Se desaprobó el reglamento (de la ley Sinde)


Considerando las muchas opiniones que expresan hasta gozo por la no aprobación (la desaprobación) el viernes 2 de diciembre del reglamento de la llamada ley Sinde (ley antidescargas ilegales, antipiratería son nombres más adecuados) por parte de tuiteros de referencia (perdonen que no me levante -que se le ocurriría a Groucho Marx para su lápida– y opine solemnemente que tener 100.000 seguidores en Twitter es algo bien distinto a ser el Mesías de cien mil almas ni el empresario de otros tantos trabajadores, tampoco tener en Twitter 100.000 seguidores es ser un grupo musical y haber vendido o que te hayan pirateado cien mil discos).

Que la industria cultural nacional no se haya adaptado a una tecnología que rompe con desgarro las fronteras no es razón para no tenerla en cuenta. ¿El sector que impone tan rápido cambio vela por el Bien Supremo de la Humanidad o tiene también sus interesillos llamémosles, llanamente humanos?

Respetando que efectivamente hay –seguro- opciones más efectivas y brillantes (otra cosa sería la puesta en práctica de las mismas y la premisa irrenunciable que eso corresponde hacerlo a los Gobiernos, buenos o malos, hasta que cambiemos el sistema de gobernarnos, igual que los libios o de forma distinta a ellos), permítanseme estas líneas para volver a reivindicar sin acritud ni ambages el desarrollo de la dichosa ley por parte del Gobierno entrante y refrendarme en el calificativo que un muy prestigioso cineasta, Fernando Trueba –Mejor Película de Animación de la Academia del Cine Europeo 2011, ¿cuántos amigos en Facebook, cuántos seguidores en Twitter?-, ha dedicado al saliente: “cobardes impresentables”.

Perdonen que no me levante y opine que tener 100.000 seguidores en Twitter es algo bien distinto a ser el Mesías de cien mil almas. Permítaseme volver a reivindicar el desarrollo de la ley y refrendarme en el calificativo que un cineasta ha dedicado al gobierno saliente: “cobardes impresentables”.

El próximo viernes 16 hay una última oportunidad de aprobar in extremis el reglamento. Si no fuera así, como apuntan que va a suceder voces cualificadas, la papa caliente, es decir la PC, se la deja el PSOE al PP llegante. Sería una prueba más de la debacle moral y, fundamentalmente, organizacional del partido de los 100 años de honradez –“y cuarenta de vacaciones” que repetiría con sofoco mi abuelo comunista en la década de los ochenta del siglo pasado, la última de su vida-. Quizás, como muchos apuran, se trata para todos las fuerzas políticas de izquierda de aprovechar la debacle como oportunidad para refundarse, aunque para ello haya que pasar por el penoso trance de renunciar a privilegios, vicios adquiridos, prebendas. Superar traumas. A quitarse los muchos enquistes morales e intelectuales de encima. A pensar, siquiera, en asumir con inteligencia la necesidad de que quizás haya que adoptar entre tantas alguna política tradicionalmente ligada al corpus incorrupto de la derecha. ¿No hace la derecha lo mismo pero en sentido contrario? Hacerlo es, a mi juicio, la salida para no quedarnos en manos del capitalismo trasnacional. Del mundo gobernado por las empresas. En esa dirección sopla el viento sobre la Tierra.

Recapitulando, sí al cambio de modelo, sí consensuando los tiempos y plazos. Y sí con una ley (y un reglamento) que le diga a la ciudadanía que por encima de la tecnología existe un derecho establecido sobre un compromiso social que para anularlo primero procede cambiarlo.

