Félix Sabroso: “La impresión es que Dunia Ayaso estará presente en mi obra para siempre”


El director de cine Félix Sabroso concede su primera entrevista tras el fallecimiento de su compañera Dunia Ayaso el 28 de febrero pasado. Sabroso habla del rodaje de “El tiempo de los monstruos”, que rodó con la ayuda de amigos en una mansión de Madrid durante cuatro semanas el pasado mes de agosto.

Félix Sabroso fotografiado en su casa de Madrid.

Félix Sabroso fotografiado en su casa de Madrid.

“Estoy todavía conmovido por lo que ha supuesto el rodaje de “El tiempo de los monstruos”. Fue un tiempo de cine mayúsculo”

La editorial Alfaguara publica su primera novela en enero próximo, “La piscina vacía”. Ya ha empezado a trabajar en un nuevo proyecto audiovisual titulado provisionalmente “Zona de costa”, una comedia negra “sobre la realidad de los españoles posburbuja que no sé aún si es serie de televisión o película”. En teatro, Carmen Machi, Candela Peña y Pilar Castro le han pedido que les escriba un nuevo texto para interpretarlo ellas. Durante la primavera pasada, estuvo unos meses trabajando como guionista en la serie de televisión “La que se avecina”. Lo dejó para poder rodar “El tiempo de los monstruos”, su primera película sin Dunia Ayaso, fallecida el 28 de febrero. Filmó en Madrid durante cuatro semanas del mes de agosto. Félix Sabroso (Las Palmas de Gran Canaria, 1965) visitó a finales de septiembre el Festival Internacional de Cine de San Sebastián para reunirse con posibles compradores. El montaje estará terminado a mediados de noviembre.

¿Fueron fructíferas las gestiones en San Sebastián?

Como la película no está terminada, lo que enseñé allí fue un dossier interactivo y un trailer. La sensación es que hay interés, tenemos una carta de compromiso de distribución en España, también de un agente de ventas internacional en Francia y ofertas de televisiones, tanto de RTVE como Canal + y alguna autonómica. Pero todo esto tendrá que pasar por que vean la película. En principio, la respuesta ha sido muy buena. Ha gustado el ‘look’ y ha impresionado el casting.

No es un detalle insignificante el de la portada del dossier: “El tiempo de los monstruos”, una película de Félix Sabroso.” Su nombre aparece por primera vez en solitario en una película.

No sé hasta cuando va a estar presente Dunia en mi obra, tengo la impresión de que hasta siempre. Nos criamos y estudiamos juntos, soñamos juntos con hacer cine, nos fuimos juntos a Madrid e hicimos juntos toda nuestra filmografía. Creo que estoy ante mi película más sólida y sería muy injusto que alguien pensase que porque la hago solo es un cine distinto que parte de cero. Esta película es la que hubiese hecho con Dunia. Ella leyó el guión y quería hacerla. Es un paso adelante, pero un paso lógico después de haber hecho las anteriores. Ella está muy presente en “El tiempo de los monstruos”, porque lo que cuenta la película era algo que nos incumbe a los dos, porque formaba parte de una conversación que manteníamos habitualmente sobre lo artístico y lo humano. Lo que está retratado en la película nos representa mucho, la gente que ha visto el primer montaje de la película entiende que la forma de contarla se parecería mucho a lo que hubiese hecho con Dunia. La sensación de tenerla al lado chequeando las tomas en el vídeo, o de consultarle cosas, fue a diario.

El dossier presentado en San Sebastián se abre con esta cita de Gramsci: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.” ¿De qué habla la película?

“El tiempo de los monstruos” es una película agridulce e intimista que se apoya mucho en elementos simbólicos que tienen que ver con la decadencia de un sistema, con las épocas de cambio, con el desconcierto que eso genera en lo humano y en lo artístico. La película habla de la escucha mermada, de una sociedad que está demasiado ensordecida por el ruido de un sistema que constantemente se está apuntalando para que no se caiga del todo, porque tampoco sabemos que nos espera después. Todo eso está contado desde territorios tan íntimos como el miedo a la muerte y cosas más globales como la decadencia del discurso artístico, o cómo la sociedad articula la obra artística para que se convierta en un elemento de entretenimiento y diversión.

