Ernesto Lecuona, maestro de maestros, sale del olvido en “Playing Lecuona”


El viernes se estrenó en Montreal “Playong Lecuona“, un documental que pretende devolver a primer plano la figura de Ernesto Lecuona, compositor cubano con raíces en las Islas Canarias. Michel Camilo, Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba son sus protagonistas. Con ellos, músicos e intérpretes como Raimundo Amador, Omara PortuondoEsperanza Fernández y Ana Belén. Esta primera reseña crítica en español se publica tras su estreno el pasado viernes en el Festival de los Filmes de Mundo de Montreal, con el cartel de “sold out” en la puerta y aplausos durante y al final de la proyección.

Chucho Valdés, en otro momento de "Playing Lecuona" / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

Chucho Valdés, en un momento de “Playing Lecuona” / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

Los cubanos Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba y el dominicano Michel Camilo son los conductores de este documental que el viernes pasado se proyectó en premier mundial en la sala Quartier Latin, de Montreal, en el 39 Festival de Filmes del Mundo de la ciudad canadiense. “Playing Lecuona” quiere devolver a primer plano a quien es, para los tres maestros citados, la principal figura de la música cubana del siglo XX, el compositor y pianista Ernesto Lecuona (Guanabacoa, 1895 – Santa Cruz de Tenerife, 1963), un maestro de maestros con raíces canarias. Nacido en Cuba, su padre fue un incómodo periodista tinerfeño emigrado a la isla caribeña, primero a Matanzas, donde se casó, y más tarde a Guanabacoa, huyendo de las represalias. En el barrio negro de La Habana nació el músico Ernesto Lecuona, quien, también adelantándose a las represalias (esta vez de las de la Revolución castrista de 1959), llegó a Canarias durante los últimos años de su vida, tras salir de Cuba y establecerse en Tampa (Florida). El músico no fue hombre de meterse en política. Católico practicante, mantuvo posiciones igualmente distantes con los dictadores Gerardo Machado y Fulgencio Batista.

Lo cierto es que, asentada la Revolución Cubana, la música de Ernesto Lecuona “de buenas a primeras dejó de oírse en las radios del país“. Lo explica Chucho Valdés, fundador de la banda Irakere, afincado en Málaga desde que llegara para acompañar a su padre, el pianista Bebo Valdés, en los últimos años de su vida. Lecuona llegó a Canarias, en parte, para curar su enfermedad. Pero también buscaba sus raíces en Tenerife. Murió en el hotel Mencey de Santa Cruz. Una parte significativa del documental transcurre en La Laguna, con Michel Camilo buscando señales del maestro. En el lagunero Teatro Leal interpreta varios temas de la película.

El dominicano Michel Camilo, durante el documental / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

El dominicano Michel Camilo, durante el documental / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

Juanma Villar Betancort (Santa Cruz de Tenerife, 1965) es el propulsor de este cohete de 110 minutos que ya tiene distribución internacional como película con Planeta y como disco con Sony. El productor principal -y codirector del documental con el cubano Pavel Giroud- no tiene respuestas a por qué, como asegura, Lecuona es “el gran olvidado. Pero así es, apenas hay plazas, parques, estatuas que lo recuerden. En cine, las únicas referencias son dos cortos documentales de corte divulgativo, uno de 1983 producido por el ICAIC (instituto cubano de cine) y el otro por la SGAE en 1995 para conmemorar el centenario de su nacimiento. Mi temor era que en los ocho años que nos ha llevado producir “Playing Lecuona” se me adelantaran productores musicales latinos establecidos en Estados Unidos”.

“Playing Lecuona” es una producción de Insularia Creaciones (Canarias), La Zanfoña (Andalucía) e Igolai (Colombia). Ha costado 800.000 euros. El proyecto arrancó en 2007 y logró superar, apuntala Villar Betancort, “seis concursos públicos en el Gobierno de Canarias, Ministerio de Cultura y el programa de promoción de cine hispanoamericano Ibermedia”. Además, tiene participación de la Fundación SGAE, Turismo de Tenerife y Televisión Canaria. Tras su pase en Montreal el documental ya tiene confirmados pases en Santo Domingo, San Juan de Puerto Rico, Los Ángeles y Ámsterdam. En esta última ciudad, en The International Documentary Film Festival Amsterdam (IDFA), que pasa por ser la mayor cita de documentales del mundo. El filme ha recibido invitaciones para  ser proyectado en las salas Blue Note de Nueva York y Tokio, y en el Lincoln Center de Nueva York. Según Villar, “Sony ha inscrito la película en nueve categorías de los Premios Grammy, tanto latinos como internacionales, nos mantenemos esperanzados para cuando se anuncien las nominaciones. La película estará presente, además, en los mercados American Film Market, Berlín y Cannes”.

