Recuperar, divulgar, salvar (6): “Moby Dick en Las Canteras Beach”; Encuentro de Patrimonio Audiovisual de Gran Canaria


La presentación hace dos semanas del libro Moby Dick en Las Canteras Beach de Rosario Valcárcel (con lleno completo en el Salón Dorado del Gabinete Literario y tras la cual el editor Jorge Alberto Liria vendió de golpe los cincuenta y pico ejemplares que había llevado) me llevó a preparar el textillo que les añado al final de esta entrada. Leyendo el libro conocí cosas nuevas del rodaje más importante de la historia del cine en Canarias. Además, mientras daba vueltas al texto recibí la llamada de Pedro Vázquez, que participó en la construcción de la ballena, para avisarme de que pensaba acudir al acto. Llevaría la pelota de caucho fabricada con el mismo material con que se construyó la ballena blanca, que conserva desde entonces. Es una pelota menguante. Entre tanto, Vázquez me contó cosas tan interesantes como que la maqueta de la ballena blanca, de un metro de largo, permanecía en el mismo sitio donde yo la habia visto por última vez en 2003, a pesar de que los de la consignataria me habían asegurado que ellos ya no la tenían, seguramente como una maniobra de despiste. También me dio Vázquez el enlace de una web donde están las fotos de la construcción de la ballena a un nivel de resolución más que aceptable. Como se cuenta en el enlace, son propiedad de César M. Díez Correa y Leonardo Cabrera Arencibia. Un descubrimiento tracendetal, emocionante. Al principio del texto las pongo en forma de collage.

Por otro lado, la amable invitación de Ricardo Reyes a acudir al Encuentro de Patrimonio Audiovisual de Gran Canaria, organizado por el Cabildo de Gran Canaria en Gran Canaria Espacio Digital, con la conferencia que impartí anteayer sobre “Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick” y “La Memoria Encendida, me permitió experimentar lo que en estos encuentros es un clásico: el conocimiento de nuevas personas que se me acercan para consultar datos, contarme su experiencia y aportarme nuevas informaciones. En este caso, Eduardo Cárdenes, que investiga secuencia a secuencia las localizaciones concretas del rodaje de Tirma, lo que le hace albergar la sospecha de que algunos planos no fueran rodados en Gran Canaria. Esto no es asunto baladí. A su vez confirmaría la muy creíble versión de Alfredo Martín, “El Palmero” (ya fallecido) de que hubo secuencias que se filmaron en montes de la Península Ibérica o, incluso, Italia. Como cuenta “El Palmero” en los extras del DVD de Tirma editado por Impulso en 2011, extraídos por mi mismo con María Gonzalez Calimano, “a mí todos me dijeron que la película era buena. Elvira Quintillá, José María Rodero, Félix de Pomés, José María Lado, Marcello Mastroianni, Gustavo Rojo, Silvana Pampanini… Todos me dijeron que iba a ser buena. Pero se ve que después la echaron a perder.” Por supuesto que seguiremos informando.

Finalmente, dedico esta entrada a Juan Evangelista Fleitas, con quien no pude evitar emocionarme durante mi charla. Fleitas (ya fallecido) fue la segunda persona a que la entrevisté con el proyecto “Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick”, gracias a la información que me dió su cuidadora Sol Dotú, a su vez sobrina del operador de cámara de “Tima”. Era un hombre de extracción humilde, poeta aficionado, amante de la historia y de su tierra, que vivía en un piso detrás del centro de salud del barrio de la Feria de Las Palmas. Llevaba 40 años esperando a que alguien escuchara su historia. Fleitas, que en los años 50 había trabajado como peón agrícola y de construcción, fue eléctrico en “Tirma” a las órdenes del equipo de cámara, tres italianos cuyos nombres no había olvidado cincuenta años después. La entrevista fue en su casa en 2005. Divertidísima y emocionante. Varias veces se levantó de su asiento para darme las gracias con sentidos abrazos. Puede consultarse en los DVDs del proyecto.