¿Será una tan película oscura y densa como su última con Ayaso, “La isla interior” (2009)?

La película cuenta con elementos de thriller y tiene humor, aunque en este caso envuelto en una ironía gélida. Y, bueno, hay capas de cebolla para que también pueda disfrutarla el que quiera solo pasarlo bien. Porque la película encierra desde el principio un misterio que va manteniendo el interés del espectador. Siendo una película muy personal y autoral, es en la que más esfuerzos he hecho por seducir al espectador y mantener viva su atención.

Pero mantener despierto al espectador siempre ha sido una de las premisas de su cine.

Dunia siempre decía: “Prohibido aburrir”.

Hay temas que vuelven una y otra vez en sus películas. ¿Aquí también?

Eso es. El miedo a la muerte, la familia y la sociedad del éxito lo hemos tocado siempre, desde “Perdona, Bonita, pero Lucas me quería a mí”, “El grito en el cielo”, “Descongélate”, en todas. Al final uno tiene la sensación de estar siempre haciendo la misma película, de que lo que haces es redondear un discurso, completarlo, seguir escarbando en él, contarlo de distinta manera, a través de un género diferente, con un tono distinto o una línea argumental nueva.

¿Estos siete meses desde la muerte de Dunia Ayaso ha sido la etapa más difícil de su vida?

Probablemente sí. Ha sido una etapa complicada y de oscuridad, he sufrido mucho miedo. La sensación de no saber dónde estaba la continuidad. Es muy difícil separarte de una persona con la que has vivido desde la adolescencia. Sobre todo romper el lazo no ya en la convivencia y en el afecto, sino de la compatibilidad profesional que teníamos y en el proyecto de vida en común que teníamos, pero he tenido que reconstruirme muy rápidamente. No podía permitirme el lujo de prolongar la pena y el dolor.

La ausencia de Ayaso sirvió además de espoleta para que todos se decidieran a rodarla sin esperar a los cauces habituales para encontrar la financiación necesaria.

Exactamente, nos arriesgamos a hacerla antes de recorrer todos esos caminos establecidos en este país, porque sabíamos que eso iba a dilatar la película un par de años. Todos concluimos que era el año en que Dunia nos había dejado cuando había que hacerla, porque además era su voluntad hacerla y con los actores con los que la hicimos. Era lo mejor que podíamos hacer, por ella y por todos.

¿El rodaje también ha sido tabla de salvación?

También hay algo de eso en la filmación precipitada, si se quiere expresar así, de la película. No sabía lo que iba a hacer si no rodaba una película este verano. Me iba a quedar brazo sobre brazo pensado en mis cuitas, necesitaba estar en acción y además hacerlo pronto porque tenía muchos fantasmas alrededor de lo que significaría trabajar sin Dunia, quería exorcizarlos lo antes posible para no encasquillar miedos e inseguridades. Jugaba la posibilidad de no saber hacer sin ella, o de que su ausencia pesase mucho, que no supiera sacarlo adelante sin ella.

Jorge Monje, Candela Peña, Pilar Castro, Julián .... y Yael Barnatán, en un momento de "El tiempo de los monstruos".

Jorge Monje, Candela Peña, Pilar Castro, Julián López y Yael Barnatán, en un momento de “El tiempo de los monstruos”.

¿Cómo fueron las cuatro semanas de rodaje?

Una experiencia impresionante. No solo estábamos contando una película muy personal, en la que tanto actores como el resto del equipo estaban en un territorio que es como si se hubieran metido dentro de mi cabeza, es que además la gente no pudo ser más generosa, y no pudo respetarme valorarme y hacerme sentir mejor. Estoy todavía conmovido por lo que ha supuesto este rodaje.

¿Destaca algún momento?

