Sergio Hernández, director de arte: “Quiero volver a hacer cine en Canarias”


El viernes 21 de agosto publiqué en en periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria este reportaje con entrevista sobre el director de arte Sergio Hernández, quien desde que rodará su cortometraje “Calvario, tocata y fuga de un ataúd” (1988) dejó Canarias para seguir su vida profesional en Madrid y Buenos Aires. Sergio Hernández, que desde entonces ha trabajado en cerca de cuarenta películas y programas para televisión, planea volver a Canarias después de 25 años ahora que las islas se han convertido en foco de rodajes. El texto que precede a la entrevista es una remembranza de los tiempos en que conocí personalmente a Sergio hace 27 años.

Sergio Hernández, en el Teatro Romano de Málaga / LUIS ROCA ARENCIBIA

Sergio Hernández, en el Teatro Romano de Málaga, en abril pasado.  / LUIS ROCA ARENCIBIA

El encuentro fue por Facebook. A través de una cuenta desconocida, recibí en marzo pasado una serie de misteriosos mensajes de un remitente que se resistía a identificarse. Me dio pistas suficientes para saber que se trataba de alguien con quien había compartido mis primeros pinitos en el cine, allá en los ochenta del siglo pasado. Me puso a prueba. ¿Quién soy? Inmediatamente pensé en él, aunque dudé porque otro cineasta de entonces, José Hernéndez Moralejo, también lleva décadas desaparecido.

El ‘boom’ de rodajes del cine en las Islas ha atraído la atención de Sergio Hernández. Quiere volver ahora que se dan una condiciones para un desarrollo real del sector más allá de la precariedad que lo ha caracterizado en los primeros 110 años de vida por su subordinación a unas administraciones públicas que no han estado a la altura. Ojalá sus expectativas no mueran en campo baldío.

En aquellos años, Sergio Hernández (Las Palmas de Gran Canaria, 1963) llamaba mucho la atención. Sin cumplir aún los 25 años, impartía con desparpajo los talleres de Iniciación al Cine en el demolido Centro Insular de Cultura  (CIC) de la calle Pérez Galdós, donde el Cabildo desplegaba toda su actividad cultural. Hoy solo queda la vieja iglesia reconvertida en Sala Insular de Teatro. El CIC tenía a su favor la energía desbordante de los que se sentían los primeros de una nueva era. Así era. También toda su ingenuidad. Félix Sabroso y Dunia Ayaso –fallecida en 2014-, David Delgado, Lourdes Rojas, Saro Domínguez, Fulgen Saturno, yo mismo, somos algunos de los que, desde la producción, docencia o escritura, seguimos en la profesión. Y Sergio Hernández.

Entre las iniciativas del área de cine, coordinada por María Dolores Marrero, estuvo la producción de cortometrajes con la colaboración de Televisión Española en Canarias y cineastas españoles que asesoraban en las tareas de guión y dirección. Manuel Matji, Jaime Chávarri, Lola Salvador y Pilar Miró entre ellos. Sergio Hernández inauguró con “Calvario, tocata y fuga de un ataúd” las producciones. Fue mi primera experiencia en un rodaje de cine, con 18 años.

Un momento de "Calvario, tocata y fuga de un ataúd" / GCED-OAC

Un momento de “Calvario, tocata y fuga de un ataúd”. / GCED-OAC

El corto narra las vicisitudes de un ataúd en su camino desde el velatorio hasta el cementerio, donde no llegará nunca. El guión es una sucesión de situaciones esperpénticas relacionadas, primero, con el aspecto de los acompañantes del féretro y, en segundo lugar, con las dificultades de la caja para llegar a su destino. Los aciertos de Sergio Hernández con su trabajo fueron dos: filmarlo en blanco y negro y elegir zonas marginales de la ciudad para ambientarlo. El blanco y negro le da un tono universal al tiempo que casa con el humor negro de la historia, acercándolo a películas españolas de Luis García Berlanga de los 50 y 60 que tanto admiraba su director. Ubicar la casa del difunto en el barrio de San Francisco y hacer bajar a la comitiva por los riscos históricos le aporta potencia visual y profundidad.

