“Dead Slow Ahead” gana el Premio Especial del Jurado en Locarno: Entrevista con Mauro Herce y crítica de la película


Hace menos de una hora se ha sabido que el documental de ciencia-ficción “Dead Slow Ahead” (Mauro Herce, 2015), producción de Bocalupo FilmsNanouk Films y El Viaje Films, ha obtenido el Premio Especial del Jurado del Festival film de Locarno, en la sección Cineastas del presente donde concursaba. El pasado jueves, El Asombrario publicó esta entrevista con Mauro Herce. Aprovecho la ocasión para compartir en esta entrada, además, la reseña crítica, titulada “Avante a toda muerte“, que a propósito de la película publiqué el viernes 7 de agosto, en el suplemento de Cultura de La Provincia.

Uno de los marineros filipinos, en el filme de Mauro Herce. / EL VIAJE FILMS / OAC

Uno de los marineros filipinos, en el filme de Mauro Herce. / EL VIAJE FILMS / OAC

AVANTE A TODA MUERTE: Reza la sinopsis del filme de Mauro Herce: “Un carguero atraviesa el océano. Nuestra mirada se adentra en la cadencia hipnótica de los engranajes, que revelan el movimiento continuo de una maquinaria devorando a sus obreros: los últimos gestos del viejo oficio de los marineros, desapareciendo bajo el ritmo autómata del de siglo XXI. Quizás se trate de una nave a la deriva, o del último ejemplar de una especie en extinción. No lo sabemos, pero los motores siguen girando, imparables”. El viaje del Fair Lady, carguero de siete bodegas bajo bandera maltesa construido en Imabari (Japón) en 2005, de 225 por 32 metros y 14 metros de calado, capaz de transportar un peso de hasta 76.000 toneladas y 91.000 metros cúbicos de grano, se desarrolla en claroscuro, a golpe de sonido metálico. La combinación de esos espacios de acero en los que la escala humana es irrelevante y su potente banda de sonido (Daniel Fernández, Alejandro Castillo, Manuel Muñoz Rivas) hace que recordemos la delirante deriva final del astronauta Bowman (Keir Dullea) en “2001. Una odisea en el espacio” (Stanley Kubrick, 1968), cuando es transportado por el ordenador HAL 9000 de forma irremediable hacia su muerte. Aunque Herce se identifica más con “Solaris” (Andrei Tarkowsky, 1972), película con la que se reconcilió durante los dos meses de travesía en el barco que le llevó hacer el filme. Para captar el muy característico vibrato de los ruidos contra el metal sonido se usaron unos micrófonos especiales. La banda de sonido fue reforzada en el montaje. Es uno de los puntos fuertes de un filme que parece estar hecho lo mismo para ser visto que oído. La relevancia del sonido, como la sinfonía que pudiera oírse en una colosal fragua dantesca, es una de sus grandes virtudes.

Señales acústicas; marineros cerrando puertas; una mesa vacía preparada no se sabe si para desayuno, almuerzo o cena; una ducha de litros de agua y otra de toneladas carbón; filipinos desafinando al karaoke; uno en cuclillas sobre vastos campos de rubios granos de trigo en la descomunal barriga del barco; otro que corre en círculos sorteando pesadísimas tuberías con válvulas que parecen los tendones del enorme artefacto… El otro punto fuerte de este filme que busca el fulgor elevándose sobre la mera observación es su hipnótica fotografía, a cargo del propio Mauro Herce, quien ya fuera responsable de la imagen de filmes como “Arraianos” (Eloy Enciso, 2012) o “Slimane”. “Dead Slow Ahead”  es una ambiciosa travesía física. Odessa, Nicolaev, Estambul, Port Said, Ismailia, Suez, Aqaba, Ceuta, Nueva Orleans. Pero también es un ambicioso viaje interior de Herce, para quien el viaje del Fair Lady y sus marineros es una excusa para dejar al espectador un mensaje sobre la insignificancia de lo humano y lo inexorable de su existencia. Por eso al final ese émbolo que rota haciendo girar la hélice del mamotreto. Por eso, como subraya al teléfono el propio director, que el filme arranque desde la máquina (el barco) y termine en el hombre (los marineros). Por eso ese título, que se refiere a un tipo de velocidad en los barcos, algo así como la velocidad mínima posible a que puede ir el buque estando la navegación bajo control. Dead Slow Ahead: traducidas una a una literalmente las palabras del inglés expresa la paradoja entre avanzar muriendo a la vez, avante a toda muerte.

Finalmente, si la fotografía y el sonido son elementos esenciales para la inmersión, el pausado tempo que imprime el montaje de Manuel Muñoz Rivas le aporta solemnidad a la experiencia. La impresión que se tiene cuando la sala se ha vuelto a iluminar es, por un lado, que será todo lo contrario a desperdiciar el tiempo si se le dedican al filme nuevos visionados. Por otro, que el mundo que retrata este documental sin narrador ni apenas voces es, a pesar de lo alucinado del tono, más cercano y real que cualquier telediario. Ni que decir tiene que también mucho más necesario.

Cartel de

Cartel de “Dead Slow Ahead” / EL VIAJE FILMS / OAC

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