Ahora sí, este fue el texto que leí durante la presentación del libro de Rosario Valcárcel, con algunas pequeñas modificaciones:

Esta tarde me siento feliz por dos motivos. Una, porque este libro es un nuevo fruto del proyecto Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick que emprendimos en 2005 para evitar perder -50 años después- la memoria de dos de los principales hitos sociales y culturales de Canarias en el siglo XX. Los trabajos no surgen del aire. Son posibles gracias a la sensibilidad de personas con nombre y apellidos. Por eso, aquí debo nombrar la participación en el mismo de mi mujer, Marta de Santa Ana, y de mi padre, Daniel Roca Suárez. También el apoyo expreso de Pilar Blanco y Juan José Benítez de Lugo por el Gabinete Literario; de la concejala de Cultura del Ayuntamiento, entonces y actual, Isabel García Bolta; de la directora de Filmoteca Canaria, María González Calimano; y los profesores del IES Politécnico Las Palmas, Elena Carvajal y Jesús Rosales. Carlos de la Peña y José Antonio Benítez eran entonces alumnos de este centro. Sin ellos el proyecto tampoco hubiera sido posible.

Que nuevas iniciativas, como por ejemplo esta, pudieran nacer a partir de él era el objetivo más ambicioso de aquella búsqueda y catalogación urgente y desesperada de materiales y testimonios que contó con un apoyo popular inmediato. Entre tanto, hemos recogido algunos frutos. Uno de ellos es la edición -histórica- en DVD de Tirma de Paolo Moffa a cargo de la Filmoteca Canaria, con testimonios del proyecto en sus extras editados por mí mismo con María González Calimano. Otro, las colaboraciones para una publicación a nivel nacional que está a punto de ver la luz en Madrid. Gracias a este proyecto supieron que el filme se había rodado en España. Otra es la colaboración para un documental sobre la playa de Las Canteras emitido recientemente por televisión, “Mi playa del arrecife”, de Álvaro Carrero y Tino Armas. La última es esta sorpresa: el libro de Rosario Valcárcel.

La segunda razón de felicidad es porque el libro me parece muestra de la identidad de la urbe a la que de forma implícita también homenajea con él. Valcárcel es una ciudadana ejemplar que se encarama sobre la multitud para describirnos un lugar que, como los grandes, absorbe como una esponja las señales que le llegan de fuera. Un espacio vital, sin complejos, muy generoso que ha perdido mucho tiempo -más del que pudiéramos considerar normal- para zafarse de las cuerdas que la impiden desarrollarse en toda su plenitud.

Rosario Valcárcel, cariñosa como la ciudad que demuestra amar, retrata aquella Las Palmas subordinada, alegre, pequeña y oprimida bajo el peso de la dictadura franquista, a través de de un joven quinceañera, María Teresa, enamorada antes de lo bello, de lo puro, de lo feliz, que del bueno (¿o el bobo?) de su novio José Antonio. Por eso la chica ama las ballenas, como expresa sin morderse la lengua en uno de los más bonitos pasajes del libro. Son la naturaleza en toda su grandeza.

El contexto es el rodaje del filme Moby Dick en Las Palmas de Gran Canaria, circunstancia que es uno de los principales hitos históricos y sociales de esta ciudad durante el siglo XX. El rodaje llegó como un regalo de Navidad, entre finales de 1954 y enero 1955. A partir de él podemos asociar Las Palmas de Gran Canaria con nombres de talla universal como los escritores Herman Melville (autor del clásico de la literatura); Ray Bradbury (coautor del guión, a cuya escritura dedicó un libro distinguido con el Premio Nacional del Libro en los Estados Unidos); John Huston (co-autor del guión y director del filme, que fue premio al Mejor Director del Círculo de Críticos de Nueva York) y Gregory Peck (el más querido y admirado, el más deseado, que venía a la ciudad de hacer, nada menos, que la comedia romántica Vacaciones en Roma, de William Wyler, con Audrey Hepburn). Peck (el capitán Ahab), que llegó a Las Palmas acompañado de su novia Veronique Pasani, a quien había conocido durante aquel rodaje anterior en la capital italiana y con quien se casaría el 31 de diciembre del mismo año, 1955, un día antes de empezar 1956, año de estreno mundial de Moby Dick.