En el yermo solar del cine insular solo había podido asomar la cabeza la figura del vasco afincado en la Isla Ramón Saldías, con enormes sacrificios y obstáculos. Sus películas, las primeras profesionales de la historia de Canarias de los sesenta en adelante, también habían mostrado una realidad ajena a la de Canarias como destino turístico. Lo mismo que hace Hernández con su elección de los riscos para situar a sus personajes. Igual que, una década después, Wansy Navarro con sus truculentos cortos de cine ‘gore’.

“Calvario, tocata y fuga de un ataúd” gustó y sirvió para impulsar nuevos rodajes en años sucesivos. Recuerdo ver a Sergio Hernández con su inseparable gorra con orejeras estilo Goofy enfrentarse a las dificultades con sentido común, resignación y, siempre, con un peculiar humor, irónico y mordaz. Así sigue. En el pasado festival de cine de Málaga pudimos vernos. Esta entrevista ya estaba hecha, pero el encuentro sirvió, además de para sacar las fotos del cineasta que ilustran este texto, para volver a entender algo que solo certificas cuando has vivido los años suficientes: que la gente es igual con doce, veinticinco o cincuenta años. Pasan los años, el cascarón cede, pero la persona insiste en imponerse. En el pasaje Noguera del casco viejo donde nos encontramos y almorzamos hablé con el mismo Sergio Hernández que había dejado de tratar hacía 25 años. Ojalá este texto sirva para devolverlo al cine de Canarias.

Hernández, delante del Cine Albéniz de Málaga / L.R.A.

Hernández, delante del Cine Albéniz de Málaga / LUIS ROCA ARENCIBIA

El cine regó sus venas desde muy pequeño. “Mi padre me dice que la primera palabra que dije fue “Hollywood”. Iba con ellos a ver películas, sentado en el respaldo de la butaca de lo chico que era, dibujaba lo que veía, me fascinaba”. Hoy es director de arte. Desde 2013 vive en Málaga, pero es de Las Palmas de Gran Canaria, de la calle Alceste en el barrio de Schamann, junto al polideportivo García San Román, muy cerca del viejo Sol Cinema.  “En la iglesia de los Dolores de Schamann me bautizaron”. Antes residió en Madrid (13 años) y Buenos Aires (11 años). En septiembre volverá a la capital argentina durante dos meses para rodar “La letra de la ley”, comedia negra dirigida por Fernando Miras y protagonizada por Paola Barrientos, María Onetto, Carlos Belloso y Darío Grandinetti. “Está basada en un caso real muy comentado allá, un pobre diablo trabaja de barrendero en un pueblo, su compañero en una noche de borrachera lo viola, pero a nadie le importa el caso, todos, policías, juez, abogados, familiares, buscan sacar provecho de la circunstancia”.

Alexandre Trauner es su gran referente en el mundo de la escenografía de cine. “Un ejemplo es cómo resolvió la enorme oficina de “El apartamento” (Billy Wilder, 1960). Les fue imposible encontrar un espacio de las dimensiones que buscaban. Creó una falsa sensación de fuga con despachos reales primero, después otros a escala reducida y los últimos con maquetas y muñecos moviéndose”. El sueño de Sergio Hernández es trabajar para una ópera, por la “abstracción que se hace de la escenografía en estos espectáculos, aunque igual termino haciendo la Gala Drag de Las Palmas, cosa que tampoco rechazaría. Otro es poder montar una escuela de profesionales de la escenografía como los de antes. Hay mucho intrusismo en este oficio, sobre todo desde disciplinas como la arquitectura o la decoración de interiores. Y tener buen gusto no te convierte en director de arte”.

En el último lustro de los 80 del siglo pasado Sergio Hernández formó parte del área de Cine del Cabildo de Gran Canaria, lugar de encuentro de todos los que entonces se sentían atraídos por el séptimo arte en la Isla. En 1988 dirigió el cortometraje “Calvario, tocata y fuga de un ataúd” en el marco de los talleres del desaparecido Centro Insular de Cultura.

