Werner Herzog o de lo útil que a veces es lo inútil


Pasar un barco por encima de una montaña en el Amazonas es el descomunal desafío que narra la película de Werner Herzog Fitzcarraldo (best director award at the 1982 Cannes Film Festival), uno de los logros-emblema del cine mundial en un tiempo que esas cosas todavía no podían resolverse con FX. Había que estar allí. El director alemán estuvo dos años y cinco meses en la linde de la selva peruana para filmar la osadía, de forma que el barco pudiera seguir su ruta desde el río Camisea por el Urubamba. Utilizó dos barcos gemelos, uno que trepara montaña arriba, otro que descendiera monte abajo.

Una conquista que Herzog califica al final del libro de “totalmente inútil” y cuyo día a día narra en este libro titulado Conquista de lo inútil, de 322 páginas como lianas, epílogo y anexo con nombres y lugares, editado en febrero de 2010 por Blackie Books.

No hay revelaciones en el libro que podrían llenar medio año de tertulias en las letrinas de la telebasura actual. Y nada nuevo bajo el sol en torno a los insufribles desvaríos del protagonista Klaus Kinski, brutal maltratador de mujeres en tiempos en los que el delito no lo era. Tampoco sobre otros nombres de ‘celebrities’ que salpican algunas de las páginas del libro (Claudia Cardinale, Francis Ford Coppola y Mick Jagger).

Lo valioso lo constituyen los miles de planos subjetivos (punto de vista netamente alemán), que cambian las escalas a las que estamos acostumbrados. Los ojos de Herzog se transforman en dedos que tejen apuntes de lo visto y vivido. A veces narraciones, más veces descripciones. Y el conjunto es un acercamiento privilegiado a la relación del genial director con la naturaleza -clave principal para comprender su obra- al tiempo que una descripción de las contradicciones inherentes a esa naturaleza suya tan germana, entre lúcida y obtusa.

Varios centenares de colaboradores –peruanos, brasileños, alemanes, norteamericanos, algunos enloquecieron durante el proceso, otros murieron, muchos desertaron- hicieron falta para culminar la proeza. De estos, tribus enteras de indígenas, lógicamente desconfiados, generosos. La selva es la protagonista, descrita por Herzog como un animal más odioso que deslumbrante, como un monstruo indomable de belleza terrible.

¿Inútil? También es actriz principal la escritura. No en vano, el libro se revela como una muestra del poderoso estilo literario del alemán que rodó en 1970 con el mismo director de fotografía, Thomas Mauch, También los enanos empezaron pequeños (Auch Zwerge sind klein geboren) en Lanzarote. Entre avionetas que aterrizan en pistas cubiertas por la maleza; crecidas y decrecidas de ríos (metros de altura en cuestión de horas); viajes relámpago a Nueva York o Los Ángeles para procurar financiación, moscas como loros, loros como sapos, sapos como ratas, ratas como serpientes, serpientes como tigres, tigres como hombres, Herzog nos regala párrafos de una belleza inolvidable. El que sigue ha sido escogido al azar al segundo intento. Está fechado en Camisea (lugar que se marca en la imagen aérea de Sudamérica que se acompaña al finalizar el texto) el 11 de febrero de 1981:

“Espera en un banco de arena que normalmente está firme pero que ahora está tan empapada que los bordes ceden al peso. El barco, con más de cien indios a bordo, aún no estaba en posición. En el walkie-talkie que me conecta con los leñadores al otro lado del río, donde cortan con motosierra una serie de árboles enormes para que caigan uno tras otro como ficas de dominó, o eso esperamos, he captado de pronto una comunicación de Estados Unidos, de Kansas City. Una mujer hablaba con su marido, que hacía una ruta con su camión, y la conversación sonaba extraña y artificial, sobre todo por la mujer, que hablaba como si estuviera en un anuncio de televisión, pero era una charla privada y yo la escuchaba desde lo más profundo de la selva. He pensado meterme y saludar, pero mi transmisor es demasiado débil para eso. Vignati ha llegado de la selva, el pelo enredado y lleno de moscas, dando manotazos a su alrededor, y le hemos quitado los bichos de las greñas.