Todo. El rodaje fue una experiencia extraña donde a menudo se mezclaban realidad y ficción. Hay muchas cosas de la película que tienen que ver conmigo, incluso que tienen que ver con los actores con los que rodé. Entonces, para construir los personajes y las situaciones hablábamos de nosotros mismos y de nuestra propia experiencia. Eso se salía del rodaje en los días libres y te lo llevabas a la cama por la noche. Fue un tiempo de cine en mayúsculas, por la experiencia, por la sensación de estar evocando el cine en el sentido mas clásico del término. Todavía estamos todos metidos en un chat de grupo y no podemos soltar la película, es como un estado que no queremos abandonar.

David Delfín eligió “El tiempo de los monstruos” como título para su colección de la Fashion Week del pasado septiembre en Madrid.

Tuvo la ocasión de ver un primer montaje y le emocionó mucho. Él sabía lo que significaba. Se identificó especialmente, porque está en un momento similar al mío y porque también sintió mucho la muerte de Dunia, de hecho lo contaba en el programa de mano de la pasarela. Pero su vestuario no tiene que ver con el de la película, aunque sí responde a su mismo espíritu, hacer algo personal, muy rompedor con lo anterior. Lo hizo como un homenaje a la película.

¿Qué piensa del mundo que está por venir?

Como nací en los sesenta (y mi juventud la viví en los ochenta) tengo una cosa así como de persona de fin de siglo, con ciertas dudas y una mezcla de miedo y existencialismo. Eso es algo que me ha hecho siempre reflexionar. Siempre ha habido un tono agridulce en lo que hago, porque siempre ha habido desazón o desconfianza en el futuro. No se trata de una mirada negativa, pero sí de una mirada neurótica y miedosa. Soy una persona asustada por el apocalipsis, desde niño nos metieron ese miedo por vena. Sea por un meteorito, que el sistema se derrumbe, empiece una guerra mundial o alguien se equivoque con un botón y saltemos todos por los aires con una bomba atómica, yo he vivido desde niño aterrado por todas esas posibilidades y también por mi propia muerte.

¿Cómo enfrenta esos miedos?

Lo que me está pasando en la edad adulta es que intento buscar en lo que escribo un halo de esperanza. Todavía me sale de forma tímida, pero tengo la sensación de que es una búsqueda que va a ir creciendo en mí. No es que sea más positivo, es que me estoy acostumbrando a vivir en un cierto caos o desastre, en la sensación de que no hay esperanza, y estoy empezando a ser feliz con eso.

¿Las cosas en el cine están tan malas como las pintan?

Se están poniendo muy complicadas, aunque también me doy cuenta de que hay unas nuevas generaciones que no han vivido nuestros procesos y no experimentan lo mismo. Al contrario, tienen la sensación de estar ante una puerta abierta, porque el digital les facilita mucho las cosas, porque Internet se ha convertido en una ventana de expresión para sus obras sin necesidad de intermediarios. Por eso, lo que creo que ocurre es, más bien, que se acaba un modelo, una forma de ser en que nos hemos habituado a estar. Si no somos capaces de adaptarnos, nos pasará lo que les ocurrió a los que no superaron la llegada del cine sonoro en 1929.

Eso, además, no pasa solo con el cine.

Pasa con todo, nos aburguesamos y si cambian los parámetros pensamos que se acaba el fin del mundo, cuando en realidad es la oportunidad para una nueva forma de empezar. En realidad, los que somos creativos deberíamos plantearnos seriamente que hemos elegido unas profesiones en las que es normal estar preparados para los cambios, que hay que mantener los ojos bien abiertos para contar siempre con esa posibilidad, porque no hacerlo sí sería el principio del fin. Así que tengo más esperanza. También es verdad que estoy más rodeado de gente más joven que antes y me ayudan a tener una visión diferente. Cuando eres más joven tienes la sensación de que luchar contra titanes es más posible, porque eres más inconsciente. A medida que va uno pillando edad, la sensación es que te acobardas. A mí las circunstancias –la pérdida de Dunia, los problemas económicos, la necesidad de dar siempre con nuevos proyectos para colocarlos en el mercado, tener que hacer películas sin apenas financiación- me han obligado a mantenerme fuerte por supervivencia. Me he dado cuenta de que sin esa especie de sobresfuerzo para mantenerte siempre entusiasmado, o al menos ilusionado, me adormecería. Incluso si lo tuviera todo muy fácil, siempre tendría la sensación de que algo envejecería alrededor de tu obra. Esto me obliga a mantenerme muy vivo, la verdad es que lo estoy viendo todo bastante en positivo en los últimos tiempos.

