Galdós se traduce al hebreo / Declaración de amor a Tel Aviv


(Las fotografías que acompañan este texto, a excepción de la portada del libro y aquella en la que salgo yo mismo, son todas propias. Las fotos del collage fueron realizadas con Iphone 4S. Las otras con cámara digital convencional. Al final se ofrece una descripción de ellas)

Coincidiendo con el incendio de julio en Tenerife (el incendio que precedió al pavoroso de La Gomera), Rosi Burakoff me da la noticia por email: la traducción de la novela Gloria de Benito Pérez Galdós al hebreo ya es un hecho. “Sale el próximo mes de agosto a la venta.” Así fue. La traducción es de Menajem Argov y Rosi Burakoff. La editorial, Rimonim. Esta es la portada.

“¿Ves como tu esfuerzo tuvo frutos y más pronto de lo que esperábamos?,” siguió escribiendo la doctoranda en Letras Hispánicas y con la Licenciada en Letras Inglesas por la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Autónoma de México, especialista en traducción literaria. Es la segunda vez que el novelista se traduce a este idioma, un hito para el que la reciente actividad llevada a cabo en Israel, de la que informé en una entrada anterior, supuso un importante empujón. Existe una traducción al hebreo de Doña Perfecta pero como confiesa Burakoff, “poco se sabe de ella o de su autor”. Gloria, traducida al hebreo, se presentará por primera vez en el Instituto Cervantes de Tel Aviv el 25 de octubre próximo, un evento y un lugar que Burakoff vincula directamente con la reciente celebración allí de la actividad Buñuel-Galdós, Vasos Comunicantes, que fue posible gracias a la Embajada de España en Tel Aviv, el Cabildo de Gran Canaria a través de la Casa Museo Pérez Galdós, el Instituto Cervantes de Tel Aviv, la Cátedra Pérez Galdós de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la asociación Cinexprés y la Universidad Hebrea de Jerusalén a través de su Department of Romance and Latin American Studies.

La traducción al hebreo de la novela El abuelo ya está en marcha.

Me interesé por los detalles de este trabajo. Estás fueron las explicaciones que me dio Burakoff: “El proyecto comenzó en el pasado Congreso Internacional Galdosiano. Rosa Amor se intereso en que yo tradujera una novela de Galdós al hebreo para que ella realizara la impresión y publicación con la revista Isidora. A mí regreso a Israel contacté con mi amigo y traductor Menajem Argov, que aceptó hacer el proyecto juntos.” Menajem Argov ha sido el traductor, entre otros, de Milagros de Nuestra Señora [Sefer HaNisim shel Gvirtenu Maria HaKedosha], de Gonzalo de Berceo, en 2002; Los trabajos de Persiles y Sigismunda [Tlaot Persiles ve Seguismunda], de Miguel de Cervantes, en 2008; El Conde Lucanor [Harozen Lucanor], de Don Juan Manuel, en 2010; Libro Del Buen Amor [Sefer Haav Hatov], de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, en 2011; y El llano en llamas [Hamishor Belehavot], de Juan Rulfo, en 2011.

“Cuando habíamos terminado la primera parte del libro”, continúa Rosi, “nos vimos en la obligación de buscar nuevos fondos y apoyo. Conseguimos una ayuda económica de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas de Ministerio de Educación y Cultura de España para publicarlo. Y también queremos destacar el apoyo de Yael Shachnay de la Editorial Rimonim.”

Son dos buenas noticias que coinciden con la celebración, el próximo domingo, del Nuevo Año Judío. Según este calendario entramos en el año 5.773. Las celebraciones durarán hasta el martes.

¿Por qué elegiste precisamente la novela Gloria? “Por su temática y por considerarla atractiva para el lector israelí. La respuesta está en dos palabras: tolerancia y migración. El israelí está familiarizado con estos dos términos de manera cercana. La sociedad israelí moderna, sin olvidar la historia del pueblo judío, esta compuesta por miembros de diferentes culturas que han tenido que integrarse de manera casi instantánea. Además, muchos de los padres, abuelos o bisabuelos de los habitantes de Israel son descendientes directos de hombres y mujeres que migraron a esta tierra por diferentes razones culturales, ideológicas y económicas. ¿Que cuál podría ser el interés del lector israelí por el texto de Gloria? Te va a sorprender la respuesta: el amor. En este día que te escribo [recibí ese correo el 2 de agosto] en Israel se celebra el Día del Amor y la Amistad y con ese pretexto promocionaron el libro. La periodista Gili Sokolov de la radio Kol Ramat Hasharon me preguntó por la historia de amor de los protagonistas y la comparó con Romeo y Julieta. Pensaron en un tipo de personajes románticos. Aclaré que bien podría haber una influencia romántica pero que Galdós era realista y buen lector de Shakespeare, Cervantes y Dickens. Esperemos seguir promoviendo Galdós aquí en Israel. A mí me gustaría poder traducir El abuelo.”