Abrí este blog escribiendo que la mera formulación de la ley era una victoria del hombre sobre la jungla, poner puntos sobre las íes, y que ya solo por eso merecía la pena. A sabiendas de que la jungla en relación a los contenidos audiovisuales muchos consumidores la entienden como el paraíso para ellos por la siguiente mera certeza insuperable: “Me sale gratis”. Entiendo –quizás me equivoque- que ese no puede ser el razonamiento que hace avanzar las sociedades. No ha sido el razonamiento que me haya hecho avanzar ni a mí mismo ni a todas las personas que conozco a mi alrededor, sin excepción. Tampoco a los propietarios de las webs de descarga ni las operadoras. Nadie que aplaude las descargas gratuitas aplaudiría que le robaran el producto de su trabajo, sea presidente de una corporación, frutero, deportista, panadero, actriz o portero de discoteca. Por eso la ley, al margen de su aplicación más o menos exitosa (sobre eso hay teorías que seguirán siendo solo eso hasta que se ponga en marcha), separa con voz alta lo que está bien de lo que está mal en base a nuestra tradición y ordenamiento jurídicos. En base al modelo existente. Hay que recordar que hasta los debates iniciales que la propiciaron, la piratería no sólo se practicaba con fruición y descaro, sino además estaba socialmente muy bien vista. En el país de los pícaros, en el país de la crisis, el pirata era el machito, el espabilao, el líder de la manada. Ya no es así.

Refundar las fuerzas políticas de izquierda, renunciar a privilegios, vicios adquiridos, prebendas, quitarse enquistes morales e intelectuales de encima es la salida para no quedarnos en manos de un mundo gobernado por las empresas.

Que la industria cultural (nacional) no se haya adaptado a la velocidad del rayo a una tecnología extranjera que rompe con desgarro las fronteras no es razón para no tenerla en cuenta; podemos pensar lo mismo de los gobiernos nacionales, diputaciones, cabildos o ayuntamientos. Son lentos como tortugas respecto a la realidad. También los tribunales van con insoportable retraso respecto al avance social; lo vemos día a día y ahí los tenemos y respetamos. Nos aguantamos. ¿Es necesariamente la capacidad tecnológica lo que debe ordenar el modus vivendi? ¿Es imprescindible que ese modus desarrollandi cambie al ritmo que la capacidad tecnológica ordena, es decir, de hoy para ayer en los tiempos que corren? ¿El sector que impone tan rápido cambio vela por el Bien Supremo de la Humanidad o tiene también sus interesillos llamémosles, meramente humanos?

A pesar de que desde el lado de los que se proclaman “representantes de los internautas” se hayan destacado los insultos provenientes del otro extremo de la fuerza no es menos cierto que el territorio Internet si es rey de algo, también lo es del insulto, el exabrupto, muchas veces feroz, anónimo, cobarde.

No me siento capaz de responder a todo, pero sí de olfatear algunas respuestas. Para mirar alrededor y ver si el efecto del cambio es de verdad beneficioso para alguien, y en tal caso, para quién. De la ley antidescargas, con y sin reglamento, pienso que es aún poco valiente (o generosa) por no penalizar al consumidor como han hecho en otros países/civilizaciones más avanzados/as que el nuestro, entre otros/as en aquel de donde viene la tecnología. El miedo a la multa, como pasa al volante, evita que descarrilen muchos coches llevándose por delante -eso es lo peor- peatones inocentes. También que el futuro pasa de forma evidente por una evolución consensuada del sector de la industria cultural, como piden algunos tuiteros con muchos seguidores, pero no necesariamente al ritmo que éstos piden. Porque los actores del modelo existente no están obligados a ser tan inteligentes ni ágiles como popes e internautas; ellos no son nada más -y nada menos- que los dueños de los resultados que hacen existir y moverse al modelo. Así que el ritmo debe ser también consensuado. Con plazos necesariamente, pero plazos consensuados. Por otro lado, no creo que sea hilar fino demonizar a todo un sector por los cables de Wikileaks que hablaban de presiones de multinacionales USA sobre los legisladores españoles. Pertenezco al sector y no soy multinacional. Esas presiones las entiendo, pero no son parte de mi mundo. No me creo que González-Sinde sea la Johnny Terrori del capitalismo multinacional.

Hay que recordar que hasta los debates iniciales la piratería se practicaba con fruición y descaro. En el país de los pícaros, en el país de la crisis, el pirata era el machito, el espabilao, el líder de la manada. Ya no es así.