En un escenario ideal, ¿cuándo piensa que se podrá estrenar “El tiempo de los monstruos”?

Ya nos la han pedido en el festival de Málaga y han demostrado interés en el festival de Berlín. La película podrá enseñarse desde mitad de noviembre. Lo suyo sería que pudiera participar en un buen festival internacional. La previsión de estreno podría ser a finales de la primavera.

¿En que medida podría ayudarse al filme desde Canarias?

No se ha rodado en las Islas. Eso limita la aportación a que aparezca un posible inversor privado que quiera apostar por ella como productor asociado, con opciones a participar de sus beneficios. Estamos abiertos, ojalá suceda. Otra cosa es que alguna institución pública la quiera arropar ayudando, por ejemplo, con los gastos del estreno en Madrid, o con bolsas de viaje para acudir a festivales.

Pilar Castro, fotografiada en una escena de "El tiempo de los monstruos".

Pilar Castro, fotografiada en una escena de “El tiempo de los monstruos”.

FELO A LAS 12

Me llamaba la atención que Dunia lo llamara Felo, con aquellos ojos luminosos y la sonrisa protectora siempre en los labios. Como si fuera su hermano, su amigo de infancia, su pareja, alguien a quien conocía mejor que a ella misma. Desde el instituto en Las Palmas han estado juntos. Se llegaron a casar. Formaron una pareja de directores de las que no hay dos en el mundo del cine. Sosteniéndose el uno contra el otro en el reto de hacerse un hueco. La suma de sus talentos se ha distribuido en forma de siete películas por una treintena de países y en incontables festivales de cine de todo el mundo. En los últimos años el teatro ha sido un fértil respiradero. La última vez que los vi había sido en una reciente edición de un festival de San Sebastián. Solían ir, invitados o por su cuenta en pisos de amigos.

Felo a las 12. Han pasado veinte años desde el estreno de “Fea” (1994), la primera película de su filmografía. Con “El tiempo de los monstruos” empieza una nueva andadura. Mi intuición me dice que su cine seguirá siendo cada vez más moderno, interesante, auténtico, rompedor. La primera entrevista que concede Félix Sabroso tras la muerte de su compañera Dunia Ayaso el 28 de febrero pasado se celebra por espacio de media hora justo al mediodía vía Skype varios días después de que el cineasta de Las Palmas hubiera acudido al festival de cine de San Sebastián para buscar compradores para su primera película en solitario.

En solitario es un decir. A esta aventura sobre un director que nunca ha estrenado y quiere filmar ahora su última película se han sumado desinteresadamente muchos amigos. La razón era rodarla cuanto antes. Un casting formado por Javier Cámara, Carmen Machi, Candela Peña, Julián López, Pilar Castro, Secun de la Rosa, Yael Barnatán y Jorge Monje se puso a las órdenes de Sabroso durante cuatro semanas de agosto pasado en una mansión de Madrid propiedad de unos amigos. Pepón Nieto, que no pudo participar por tener comprometido otro trabajo, hace una aparición en el filme y Antonia San Juan una colaboración especial. Ascen Marchena y Nico Tapia en la producción del filme, David Azcano en la fotografía y Antonio Panizza en peluquería son otros profesionales de prestigio que le han apoyado en la aventura. A figuras como el diseñador David Delfín y Pedro Almodóvar se les vio también arropando durante el rodaje a Félix Sabroso.

La entrevista con Félix Sabroso, tal y como salió publicada en el periódico La Provincia de Canarias el 12 de octubre de 2014.

La entrevista con Félix Sabroso, tal y como salió publicada en el periódico La Provincia de Canarias el 12 de octubre de 2014.

 

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