Finalizamos los contactos previos a la publicación de esta entrada cuando Rosi Burakoff me lo adelanta en primicia: “Hoy es una realidad: las primeras líneas de la novela en 5 actos El abuelo empiezan a tomar forma y nuevamente en esta aventura voy acompañada por el entusiasmo y dedicación de Menajem Argov.” La traducción ya está en marcha. Dos buenas noticias que coinciden con la celebración del próximo domingo, del Nuevo Año Judío. Según este calendario entramos en el año 5.773. Las celebraciones durarán hasta el martes. En este artículo publicado en el periódico digital Diario Judío Rosa Burakoff da más detalles sobre la traducción.

¡Vaya si fueron días intensos en Tel Aviv y Jerusalén llevando de la mano tres obras maestras de Luis Buñuel, cuatro conferencias y una donación de 75 libros de Galdós en la Universidad Hebrea de Jerusalén! Muchos paseos. Días de descubrir un país en guerra del que, contrariamente a lo que se piensa, es más arduo salir que entrar. Un kilómetro antes del aeropuerto aparece el primer control. Dos jovencitos con fusil de asalto, chico o chica (el servicio militar es obligatorio a los 18 para todos, ellos tres años, ellas dos), abren la puerta del taxi y asoman la cabeza. Te observan, preguntan, te dejan seguir. En la terminal, a la que hay que llegar con tres horas de antelación, te chequean todas las maletas en poderosos escáneres antes de la facturación.

Un país que no es barato pero tampoco caro, donde circula la moneda denominada shekel (solo puede adquirirse ahí) y el ascendente de los Estados Unidos de América es evidente en muchos turistas y algunas facciones. Las narices prominentes con forma escalonada se repiten, pero como explica nada más empezar la ruta el muy interesante Museo de la Diáspora de Tel Aviv, no hay rasgos físicos que determinen la condición de judío. Junto con rasgos árabes de los países limitrofes -la ascendecia libanesa en las mujeres destaca por su impactante belleza- el país es una mezcla de razas en Oriente Medio donde, eso sí, abundan los mujeres y hombres rubios con ojos azules. Es un país occidental.

En Tel Aviv, 400.000 habitantes, nos alojamos en el muy recomendable Cinema Hotel (erigido sobre un viejo cine y con muestras de antiguos proyectores en el interior) y coincidimos con el Día del Orgullo Gay, culminado con una macrofiesta en la hermosísima playa de la ciudad. Un playa ante la cual empiezas a dudar de si realmente Las Canteras es la mejor playa urbana del mundo. Donde destacan las grandes pérgolas de madera para dar sombra y unas duchas más funcionales que las nuestras. Con cinco escolleras -artificiales- para contener el ímpetu del mar. Con un agua verde transparente. Una playa donde un viernes –día festivo para los musulmanes- puedes ver en la playa a colegialas en bikini junto a jóvenes madres árabes en la orilla enfundadas en trajes negros hasta el cuello y los tobillos entrando con los niños al agua mientras judíos recién casados en la avenida –él con la caracterísitca kipá en la coronilla- se sacan fotos con vistas al mar. Una ciudad jovencísima (100 años de vida) que convive con otra viejísima, Yafo (3.000 años de vida), con un bonito puerto pesquero, estrechísimos callejones en vertical y puertas tras las cuales –se afirma- ocurrieron hechos relatados en la Biblia. Bueno, eso por todo el país.

Durante el tiempo que pasamos en Israel nos dio tiempo de cruzar el desierto de Judea, donde siguen viviendo -hoy en chabolas de lata- los beduinos, pastoreando sus cabras, extrayendo agua y plantas donde sólo hay un inmenso secarral. Es como Fuerteventura. Pudimos seguir entre plantaciones de palmeras datileras (filas y filas como un ejército en formación de gigantescos soldados con el pelo en punta de color verde). Bañarnos en el mar Muerto, vaciarnos los bolsillos con productos cosméticos Ahava provenientes de este enorme lago de 810 kilómetros cuadrados de superficie situado a 416,5 metros bajo el nivel del mar que al otro lado es Jordania y donde solo existen minerales. Ni una planta. Ni un organismo. Cero en vida. Flotar es como si fueras una hormiga negra (el baño en el mar se suele preceder de otro en barro negro) y te pusieran en un cuenco con aceite. Y la visita a la cinematográfica fortaleza de Masada, construida por el caprichoso –y prorromano- Rey Herodes para un weekend (su canción es mi favorita del filme de 1973 Jesucristo Superstar) y ocupada por 900 judíos tras la quema del Segundo Templo. 5.000 romanos los asediaron con catapultas y un gigantesco ariete hasta provocar el suicidio en masa de los judios que habían logrado sobrevivir. La miniserie Masada (1981) protagonizada por Peter O’Toole y Peter Strauss, fue rodada en el mismo emplazamiento, donde aún quedan huellas del asedio.