¿Con qué te quedas de aquellos años de sus inicios en el cine en Las Palmas?

Para mí fue la verdadera-movida-cinematográfica-de-los-ochenta-en-Las-Palmas. Mucha ilusión, pocos medios. Aprendiendo y pariendo engendros uno detrás del otro. Fue genial. La impresión que tengo desde fuera es que ahora está todo en Tenerife. Conservo recuerdos vivos de Cristóbal, Loli, Octavio, Manolo, Boro, tú mismo.

Flyer promocional de "Calvario, tocata y fuga de un ataúd", editado por el Cabildo de Gran Canaria / GCED-OAC

Flyer promocional de “Calvario, tocata y fuga de un ataúd”, editado por el Cabildo de Gran Canaria / GCED-OAC

¿Qué recuerdos guardas de “Calvario, tocata y fuga de un ataúd”?

La montadora, Rosa Salgado, me dijo en su momento que había un plano que sobrada si no se justificaba, el de la comitiva pisando la mierda de perro cuando van con el ataúd por una calle. Tenía razón. Dirigir es muy difícil. A mí me influenció mucho Luis García Berlanga, y esos barrios con tantas cuestas eran muy fotogénicos. Recuerdo también que el director de fotografía se mató en una moto por Telde poco antes de empezar. Como asistente mío de dirección iba a venir uno de los hijos de Berlanga, pero por un cólico nefrítico tampoco pudo venir. Se empezó a decir que la película estaba gafada. En el periódico La Provincia, anunciando el corto, se equivocaron y, en vez de cuatro millones de pesetas, dijeron que costaba cuatrocientos millones. Entonces no había dinero para acabar de construir el hospital militar que está encima del risco de San Nicolás y la gente se me echó encima. Pero se logró con la buena onda y el entusiasmo de todos.  En el laboratorio Riera de la calle General Pardiñas de Madrid donde se reveló la película hacía años que no trabajaban el blanco y negro. Por esa falta de experiencia tuvieron un fallo y quedaron como unas marcas de agua de la película que, sin embargo, le fueron muy bien al corto, le da mayor aspecto de neorrealismo italiano. Me haría mucha ilusión volver a proyectarlo convocando a toda la gente que participó. ¿Creo que el Centro Insular de Cultura lo tiraron abajo, no?

Ahora es una cochera, un aparcamiento.

¡Un aparcamiento…! ¿Y qué pasó con todo el material de proyectores y focos que había?

Creo que lo llevaron a Gran Canaria Espacio Digital. Está en la calle Cádiz de Schamann, muy cerca de donde tú te bautizaste. ¿Qué hiciste una vez terminado el rodaje en verano de 1988?

Me fui a Madrid para el montaje. En mi primera etapa estuve en el departamento de efectos especiales. Ese año trabajé en la película “La grieta” (1990), de Juan Piquer Simón, producida por José Escrivá y Francesca DeLaurentiis. Nada más terminarla, me incorporé a “La historia interminable 2” (George Miller, 1990), rodada en los estudios alemanes Bavaria Films. A Canarias estuve volviendo de forma esporádica hasta mitad de los noventa. Primero  para el cortometraje de Javier Croissier producido por el Cabildo “El hijo muerto” (1991), más adelante para la película de “Fotos” (1996), de Elio Quiroga, que fue mi primera película como director de arte, y, finalmente, para “El sireno”, un corto que nunca se estrenó. Lo siguiente en mi relación con las Islas fue cuando en 2011 el programa Canarios por el mundo de la Televisión Canaria me fue a buscar a Buenos Aires, mientras estaba grabando para Disney Channel “Hermanitos del fin del mundo”. Puede verse en Youtube.

No has vuelto a dirigir desde aquel primer cortometraje.