«Nosotros intentamos luchar contra la piratería con un nuevo modelo de negocio y no con una ley. Nuestro modelo intenta ser mucho más sencillo que piratear un libro y a un precio asequible. Si a un usuario se lo pones fácil va acudir a plataformas legales». Las palabras de Aitor Grandes, responsable de 24symbols, plataforma para leer libros digitales en Internet, en el especial de El País a propósito del tema, son de las más sensatas que he oído, aunque hay que aclarar que no estamos ante ningún editor de libros en papel, a alguien con currículo reconocido en la materia. Insultos y descalificaciones haberlos, hahabídolos desde ambas partes. A pesar de que desde el lado de los que se autoproclaman (falsedad) “representantes de los internautas” se hayan destacado los insultos provenientes del otro extremo de la fuerza (“ganapanes” y “cuatro tuiteros” se les vino a malllamar de forma despectiva) no es menos cierto que el territorio Internet si es rey de algo -que lo es de muchas cosas- también lo es del insulto, el exabrupto, muchas veces feroz, anónimo, cobarde. Si es cierto es que la palabra clave de la red es esta que ha dado pie (involuntario) a la polémica actual: compartir, no lo es menos que otra debería igualarla en importancia: respetar.

De la ley antidescargas pienso que es aún poco valiente (o generosa) por no penalizar al consumidor como han hecho en otros países/civilizaciones más avanzados/as que el nuestro. El miedo a la multa, como pasa al volante, evita que descarrilen muchos coches llevándose por delante -eso es lo peor- peatones inocentes.

Recapitulando, sí al cambio de modelo, sí consensuando los tiempos y plazos. Y sí con una ley (y un reglamento) que le diga a la ciudadanía que por encima de la tecnología ¿y acaso, intereses igualmente innombrables e igualmente transnacionales? existe un derecho establecido sobre un compromiso social que para anularlo primero procede cambiarlo. Y procede exigir cambiarlo. Pero es inadmisible decidir de forma unilateral su derogación espontánea con el argumento de que una tecnología inocente así nos lo ha impuesto.

Isla de El Hierro: Raya de viento, agua y luz


«Raya de viento, agua y luz» fue mi propuesta de título, pero «La isla del tesoro renovable» fue el que eligieron finalmente mis compañeros de Endesa en Madrid para este reportaje que publiqué en el pasado mes de enero en el primer número de la nueva revista «Actualidad Endesa», y del cual se ofrece solo el texto principal, ya que también incluía una pequeña entrevista al director general de Endesa en Canarias y un despiece sobre el origen del proyecto El Hierro 100% Renovables. «Actualidad Endesa» es una publicación interna que llega, uno a uno, a los domicilios de los 25.000 empleados en Endesa en España y Latinoamérica.

El trabajo ocupaba las últimas seis páginas de ese primer número.  Fue destacado en portada. Para mí, suponía la oportunidad de volver a declararle el amor a una isla, El Hierro, que conocí de forma privilegiada en 1996 durante el rodaje de «La raya», cortometraje de Andrés M. Koppel y La Mirada que fue uno de los hitos cinematográficos del cine de Canarias de la década de los noventa. En los últimos siete años, mis colaboraciones con el suplemento El Viajero de El País me han permitido seguir profundizando en su conocimiento.

La preciosa isla de El Hierro está estas semanas de enhorabuena, bajo la amenaza de erupciones volcánicas a muy pocos kilómetros de su costa. Hoy un periódico local titula: «El magma sitia La Restinga y no se descarta erupción terrestre». Y de pronto parece que algo maravilloso puede ocurrir. Crucemos los dedos para que lo que tenga que pasar tampoco afecte a la construcción de la central hidroeólica, de cuyos detalles habla este texto. Las 10 imágenes que acompañan esta entrada son todas fotografías propias -menos la ortofoto del proyecto El Hierro 100% Renovable y la portada de la revista-. Se realizaron durante viajes a la isla entre 2005 y 2010. Al final se ofrece un índice de las mismas.

