Gustavo Benítez: Un inventor de cine para “El Niño”


Gustavo Benítez es uno de los principales técnicos de cine y televisión de Gran Canaria. Es humilde y versátil. Lo mismo dirige el ‘camera car’, que levanta un decorado, construye un elemento singular del atrezo o inventa un artilugio. Lleva 25 años de trabajo ininterrumpido al servicio de películas y series, spots publicitarios y sesiones de fotos, desde 2002 con su marca gb-escenografía. Entre otras, en películas como “Mararía”, “La isla interior”, “El Niño” o “Exodus: God and Kings”. Esta entrevista se publicó el 5 de septiembre de 2014 en la edición de papel del periódico La Provincia.

Gustavo Benítez en su casa de Telde, el día de la entrevista / LUIS ROCA ARENCIBIA

Gustavo Benítez en su casa de Telde, el día de la entrevista / LUIS ROCA ARENCIBIA

“El cine te engancha, es bonito crear cosas que después ves en pantalla sin que nadie sepa el truco que hizo falta para poder hacerlas.” Nos conocimos trabajando en el rodaje de “Mararía” (Antonio José Betancor, 1998), él a las órdenes del director de arte Félix Murcia. Diecisiete años después es, tras la figurinista Tatiana Hernández, el técnico canario mejor situado en los títulos de crédito de “El Niño” (Daniel Monzón, 2014). El filme, actualmente en cartelera, se rodó el año pasado durante dos semanas en Gran Canaria entre otras localizaciones en Andalucía y Marruecos.

“En el escenario de “El Niño” construido por Benítez es donde Daniel Monzón alcanza el momento más logrado del filme.”

Gustavo Benítez (Las Palmas de Gran Canaria, 1964) fue adelanto de atrecista de rodaje en “Mararía”, trabajando en decorados diversos, fabricando réplicas de baúles antiguos, poniendo a punto los coches de los años treinta del siglo pasado que se usaron. En “El Niño”, llevando el ‘camera car’, el vehículo tipo ‘pickup’ para filmaciones en carretera. Fue usado en las secuencias filmadas en el parking del centro comercial El Mirador de Jinámar, fácilmente identificable en la película por los característicos bloques del polígono al fondo del cuadro. También construyó el decorado de la cárcel y el locutorio entre rejas que aparece el filme. En este último escenario, rodado “en un colegio que hay junto a la clínica de San Roque de Vegueta” es, por cierto, donde el filme de Monzón logra su mejor momento.

Una de las premisas de su trabajo es la confidencialidad. Primero, porque las productoras que lo contratan lo exigen. Segundo, porque una parte de la magia del cine es, precisamente, no desvelar los trucos que hay detrás de las tomas. Estas son las razones por las que poco puede decir de su trabajo en la superproducción “Exodus: God and Kings” (Ridley Scott), cuyo estreno está previsto para la próxima Navidad, también filmada en Canarias en 2013. “En Fuerteventura estuvimos con los especialistas americanos e ingleses montando todo el sistema de volcado de los carros. También, un trucaje para el choque de unos caballos contra los carros. Es, con mucha diferencia, la película más grande en que he trabajado. Cuando en 2008 estuve en Estados Unidos de gira teatral me quedé asombrado de la cantidad de camiones que ves aparcados alrededor de un rodaje, si en Canarias son cuatro o cinco, ahí son manzanas enteras. Pues “Exodus” superó lo que había visto en Estados Unidos. En nada montaron campamentos que eran pueblos enteros de la cantidad de gente de trabajaba y servicios que se prestaban.”

'Camera car' durante el rodaje del cortometraje "La criada" (Javier Fernández-Caldas, 2009)

‘Camera car’ durante el rodaje del cortometraje “La criada” (Javier Fernández-Caldas, 2010) / gb-escenografía

Nos encontramos un soleado domingo de agosto a las diez de la mañana en su casa montaña adentro en el municipio de Telde, construida dentro de lo que fuera una granja en ruinas. Las vistas son extraordinarias, a un lado una de las laderas del barranco de Guayadeque y el Pico de las Nieves, al otro la bahía de Gando y Fuerteventura en el horizonte. Esta vivienda donde me invitan a café y churros es hogar, almacén y pequeño taller. La intención es seguir ampliándola para ofrecer más servicios asociados a los rodajes en el futuro. Benítez, como su mujer, la regidora Lourdes Rojas, lleva trabajando en cine veinticinco años. Son dos de los resistentes de las producciones de cine y televisión de Gran Canaria. Técnicos que han logrado salir adelante en un entorno siempre precario para el desarrollo de su trabajo, hostil si lo enfocamos desde la perspectiva del apoyo de algunas administraciones públicas. “Siempre he sido un trabajador autónomo. A veces he echado de menos algo más de apoyo a los que hacemos este trabajo. Ocurre también con los impuestos. No es justo que tengas que pagar siempre el 21 por ciento ganes lo que ganes, porque hay meses en que no te compensa. Debería ponerse un mínimo mensual a partir del cual tener que realizar la deducción. Habría más profesionales trabajando en esto si lo hicieran.”