Me lo han ofrecido en Argentina, dicen que por mi capacidad resolutiva. Pero no tengo interés en dirigir, lo que no quiere decir que nunca lo haga. Mi lema es “más vale ser cabeza de ratón que cola de león”. Sí es cierto que soy resolutivo. Rodando para History Channel, debíamos recrear, de forma ficcionada, el primer congreso nazi fuera de Alemania, que se hizo en Argentina tras la anexión de Austria. Fue en el estadio Luna Park y asistieron 30.000 personas. Les di la clave para, sin tener imágenes del momento, recrear aquel espíritu utilizando nada más que unos focos y dos grandes banderolas.

Son casi dos décadas sin pisar Canarias. ¿Qué has sabido de las Islas desde entonces?

Soy sincero: nada. Canarias sabe de mí lo que yo sé de ella. Quizás yo sé un poquito más, porque me llegaban noticias de que hay facilidades para rodar. Elio Quiroga contactó varias veces conmigo. Estuve a punto de trabajar en su película “La hora fría” (2006), pero no salió. No soy de familias ni de política. De hecho, en Argentina me fui abriendo un camino sin conocer a nadie, nada más que con mi trabajo, en coproducciones con España.

¿Cuál ha sido tu recorrido en estos años?

He hecho cine, televisión, publicidad y teatro. Madrid fue mi base en los 90, y en 2002 marché a Buenos Aires. Aunque en la etapa de los 90 estuve rodando un año en Alemania y varios meses en Inglaterra. En Málaga estoy con mis padres desde 2013 atendiendo un asunto familiar. Desde entonces he hecho un largometraje de misterio en Barcelona, que aún no se ha estrenado, “The Second Reign of Night”, de Antoni Solé. Mi idea es que mi base vuelva a ser España y desde aquí irme a los proyectos que vayan saliendo.

¿En qué ámbito prefieres trabajar?

He hecho más cine y televisión. La publicidad “me chupa un huevo”, como dicen los argentinos. No me aporta nada. Ahí definen los creativos y tú te limitas a poner las herramientas. Además es una histeria. Mientras en cine están más claras y delimitadas las funciones, en publicidad todo el mundo pare. Alguna vez me he ido de un rodaje harto de aguantar caprichos.

¿Y tu incursión en teatro?

Mi espina clavada es la ópera, pero entrar en ese mundo son palabras mayores. Hice dos musicales en Buenos Aires. El primero fue infantil, “El reino del revés”, sobre un texto de María Elena Walsh. Los retos me gustan. Aquí me llamaron un miércoles y el pase de prensa era el sábado siguiente. Siempre he dicho que más que director de arte he sido bombero, por aquello de ir apagando fuegos. Se estrenó con la pintura del decorado fresca. La segunda fue una versión de Peter Pan. En este caso, lo divertido fue que puse a los actores a girar los elementos del decorado para cambiar las escenas.

Boceto para "La plegaria del vidente" / SERGIO HERNÁNDEZ

Boceto para “La plegaria del vidente” / SERGIO HERNÁNDEZ

¿Con cuál te quedas de sus trabajos como director de arte de cine?

Le tengo especial cariño a dos,  “Utopía” (2003), de María Ripoll, y “La plegaria del vidente” (2011), de Gonzalo Calzada. En el primer caso por su alto presupuesto, diez millones de euros. En el segundo casi por todo lo contrario, había muy poco presupuesto y, sin embargo, engaña muy bien al espectador. Ese es el tipo de reto que a mí me gusta. Llegamos a hacer lluvia con un poco de luz y agua mezclada con leche. Recaudó mucho dinero en Argentina. De mi trabajo en Argentina me siento orgulloso de haber logrado convencer a los productores de que es mucho más barato construir decorados si sabemos lo que necesitaremos ver durante el rodaje. Consideraban que era más costoso y habían perdido la costumbre de hacerlo.

¿Por qué elegiste Argentina?

