en La Provincia el pasado 9 de marzo de 2014.

“Leopoldo es el alma de la película, una de las mentes más lúcidas que he conocido, todo lo que dice y hace cobra inmediatamente un sentido distinto.” Las palabras son del director Jaime Chávarri sobre su celebrado documental “El desencanto” (1976). “Sin él seguramente no habría película.”
El filme que narra la descomposición de una familia de la alta burguesía española afín al régimen de Franco fue producido por Elías Quejereta. Dieciocho años más tarde un productor canario en plena curva ascendente, Andrés Santana, tomó el testigo para rodar la continuación con su amigo Ricardo Franco. “Después de tantos años” se titulaba el filme. Fue presentado en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián el mismo año que la película más premiada de Santana, “Días contados”, que ganaría la Concha de Oro aquel año.

“El desencanto” y “Después de tantos años” son películas de revisión obligada para conocer la figura del poeta fallecido.

Santana me contó detalles de aquel trabajo para su biografía “El vuelo de la cometa”. Se desarrollan en el capítulo quinto, que titulé “Nacer, crecer y morir” por el filme de Franco. También el poeta fallecido en Las Palmas de Gran Canaria el 6 de marzo pasado fue decisivo para emprender esta aventura. En aquellas páginas, Santana recuerda los viajes de ida y vuelta al manicomio de Mondragón en que Leopoldo María Panero estaba internado tras asegurarse de que ni Querejeta ni Chávarri tenían inconveniente. Santana conocía a Franco desde que fuera director de producción en “El sueño de Tánger” (1986). Habían intentado infructuosamente levantar otros proyectos con él, entre ellos la adaptación al cine de “El invierno en Lisboa”, de Antonio Muñoz Molina.

Una cosa fue decidir producirla tras visitar a Leopoldo María Panero en Mondragón y otra muy distinta terminarla. Santana recuerda como Ricardo Franco estuvo a punto de tirar la toalla durante el montaje. Le había ocurrido algo que no supo prever: las dos décadas pasadas desde “El desencanto” habían provocado el derrumbe de toda la fuerza que exhibían los Panero en el filme de Chávarri. “Te das de frente con una certeza: ya no tienes la película que pensabas, sino una que habla de cosas tan terribles como la autodestrucción del ser humano. Te encuentras con unos personajes que cuentan cosas muy duras, pero también necesarias, porque son de alguna manera ejemplo vivo de hasta donde llegamos los seres humanos. Porque los de esta película no son los Panero; son también los Franco, los Uribe, los Santana… “Después de tantos años” es el retrato de una generación convencida de que iba a cambiar el mundo. Y el mundo cambió, pero no en la dirección que nosotros pensamos.” Preguntado sobre sus sentimientos actuales hacia la película (estos encuentros se produjeron en 2002) el productor de Las Lagunetas concluyó: “La película te demuestra que la vida se resume en nacer, crecer y morir. Le tengo un cariño muy especial. La veo cada cierto tiempo y la siento como si fuera parte del interior más profundo de mí mismo.”

“En la infancia vivimos, después sobrevivimos”, dijo Panero en “El desencanto”

Como ocurre con frecuencia, se producen llamativas correspondencias entre los filmes de Chávarri y Franco. La primera es que por primera vez se dibuja de forma nítida la línea que conduce de Elías Querejeta a Andrés Santana. El productor de Hernani es una de las mayores influencias del de San Mateo. Que Santana se decida a rodar la continuación de un filme de Querejeta no es casual y Ricardo Franco ya estaba con Chávarri entre el grupo de cineastas de rodeaban al productor vasco en los tiempos en que se rodó “El desencanto”. Otra correspondencia es la participación en la fotografía de “El desencanto” del fotógrafo vasco Juan Antonio Ruíz Anchía, que firma el trabajo junto a Teo Escamilla. Ruíz Anchía, instalado en Hollywood desde los ochenta del siglo pasado, regresó a España para realizar la fotografía de la película de Santana “Mararía” (1997) dirigida por Antonio José Betancor. Ese trabajo le valió al vasco el único Premio Goya que obtuvo el filme, el único también de un largometraje canario en la historia de estos premios.  Finalmente, el montaje de “El desencanto” lo firma José Salcedo (es su primera película), y Salcedo se convertiría con los años en el montador principal de los trabajos del canario. Precisamente en los testimonios de “El vuelo de la cometa”, escribe sobre Santana con una clara referencia a Querejet. Dice que admira al canario porque “me hizo recuperar al productor que pensé que había desaparecido.”