Otros nombres que estuvieron en Gran Canaria, con el nombre de sus personajes: Richard Basehart (Ishmael), Seamus Kelly (Flask), Leo Genn (Starbuck), Harry Andrews (Stubb), Edric Connor (Daggoo), Friedrich von Ledebur (Queequeg), Bernard Miles (Manxman). Y finalmente, uno que ha pasado más desapercibido, Oswald Morris, el director de fotografía, que había trabajado con Huston en Moulin Rouge y es responsable de filmes tan prestigiosos como Lolita de Stanley Kubrick, El violinista en el tejado de Norman Jewison; y Los cañones de Navarone, también protagonizada por Gregory Peck, con David Niven y Anthony Quinn.

Moby Dick fue la película más taquillera de 1956. Costó 4,5 millones de dólares y recaudó más del doble: 10,4 millones. ¿Cómo podríamos explicar a los jóvenes de hoy el significado de aquel impacto en la ciudad? Para que lo entendieran en toda su dimensión no podríamos decirles, solamente, que vino un formidable equipo de rodaje de Hollywood. Podrían pensar que eso es algo tan fácil como 16 horas de vuelo en cómodos aviones supersónicos, retoque de la imagen con un ordenador y a otra cosa. Mejor, habría que contarles que durante la Navidad de 1954 los mismísimos extraterrestres visitaron esta ciudad. Marcianos todo lo contrario a los que suele retratar el cine. Nada hostiles, pues dieron trabajo y pagaron propinas en dólares, enseñaron técnicas y materiales nuevos, trajeron maravillosos inventos desconocidos, participaron en recepciones glamourosas, aceptaron retos en combates de boxeo y se mezclaron con la población hasta el punto de compartir juergas históricas.

Estimula comprobar que en el libro de Valcárcel hay muchas anécdotas extraídas directamente del proyecto Salvar la Memoria: 50 años de Tirma y Moby Dick. Narradas por nuestros héroes locales. Aquí la escritora honra a sus protagonistas llamándolos por sus nombres reales: Manuel Márquez –el figurante grumete al que dieron un bañador que se inflaba al contacto con el agua, pues no sabía nadar-; Francisco Correa –administrativo de la Casa Miller que tradujo las directrices del jefe de construcción Mr. Jolly en los talleres Hull Blyth de la Compañía Carbonera, localizada justo donde hoy está el edificio de Maphre Guanarteme junto al mercado del Puerto-; Juan Socorro –que trabajó en la construcción de la ballena-; y Juan Antonio Carvallo –nieto de quien patroneaba el remolcador que halando (de alas si dejamos la hache muda) o como, diríamos aquí, “jalando” de la maqueta construida sobre una barcaza daba vida a Moby Dick-.

Que nuevas iniciativas, como por ejemplo este libro, pudieran nacer a partir de “Salvar la Memoria: 50 años de “Tirma” y “Moby Dick” era el objetivo más ambicioso de aquella búsqueda y catalogación urgente y desesperada de materiales y testimonios que contó con un apoyo popular inmediato. Entre tanto, hemos recogido algunos frutos.