En 2002 estaba harto de Madrid. Me saturaba. Quizás por la mucha publicidad que hice. Y en esa época las películas que se hacían coleteaban de las de los noventa, no había la renovación de ahora. Hay que tener claro que el cine es una industria global, hay que moverse. No te vas a ir a dónde no se rueda, pero en Argentina se produce. Y tenía ganas de hacer más teatro. Tuve la oportunidad de irme tres meses, fui con billete de vuelta y estuve diez años. Empecé con la que sería mi peor experiencia de rodaje en el país, “Familia rodante” (2004), de Pablo Trapero. El rodaje nos dejó a todos para el arrastre. Después fui enganchando unas con otras. Buenos Aires es increíble y muy fotogénica para rodar. Puedes hacer desde Nueva York hasta Irak en tiempos de guerra. El país es impresionante y no está lo suficientemente explotado para acoger rodajes como debería.

Viviste la peor época económica argentina.

Me fui en pleno corralito. Todos me preguntaban cómo era posible que llegara al país en el momento en que todo el mundo se estaba yendo. Siempre les respondía que en España iba a pasar lo mismo.  Ocurrió. Entonces rodar era muy fácil por lo barato. Desde 2006 empezaron a menguar las posibilidades y ahora el panorama está totalmente revertido. Chile y Uruguay son los países más demandados. Quedó un cine nacional, a trancas y barrancas, donde producen más o menos tantas películas como España, pero a un nivel bastante empobrecido. Y eso que allí sí que tienen un sindicato muy fuerte, que establece los salarios base de cada uno de los técnicos y controla como se desarrollan los rodajes.

¿Está más avanzado el sistema entonces que en España?

En eso sí, pero no en los equipos de producción. Fallan en muchas cosas. Argentina produce al año 15.000 técnicos de cine, fruto de las escuelas. Y ocurre que muchos asumen cargos para los que están cualificados por estudios, pero no por experiencia. Soy partidario de ir aprendiendo desde abajo. El concepto que se les enseña en esas escuelas es que ahorren lo máximo posible, como norma, y eso es erróneo. Ese concepto de “cine miserable”, como yo lo llamo, es perjudicial para la película.

¿Qué opinas de la situación actual del cine?

El cine se ha vuelto cutre a muchos niveles en muchos países, para qué nos vamos a engañar. Y tiene los días contados, no porque se dejen de hacer películas, sino como profesión. El todo vale es cada vez más habitual. Cada vez te encuentras con más gente que hace varios oficios a la vez. Eso, por lo poquito que he visto en los rodajes que he visitado en España, también se ha extendido aquí. El cine como oficio cualificado lleva muriendo mucho tiempo. ¡Es que no se sabe ni dar las claquetas! ¡Me he encontrado en rodajes donde se han olvidado de cargar las baterías de la cámara del día siguiente! Mi impresión es que el fenómeno es mundial, porque hoy todo el mundo piensa que puede hacer una película, y quizás eso sea verdad, otra cosa es que tenga algo interesante que contar. El cine es una organización militar, piramidal. No todo el mundo puede opinar de todo. Solo deben hacerlo el director, el productor y los cabezas de equipo. Es la única forma de que el engranaje funcione.

¿Sientes amenazado su futuro laboral por eso?

No, el cine es pan para hoy y hambre para mañana. Si no hay producción ya puedes tener tres Premios Óscar que no podrás hacer nada. Cuando hay poca producción es como una escalera de caracol, se van descartando los que menos experiencia tienen. Cada vez hay más gente comiendo del mismo pastel y, en general, cada vez se produce menos. Pero no me siento amenazado. Como suele decirse, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. La ignorancia es muy atrevida y, aparte de creatividad resolutiva, creo que tengo algo que no abunda mucho, sentido común.

El artículo, tal y como se publicó en La Provincia, sobre dos fotos tomadas durante el rodaje de "Calvario, tocata y fuga de un ataúd" en 1988 / OAC-GCED

El artículo, tal y como se publicó en La Provincia, sobre dos fotos tomadas durante el rodaje de “Calvario, tocata y fuga de un ataúd” en 1988 / OAC-GCED

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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