“Quiero vivir a pesar de todo”

En “El desencanto”, Michi Panero, diletante ya a sus 23 años, se pregunta qué sería de la película si su hermano Leopoldo, de 26, apareciera en el filme (el poeta aún no se había decidido a participar). El celoso Juan Luis, 32 años, apostilla sobre su hermano esquizofrénico: “a efectos cinematográficos lo primero que habría sería una imposibilidad de diálogo.” El filme de Jaime Chávarri  es el testimonio de una catarsis familiar que pasados 40 años mantiene el vigor en forma y contenido. Como tema, es el retrato de un cierto tipo de familia bien del franquismo malavenida en un país al que la democracia le acaba de quitar el cerrojo. Si Juan Luis representa la continuidad del hijo mayor que no sabe escapar de la sombra del padre, poeta y preboste franquista, y Michi el joven de la nueva España que ni siquiera lo recuerda, Leopoldo refleja la consecuencia mas cuerda posible de un país embrutecido por la victoria en 1939 de los sublevados. Como el propio poeta afirma en un momento del filme, “hay que desmantelar esa leyenda épica de la familia Panero.” ¡Cómo es esa voz de Leopoldo María a los veintitantos! La misma voz nasal y arrastrada de pijo madrileño del barrio de Salamanca, como de ministro Gallardón de regreso de una juerga a las ocho de la mañana. En cuanto a la forma, como el propio Chávarri advierte, “El desencanto” es un documental rodado como si fuera un melodrama. Los modernos dirían hoy que es una película de “no ficción.” Hay trazos de “La caza” (1965) de Carlos Saura en el filme. El sello Querejeta es inconfundible.

Si en “El desencanto” la inauguración de una escultura en Astorga en 1974 encendía el motor del relato, en “Después de tantos años” lo hace la muerte de la madre, Felicidad Blanc, en 1990. Felicidad internó a Leopoldo María en los primeros sanatorios a los 19 años para “sacarlo de la grifa que se empezaba a fumar entonces en España”. “Mi madre fue la causa de mi desastre,” dice el poeta que recitaba versos en casa desde los tres años y medio. “Esos primeros poemas eran lo mejor que he escrito nunca, anticipaban toda mi escritura poética posterior. En la infancia vivimos, después sobrevivimos.” En “Después de tantos años”, Michi desvela que en el velatorio de su madre intentó resucitarla besando el cadáver en la boca. Ya en el filme de Chávarri le dice a su madre que lo que más desea es acostarse con ella.

“Después de tantos años”, como dice su productor Andrés Santana, es la historia de una autodestrucción. Una ruina, un tsunami, un derrumbe.”

“Después de tantos años”, como bien dice su productor Andrés Santana, es la historia de una autodestrucción. Una ruina, un tsunami. “Toda vida es un proceso de derrumbe”, había dicho Juan Luis Panero en “El desencanto” citando a Scott Fitzgerald. La película es tan deudora de su antecedente que para hacerse comprender incluye fragmentos de la de Chávarri. También, imágenes de la casa familiar de Astorga hecha añicos veinte años después del filme primigenio. Llamativo que otros veinte años después del filme de Ricardo Franco muriera Leopoldo María Panero en Las Palmas de Gran Canaria.

El hilo conductor de “Después de tantos años” es el hermano Michi, que arrastra cuerpo y voz durante todo el metraje haciendo buena su fama de noctívago de salud precaria. En la película apenas superaba los 40 años. Ha envejecido prematuramente. Murió de cáncer en 2004 a los 52. Leopoldo María Panero aparece tarde en el filme, como ocurre en “El desencanto”. Es como la estrella que se espera en la película. En la película de bella fotografía de Gonzalo F. Berridi, el poeta anuncia que lleva seis años en el manicomio de Mondragón, “donde peor me han tratado”. Ya ha superado los 45 años y tiene el similar aspecto físico del que murió en Las Palmas. Lejos ha quedado el pelo largo, no hay rastro de juventud en la cara.

“Después de tantos años” dibuja de forma nítida la línea que conduce de Elías Querejeta a Andrés Santana por primera vez.”

La imagen de Leopoldo tras los cristales del manicomio que aparece en la película, mirando sin pestañear a la cámara y con la boca abierta, es lo que decidió a Andrés Santana a hacerla. En “Después de tantos años” el poeta regala más perlas que en “El desencanto”: “Estoy vivo en Mondragón porque todos son maricones y me adoran.” “Cuando no te dejan vivir, matar es un acto en defensa propia.” “Pero a pesar de todo quiero vivir,” concluye. La cercanía de la cámara con el poeta maldito, violento y loco en el filme es tal que hace imprescindible su revisión para quien quiera saber de él.

El hermano menor desvela también el origen familiar de su locura, una tía por parte de madre que también pasó por manicomios desde muy joven. Ricardo Franco utiliza el espejo de Frankenstein de la película clásica de James Whale  de 1931 para retratarlo. Poeta y monstruo heroico se deben más cercanía que su llamativo parecido físico. “Después de tantos años” finaliza con el reencuentro feliz de los hermanos Michi y Leopoldo en el cementerio donde yace Felicidad Blanc y sus paseos juntos por la casa astorgana. Obtuvo el Premios Especial del Ministerio de Cultura y fue distribuida con cariño, como recuerda Santana, por Enrique González Macho a través de Alta Films, la que fuera principal distribuidora de cine independiente de España, desde 2013 también en estado de colapso. Aunque ese es otro derrumbe…

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