Jerusalén es como si la Toledo en España (me refiero a la ultrarreligiosa Toledo de Luis Buñuel en el filme Tristana, de la que escribí en una entrada anterior) fuera además Las Vegas. El turismo religioso –curioso que este tipo de turismo ofrezca para alojamiento hoteles de superlujo, los más lujosos del país, uno de siete estrellas está en construcción- es todo en esta ciudad con miles de soldados patrullando las calles y un barrio ultraortodoxo con habitantes que dan cierta grima. Menos grima, aunque invita a la reflexión, cuando ves a niños con la misma indumentaria negra como en permanente invierno y las largas patillas en bucle características. Las mujeres ultraortodoxas van tapadas con una especie de gorra de punto o lana que les cubre el cabello. La belleza, dicen, solo la pueden mostrar a sus maridos. Choca, pero son de este mundo. Por eso me parece bien que estén también obligados como los demás israelíes a cumplir con el servicio militar. Una ciudad donde agentes de seguridad israelíes de paisano te acompañan si una excursión por las catacumbas te lleva a salir por el barrio árabe. Una ciudad construida sobre capas con mucho de cuento y todo de historias de la Biblia. Con una prestigiosa universidad con vistas al Monte de Los Olivos. Con columnas de cuerpo liso y dos metros de altura de la época de Herodes que puedes palpar con los dedos.

Y Tel Aviv es como Barcelona en España aunque anclada arquitectónicamente en los años cincuenta. Los edificios son en su mayoría bloques de viviendas de protección oficial, casi todos de cinco alturas. En realidad recuerda a Schammann en Las Palmas de Gran Canaria. Desde el aire sobre la bruma se elevan algunas torres de forma desordenada por varios puntos de la ciudad. Un pequeño aeropuerto al norte de vuelos hace que pequeños aviones de hélices y militares surquen con frecuencia la ciudad viniendo del sur. La ciudad está viva. La nueva zona de La Marina, al sur en la desembocadura del río Yarkon, recuerda a las rehabilitaciones de las ciudades más modernas. Los atardeceres son espectaculares en el 99% de los casos, porque la ciudad, en la linde este del Mediterráneo, da toda ella al poniente. Así que estés donde estés siempre tendrás la oportunidad de ver el sol ponerse detrás del horizonte. Por toda la ciudad hay mil sitios donde comer. Nosotros nos reencontramos con las refrescantes limonadas naturales de siempre y descubrimos las saludables infusiones de hierbabuena para el desayuno.

No sé si por la guerra, pero la ciudad es de esos lugares del mundo como Nueva York donde tienes la impresión que se escribe la historia. Donde si pasan cosas, retumban de verdad en todo el mundo. Está viva. Es una ciudad especial, con personalidad, mujeres independientes (dicen además que ultradominantes) y un seguro enemigo interior que siempre impedirá que nadie se duerma nunca. Que obligará siempre a controles de los bolsos en la entrada de todos los centros comerciales, estaciones y principales terrazas. Un país en estado de guerra es un país de extremos. Tel Aviv me enamoró. Adiós, como parece estar diciendo la bañista -es mi madre- en la foto con que termino este texto.

Índice de fotos:

1) Pareja de enamorados en la playa de Tel Aviv con la ciudad de Yafo al fondo.

2) Portada del libro “Gloria”, de Benito Pérez Galdós, traducido al hebreo

3) Selección de fotografías tomadas para la red social Instagram con distintos momentos del viaje.

4) Elena Tanaisú Medina, aldeana de Gran Canaria con base –entonces- en la Universidad de Haifa (Israel) posibilitó que la actividad Buñuel-Galdós, Vasos Comunicantes se realizara en Israel. Ella logró la parte más importante de la financiación, de la Embajada de España. Junto a ella, yo mismo, que comisariaba con Arantxa Aguirre el ciclo y Yolanda Arencibia, que participó representando al Cabildo de Gran Canaria y como ponente de dos conferencias.

5) Pareja de turistas en el Mirador de la Universidad Hebrea de Jerusalem, con la ciudad al fondo.

6) El Mar Muerto desde la fortaleza de Masada. A la derecha, abajo, el escenario donde al mes siguiente iba a representarse la ópera Aida, de Giusseppe Verdi, espectáculo que atraería a acaudalados turistas de muchas partes del mundo.

7) La playa de Tel Aviv, al atardecer.

8) Pareja de turistas, casualmente se trata de los mismos de la foto en Jerusalén, despidiéndose de la playa de Tel Aviv cuando sabían que no volverían a ella, al menos en este viaje.

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