Cine por casualidad

El autodidacta Gustavo Benítez empezó en el cine de casualidad. A finales de los 80 trabajaba en como encargado del mantenimiento del hotel Los Frailes de Tafira. “Un día vino una película alemana para la cual hicieron un decorado que se les vino abajo. Me preguntaron si podría arreglarlo. Estuve una semana. Cuando acabé me dijeron si podía ayudarles otra semana más con un surtidor viejo en desuso en la casa de la Marquesa de Arucas, querían usarlo para poner gasolina a un descapotable como si realmente funcionara. Me inventé el sistema. Después de aquello me pidieron que me quedara con ellos toda la película. Desde entonces he ido enganchando un trabajo con otro.” Empezó a trabajar a los catorce años en una empresa de repuestos de coches, allí adquirió conocimientos de mecánica y electricidad. Más tarde se especializó en albañilería, fontanería y construcción con toda clase de materiales en múltiples reformas de viviendas.

La actividad de Benítez se ha centrado en trabajos sobre todo publicidad, fotos y spots, y en películas alemanas y españolas. Más en Tenerife que en Gran Canaria. “Allí hay más trabajo, se mueve mucho más la Film Commission. Se venden muy bien.” Y siempre sorteando las crisis. En 2007 se abrió al teatro. “El mayor parón fue hace ocho años, pero la casualidad fue que entré en el teatro. Construía los decorados y me iba de gira con los grupos. En 2008 estuvimos en California, norte de Méjico y Buenos Aires con “El alcalde de Zalamea”. En Méjico y Argentina la falta de dinero y material no era obstáculo porque lo que tenían te lo daban, y los teatros eran llenos, a rebosar, con montón de gente sin poder entrar, fue una experiencia preciosa. Incluso las tachas las teníamos que enderezar para reutilizarlas. En cambio, en California tenían de todo y no nos dejaban nada.”

“Durante el tiempo que estuvo montada la ermita en ruinas en escayola que construí en Papagayo muchos turistas que pasaban al lado se arrodillaban para rezar.”

El abanico de trabajos que ofrece es amplio. En su versatilidad también está la clave de haber podido mantenerse. Construye decorados y todo tipo de gadgets fruto de la necesidad del momento. Anclajes para cámaras y grúas y trucajes asociados a las escenografías. “Lo bonito de este mundo es que siempre estás inventado, haciendo cosas fuera de lo normal, trabajando la mente, eso te mantiene activo. Surgen problemas y hay que solucionarlo. Hace unos años un MG se había quedado sin frenos en plena carretera durante una película alemana, el actor principal se iba de la Isla y había que rodar. Era domingo, no había taller. Desarmé los frenos, desmonté las zapatas y le metí remaches rebajados y pegamento, todo eso en tiempo récord para no perder la luz.”

Gustavo Benítez (2i) con otros técnicos delante de la cabaña construída para "El clan" (Jaime Falero, 2011)

Gustavo Benítez (2i) con otros técnicos delante de la cabaña construída para “El clan” (Jaime Falero, 2012) / gb-escenografía

Benítez cuenta con tres ‘camera car’. También un tráiler bajo sobre el que monta un coche que utiliza para rodar en marcha como si estuvieras dentro del vehículo. “También tengo un triángulo fabricado que lo enganchas directamente al coche y te permite no tocar el volante. Tanto con el tráiler como con el triángulo puedes iluminar a los actores de forma uniforme y permanente, sin perder la luz por las idas y venidas que podrían darse por el cambio de la distancia debido al movimiento. Para un spot del Rally Paris Dakar en Jandía usé mi Toyota con el operador de cámara en un sillón que anclé por fuera del coche. Así fuimos por todas las dunas de Fuerteventura, con el coche saltando y grabando a otro coche que nos adelantaba en zigzag a toda velocidad.” También es capaz de recrear el fuego y la lluvia, aunque “los alemanes muchas veces me llaman solamente para que esté ahí, cerca del rodaje, pendiente con mi camión y mis herramientas por si se necesita algo.”

Conversamos en una zona techada en el exterior de la vivienda familiar, junto a una mesa de madera a la que previamente hemos despojado de las mantas y plásticos que la protegían de la acumulación de polvo. “El setenta por ciento de esta casa está hecha con decorados reciclados, de anuncios de Balay, de pan Silueta…”. Benítez es inconfundible cuando está trabajando porque suele hacerlo donde surja la necesidad en su propio camión, rotulado con su marca gb-escenografía y al que denomina taller móvil. “Ahora mismo lo tengo trabajando como camión con un chófer para la película “Palmeras en la nieve”. El taller móvil lo tengo equipado con mesas de trabajo movibles, con motosoldadoras autónomas y grupos electrógenos para tener luz por donde vaya. Monto uno de los toldos que tengo y trabajo donde haga falta.”