Agradezco expresamente a Rosario Valcárcel que aporte nuevas luces, fruto del buceo en la prensa de la época. Por ejemplo, la llegada desde Londres y Lisboa en hidroavión de buena parte del equipo técnico y artístico después de volar durante toda la noche. O en el traslado coyuntural del rodaje al sur de la isla debido al mal tiempo. Como ella misma indica en su relato, de qué mejor manera podría reaccionar la Naturaleza ante el hecho de que unos cineastas pretendieran filmar la caza final de la ballena blanca. Ya lo impidió en aguas menos apacibles del Atlántico Norte rompiendo dos maquetas, como cuenta Huston en sus memorias. También incluye Valcárcel en su relato la botadura con champán del cetáceo de madera, hierro y látex, a cargo de la niña Amalita Guillén. La descripción de la llegada de John Huston y Gregory Peck al aeropuerto de Gando es un gran arranque para el libro, que igualmente tiene un final que no por previsible (¿inevitable?) deja de estar a gran altura. Valcárcel, finalmente, apoya el texto con fotografías de la construcción de la ballena y publicitarias del filme de la valiosa colección de Andrés Padrón.

Moby Dick en Las Canteras Beach está dirigido a un público juvenil a partir de 12 años, como se lee en su cubierta. Bien puesto por la editorial. Porque quiere decir que está destinado a todo aquel -o aquella- que haya superado los 12 años y se considere joven, aunque tenga 90. En esta ciudad generosa y alegre son muchos más de los que parece. Pero no se dejan ver con facilidad. Hay que buscarlos. El libro tiene por ello un enorme público potencial. Y yo le deseo a su escritora, y a la editorial, que lo encuentre. Muchas gracias.

Índice de fotos:

1) Collage de las fotos recientemente encontradas en Internet de la construcción de la ballena.

2) Material de difusión del Encuentro de Patrimonio del Cabildo de Gran Canaria.

3) Juan Evangelista Fleitas, en una captura de pantalla de la entrevista que le realicé en 2005 en su domicilio.

4) Portada del libro de Rosario Valcárcel.

5) Recorte de prensa de 2007, firmado por Ana Sharife en la desaparecida La Gaceta de Canarias, sobre la finalización del proyecto “Salvar la Memoria: 50 años de “Tirma” y “Moby Dick”.

6) Fotografía de la colección Andrés Padrón, incluía en el libro de Rosario Valcárcel, que muestra la foto de grupo de los que participaron en la construcción de la ballena blanca.

7) John Huston y Gregory Peck a su llegada a Las Palmas de Gran Canaria en 1954. El número en la vela del barco de vela latina al fondo presagia la fecha de estreno comercial del filme.

8) Documento que acredita la participación de Manuel Márquez en el filme.

9) Ilustración -encontrada en Internet- sobre la caza de Moby Dick.

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4 pensamientos en “Recuperar, divulgar, salvar (6): “Moby Dick en Las Canteras Beach”; Encuentro de Patrimonio Audiovisual de Gran Canaria

  1. Pingback: Magnum saca a la luz nuevas fotografías del rodaje en Canarias de Moby Dick (John Huston, 1956) | Cine, comunicación y viajes desde Canarias

  2. Quisiera sólo decir que mi familia participó en la construcción de la ballena.Mi abuelo materno; Antonio Vega fue uno de los jefes de varadero.Mi tio abuelo Gumersindo (Sindo) al cual si mencionan brevemente,salvó de ahogarse a Gregory Peck mientras rodaban una escena,en la que quedó enredado por unos cabos.Sé también que la ballena pequeña fue bautizada con el nombre de Sindo..Es bonito saber que tu familia ha participado en un proyecto como este y enterarte de una anécdota tan bonita como que tu tio abuelo salvó a una estrella de Hollywood..8)

  3. Muchas gracias Luis Roca por este artículo que representa una aportación a tu trabajo 50 años Moby Dick y Tirma Salvar la memoria.
    “Moby Dick en Las Canteras Beach” es como tu dices una novela que intenté escribir con un estilo vigoroso y poético. Que me trasportó a todos los personajes que intervinieron en la construcción de la Ballena y en el rodaje de la película y que yo he respetado con sus nombres propios.
    Me transportó a aquellos años pobres pero fantásticos, a aquella cotidianidad de una ciudad que despertó con la llegada de Hollywood.
    Un abrazo apretado para ti y para todas esos seres conmovedores que participaron y que he intentado que permanezcan en la memoria para siempre.

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