Árboles cayendo todo el resto del día. El ruido de los gigantes al desplomarse es el verdadero acontecimiento. El más colosal de todos ha suspirado, después ha gritado, luego se ha tirado un pedo y por último ha crujido con una violencia monstruosa. Mucho más tarde seguían chasqueando ramas enormes, hasta que se han callado por completo. Una colonia de murciélagos ha salido volando, confundida, y también un enjambre de abejas, unos pájaros y una nube de pequeños insectos voladores. Unas oruguitas delgadas han salido huyendo combadas, estirando bien la parte superior hacia delante, apresurando el galope de oruga.

Un vapor se desprende ahora de la selva como después de mil años de lluvia. El río fluye ensimismado, sin plan. Una sombra se ha elevado de la selva y ha oscurecido el cielo. La luna, tímida, hoy no se anima a mirar desde el horizonte. Esta noche he amarrado mi barca a estrellas magras y vacilantes. Los frutos desconocidos de un árbol desconocido han caído como un restallido en el suelo húmedo fuera de mi choza cuando la oscuridad ha sido completa.”

Yolanda Barrasa, guionista: “Internet es el catalizador de la revolución del cine”


Hito en la formación audiovisual en Canarias ha sido la llegada del Centro de Estudios de Cine de Canarias (Cecan), que desde 2009 organiza cursos que reciben la titulación oficial de la Escuela de Cine y Televisión de Cuba (EICTV). En julio de 2010, Yolanda Barrasa, guionista, consultora de guiones y profesora de la EICTV, impartió un taller sobre guiones de cortometrajes en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria. Manchega residente en Madrid, soltera a punto de entrar en los 40, Barrasa dejó a los 30 años un puesto fijo en una importante multinacional de la cultura para dedicarse a lo que siempre soñó. Sus cortos han participado en festivales como los de Toronto, Clermont-Ferrand o Cinema Jove. En 2011 verá la luz Tenemos que hablar, largometraje compuesto por siete cortos dirigidos por mujeres europeas y americanas. Será su primera experiencia también como directora. Esta entrevista fue realizada con motivo de la estancia de Yolanda Barrasa en Las Palmas de Gran Canaria.

Hablamos de cine en diez minutos. ¿Qué le pides a una historia que tenga esa duración?

En primer lugar, un buen protagonista, construido íntegramente y con objetivos claros. Es decir que cuando la historia arranque el espectador identifique rápidamente sus características y necesidades. También, que la historia tenga un clímax y, por último, que el final sea imprescindible e impredecible. Si además muestra a un director con un universo propio, estaríamos ante un gran cortometraje.

¿El corto es un paso necesario para afrontar un largometraje?

El corto es la gran escuela y una carta de presentación de cara a la industria. Cuando has pasado por la experiencia de escribir y rodar cortos, empiezas a entender como funciona realmente el guión y cuál es su relación con los demás profesionales necesarios para hacer una película. Por eso haber obtenido esa experiencia es un valor añadido fundamental. Además, con el corto te puedes permitir el lujo de poder rodarlo y –muy importante- también de fallar. No creo que rodar cortos sea imprescindible, pero el bagaje de esas escrituras y esos rodajes te dará cintura para luego moverte en el mundo del largometraje, mucho más exigente. También ocurre que es un formato con sus propios códigos, su propia dramaturgia. Por eso a muchos directores de largometrajes consagrados les cuesta rodar un buen corto.

¿Qué cualidades son imprescindibles para ser un buen guionista?

La primera es disciplina, ser capaz de sentarte a escribir ocho horas. El talento sin eso son ideas en la cabeza, y esto es un oficio. Escribir es reescribir. Sólo en la reescritura se alcanzan versiones buenas. Además, en la escritura te enfrentas contigo mismo. Una cualidad fundamental por eso es tener un universo personal, que te identifique como autor y te posicione. Zambullirte en la vida, tener vivencias y capacidad de mimetización con lo que ocurre a tu alrededor, es lo que te hace tener ese universo personal, que también me parece imprescindible.

¿Internet está haciendo que el mundo del corto pueda tener una mejor salida económica y profesional?