Arte para inventar

Pero la capacidad que más sorprende de Gustavo Benítez es su pericia para inventar. “Más allá hubo que tirar a un señor por una escalera mecánica de un supermercado con un carro lleno de papel higiénico. Fue en el centro comercial El Muelle. Cogí el carro del supermercado que me dieron, desarme la cesta y el ‘wincher’, y le puse una placa de hierro con un agujero descentrado y dos pletinas, al final se veía como un motor en uve. El efecto que conseguí fue que la cesta se movía arriba y para abajo como saltando por las escaleras. Entonces lanzamos al señor por un travelling casero que fabriqué especialmente para que no se debocara, con cables de seguridad y motores de reducción. Parecía que caía escaleras abajo, cuando en verdad estaba sobre una superficie plana.”

Ermita en ruinas construida en 1999 en Lanzarote ante la que los turistas que pasaban por la zona se arrodillaban y rezaban.

Ermita en ruinas construida en 1999 en Lanzarote ante la que los turistas que pasaban por la zona se arrodillaban y rezaban. / gb-escenografía

Es el momento de la conversación en que Benítez se explaya con un sinfín de ejemplos. “Otra vez querían a un chico corriendo por el Teide. Me dijeron de montar una cinta de correr sobre el ‘camera car’. Pero era mucha altura. Lo que hice fue construir una plataforma de dos metros detrás del ‘camera car’ con dos vientos como una mecano, así pudimos poner la cinta de correr a veinticinco centímetros de la carretera y el chico corriendo encima de la cinta parecía que lo hacía por la carretera. En otra ocasión tuvimos que hacer un castillo de arena en tres días para un anuncio de Fanta en Alemania. Me vi restringido porque había escasez de corcho, pero salió, una estructura de madera, forrada con corcho blanco con cola y sobre él la arena. Hicimos una pasarela de doce metros con dos muros regulables según lo que le interesara al cámara.”

“Los del cine español todavía no confían tanto en los técnicos canarios como los alemanes, pero es porque no nos conocen, no han rodado aquí tanto como ellos.”

Entre 1997 y 2006 fueron años en que no paraba. Estaba temporadas de cuatro meses fuera. Muchas veces pasaba por casa a dormir, coger una muda limpia y seguir. “Llegué a hacer cuatro películas en un año y unas quince publicidades al año. En Papagayo hicimos un ermita en ruinas a escala real para una película alemana con una virgen y un campanario al que le coloqué una campana de escayola. Les pusimos flores para el rodaje y durante el tiempo que estuvo montada muchos turistas que pasaban al lado se arrodillaban. Otra vez, hice una réplica de la nave espacial Apollo 3 en cartón piedra para el rodaje en Las Cañadas del Teide de cortometraje “Voice Over” (Martín Rosete, 2011), que fue nominado a un Goya ese año. Doblando los listones de madera le di la forma cónica, la puerta la hice de metacrilato y usé tachuelas gordas de las que venden en las ferreterías para hacer los remaches. No sé qué ha sido de él. Ocurre muchas veces, que no sabes donde paran las cosas, y yo mismo tengo que hacer limpieza, aunque algunas se reciclan. El mismo confesionario que hice para unos alemanes se ha usado en la película “Del lado del verano”, de Antonia San Juan, y en la serie de Doble Diez “La revoltosa”. Otro elemento singular que se ha reutilizado es la réplica de un cajero automático. Lo usé también en mi única película como productor, “Hora menos” (Frank Spano, 2011). Detrás estaba yo en una silla. Así, cuando la actriz, Rosana Pastor, metía la tarjeta yo la cogía por el otro lado y sacaba el dinero por la ranura de abajo,” concluye con una sonrisa pícara en los labios. ¿Repetirías tu experiencia de productor? “No gané dinero, pero fue una satisfacción, una bonita experiencia que repetiría si hay mejores fondos.”

El momento de eclosión de rodajes que vive Canarias en los últimos tiempos no ha sido especialmente beneficioso para Gustavo Benítez. Por ahora. En buena medida porque las islas están recibiendo un desembarco técnicos y servicios auxiliares similares a los que él ofrece provenientes de la Península que saben que el trabajo de cine en España ahora está aquí. “En “Palmeras en la nieve” y “Wild Oats” los decorados grandes los han hecho constructores de fuera con algunos aprendices de aquí. A mí me han buscado solo para cosas puntuales. Claro que me encantaría participar más. Pero para eso hace falta que poco a poco vayan confiando más en nosotros. Están trayendo a muchos constructores de fuera porque son empresas que trabajan habitualmente con los directores de arte. Ellos les dan seguridad y en precios son muy competitivos. Los del cine español todavía no confían tanto en nosotros como los alemanes, pero es porque no nos conocen, porque no han rodado aquí tanto como ellos.”

Gustavo Benítez construyó una réplica del Apollo 11 para el corto "Voice Over" (Martín Rosete, 2011), finalista en los premios Goya. / gb-escenografía

Gustavo Benítez construyó una réplica del Apollo 11 para el corto “Voice Over” (Martín Rosete, 2011), finalista en los premios Goya. / gb-escenografía

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