Cartel promocional de "Playing Lecuona" / INSULARIA CREACIONES

Cartel promocional de “Playing Lecuona” / INSULARIA CREACIONES

Camilo, Valdés, Rubalcaba. Los tres interpretan temas de Lecuona en La Habana, Nueva York, La Laguna, Málaga y Sevilla. Con ellos, músicos e intérpretes como Raimundo Amador, Omara Portuondo, la cantaora Esperanza Fernández y Ana Belén. Además, la película filmó escenas de calle en Miami, Guanabacoa, Matanzas y Santa Cruz de Tenerife. Como predisponiendo el corazón para los temazos que oiremos, la película se inicia con una yuxtaposición de testimonios de los tres músicos, Valdés en Guanabacoa, Rubalcaba en Miami y Camilo en Nueva York. En la metrópolis vivió Lecuona temporadas, allí compuso e interpretó antes audiencias masivas en el Carneggie Hall.

Como no podía ser de otra manera, el documental, una joya pulida por la sobresaliente fotografía de Santiago Torres y el brillante sonido en los temas musicales de Carlos Más, deja que sea el virtuosismo de los artistas y el talento de Lecuona los que se pronuncien. Para hablar de quien es vanguardia rehúye, con todo el sentido, los fútiles vanguardismos narrativos. “Lo que hizo Gershwin con el blues y el jazz, lo hizo Lecuona con los ritmos afrocubanos: traducirlos al piano armónicamente, melódicamente, respetando la métrica de los tambores. Los vistió de frac y los llevó al salón”, dice Camilo tras una sesión. La música negra, marginada en la sociedad cubana en tiempos de bestiales segregaciones raciales, fue llevada a las salas de concierto por el maestro. Lecuona obligó a las élites a asumirla.

Gonzalo Rubalcaba, en un momento de "Playing Lecuona" / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

Gonzalo Rubalcaba, en un momento de “Playing Lecuona” / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

El momento de Gonzalo Rubalcaba en Sevilla con la cantaora Esperanza Fernández interpretando “Malagueña”, una de las cimas de la película, expresa mejor que nada las raíces europeas y, sobre todo, españolas del maestro. Refuerza su condición de clásico. Si emotivo es el encuentro del pianista afincado en Miami con el guitarrista Raimundo Amador, la pieza que interpreta con el ex Pata Negra es un duelo de virtuosos con victoria del pianista a los puntos. Omara Portuondo canta “Siempre en mi corazón” con Chucho Valdés y este afirma antes de empezar que tocará el piano como si fuera “un sastre, como haría el propio Lecuona”. Entre medias, cada uno cuenta, desde puntos de vista opuestos, la misma anécdota ocurrida años ha en Tropicana en presencia de Bebo. Pero el gran cuento es el que desvela Chucho Valdés en relación al piano que compró a la muerte de su padre. Él, que admite erizarse al recordarlo, logra poner los pelos de punta también al espectador.

La música que se escucha y los músicos que la interpretan son tan grandes que hacen el documental inesquivable para quien quiera descubrir, o reconocer, a un músico fundamental. Para los que además profesen devoción por la música cubana, la más sabrosa del mundo, es, además, un deleite total. Ana Belén pone la guinda con “Siboney” acompañada de Michel Camilo en el Teatro Leal: “Siboney / Oye el eco de mi canto de cristal….” Dio su primer recital con cinco años. Compuso su primera obra con doce. A través del homenaje que se le rinde en el documental, el niño prodigio Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona y Casado habla de la mejor forma en que se supo comunicar, con su música, cantando.

Ana Belén, en un momento de su interpretación de la canción Siboney, acompañada al piano por Michel Camilo / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

Ana Belén, en un momento de su interpretación de la canción Siboney, acompañada al piano por Michel Camilo / SANTIAGO TORRES-INSULARIA CREACIONES

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