Sin duda. Internet es una ventana de exhibición. Y el usuario demanda algo rápido, directo y climático. Condiciona las ventanas de exhibición, la dramaturgia del propio corto y por supuesto su duración. De hecho, más de veinte minutos hoy ya es mucho tiempo para un corto. Y proliferan cada vez más los certámenes que no admiten más de diez minutos. Internet está cambiando toda la concepción del cine. Es el catalizador de la revolución del cine que está por llegar.

¿Por qué proliferan los libros que enseñan a escribir largos y no cortos?

Para la industria, el corto se ha considerado tradicionalmente como un paso para el largo. El año que viene publicaré editado por la EICTV un libro sobre la dramaturgia del guión de cortometraje. No existen libros de textos así. Ni siquiera profesionales que hayan hecho una investigación acerca del mundo del cortometraje. Por eso este taller tiene tanto éxito. Es paradójico que se estudie guión para largo en las escuelas cuando el trabajo de tesis de fin de carrera es siempre un corto.

¿Cuál es hoy por hoy el cine más interesante que se está rodando?

Está en Latinoamérica. Allí se está haciendo el mejor cine del mundo, aunque Asia es un mercado también interesante que no conozco tanto como el europeo o el americano. Por historia, en Latinoamérica se han formado grandes profesionales que quisieron cambiar el curso de la historia del cine. Allí también hay mucho menos dinero y cuando hay que agudizar el ingenio se hace siempre desde el guión, que resuelve dramáticamente problemas de producción. Eso crea un ruptura en las estructuras clásicas en películas maravillosas, que transgreden como una bofetada los pilares básicos del cine.  Hablo de películas que han llenado salas, como, entre otros muchos otros, la peruana La teta asustada -que debió haber ganado este año el Oscar frente a El secreto de sus ojos-, la chilena Tony Manero o la mejicana Los bastardos.

¿Qué opinión te merece el cine español?

Creo que está siendo interesante en el cortometraje y en las películas pequeñas de cine independiente. La revolución que vive el mundo del guión no afecta tanto a la industria del cine como a las películas independientes, porque son las que te permiten hacer investigación sobre estructuras dramáticas e inventar soluciones nuevas que revitalicen, que oxigenen el cine. Las productoras grandes están condicionadas por el corsé de los modelos que han funcionado en taquilla. Pero la magia del cine es que nada está escrito, que no se sabe cuándo funcionará una película y que los modelos no son garantía de nada. El caso de la argentina El hijo de la novia es paradigmático. Su guionista, Fernando Castets, nunca previó el arrollador éxito que tuvo su historia.

¿Qué ha supuesto para ti la EICTV de Cuba?

Hay un antes y un después cuando uno pasa por allí como docente o alumno. Igual me sucedió a mí. Es un centro donde se vive el cine desde dentro. Es muy importante que los docentes sean siempre cineastas de prestigio en sus respectivas especialidades. No tiene precio tener la posibilidad de compartir un cerveza con Coppola, Spielberg, Costa-Gavras o Lucrecia Martel, por poner cuatro ejemplos destacados y muy opuestos a la vez. Por no hablar de gente menos conocida, como el cubano Eliseo Altunaga, uno de los dramaturgos de cine más importantes que existen en el mundo.  El intercambio con alumnos de los cinco continentes con similares inquietudes te hace entender que todo es posible. Además, la escuela es una gran lección de vida y tolerancia. Aprendes a vivir con mucho menos de lo que pensabas necesario y a darle a las relaciones personales la importancia que merecen.

¿Están los guionistas tan maltratados en la industria como se dice?

No lo creo. La queja sobre ese presunto maltrato suele venir de los que no son profesionales, que por otro lado es lo que realmente falta. Un guión no es una pieza literaria, es parte de la producción de una película. Si no hay película es un montón de papeles sin importancia. Por eso en el proceso de producción el guión puede cambiarse y el guionista debe ser lo suficientemente profesional para saber mantener la distancia y aceptarlo. Otra cosa es la remuneración. Es el último que cobra, la mitad cuando empiezas a escribir, otro tanto cuando se empieza rodar y el total cuando la película se estrena. Como sabemos, hay una alto porcentaje de películas españolas que no se estrenan. Así que puede pasar muchas veces que no cobres lo inicialmente previsto.