Existe una isla atlántica cercana a las costas del Sáhara que tiene forma de corazón y hasta el descubrimiento de América era el punto más occidental del mundo conocido. Es pequeña –mide lo que el barrio neoyorkino de Brooklyn- y el color como oxidado de sus montañas le dio su nombre. Ferro, en latín. Hierro.  Su origen está en la erupción de volcanes submarinos hace millones de años. El mismo principio que el resto del archipiélago al que pertenece, las islas Canarias. Por eso su costa es un sinfín de rocas cortantes de formas caprichosas. Así quedaron congeladas tras el furioso encuentro del fuego con la tierra, el mar y el aire.

Tres son los municipios de la isla de tonos rojizos. 10.700 sus habitantes. Al noreste, Valverde es la capital. Al sur, El Pinar es centro de buceo internacional por la particular belleza de sus fondos submarinos surcados por meros, barracudas y mantas diablo. La Frontera, al oeste, depara la visión más impactante. Un enorme cráter semicircular con viñedos y sol todo el año coronado por los grandes roques de Salmor, antigua guarida de lagartos gigantes.  Y en la cumbre, fosforescentes trigales dan paso sin tregua a un denso mar de nubes que esconde el bosque de laurisilva, originario de la era Terciaria. Es un humedal vibrante de helechos, hongos, musgos, plantas trepadoras y líquenes donde conviven una extensa variedad de insectos, lagartos, lagartijas, mirlos, gavilanes, lechuzas y murciélagos. Como pasear por el bosque encantado de un cuento infantil.

El Hierro, la más pequeña y occidental de las Canarias, fue el límite del mundo conocido desde el siglo II de nuestra era hasta el Descubrimiento. Al otro lado, sólo tinieblas y zozobra. Y durante 250 años, desde 1634 hasta 1884, depositaria del Meridiano Cero, “la raya” para los lugareños, la separación entre este y oeste en las representaciones cartográficas, que cruzaba el punto más occidental de la isla, Orchilla. Pero El Hierro perdió a finales del siglo XIX su “raya” por el poderío naval y económico británico, que la trasladó a Greenwich, norte de Londres, donde aún permanece. Con el Meridiano Cero El Hierro estaba en mapas y cartas de navegación de barcos de todo el mundo durante los siglos en que éstos eran el medio de transporte más avanzado del Planeta. Gracias al proyecto El Hierro 100% Renovable, la isla volverá a ser un referente mundial. La raya imaginaria que muchos herreños creían ver en el mar será ahora una raya energética sostenible compuesta por viento, agua y luz.

La fuerza del mismo viento que llevó a Cristóbal Colón a América -el viento alisio, que sopla durante todo el año en Canarias de norte a oeste-, será la que mueva las palas de los aerogeneradores cuya energía bombeará agua desde un embalse inferior a otro superior, ambos de nueva construcción. Los millones de litros de agua cayendo en un salto de 682 metros de altura harán girar los álabes de las turbinas de una central hidroeléctrica, que producirá la energía necesaria para abastecer la isla en su totalidad. La central diesel de Endesa, Llanos Blancos, inaugurada en 1970, se mantendrá como garantía de seguridad del suministro energético.

«El Hierro puede ser 120% renovable porque este modelo será exportado a islas mayores, en un camino inverso al que sucedió en el pasado: la vanguardia y el progreso, por primera vez, vendrán de una isla pequeña y lejana.»

Por su pequeñez y lejanía, El Hierro es tierra de emigrantes y desterrados. También lugar de forja de gigantes del deporte vernáculo, la lucha canaria. Es el caso de Francis Pérez («el pollito de La Frontera», cuyas asombrosas medidas (un atleta de 1,96 metros de alto y 150 kilos de peso) lo convirtieron en fotaleza inexpugnable durante diez años consecutivos. De Sabinosa, que son cuatro casas aisladas colgando de los riscos del golfo de Frontera, es Valentina, legendaria figura del folclore canario, cuyo runrún monótono y descuidado transmitía como nadie autenticidad y misterio.


En El Hierro los habitantes han aprendido a superar los obstáculos con las armas de la propia naturaleza. Un lugar naturalmente sostenible, siglos antes de que este concepto diera valor a una forma de enfrentar la vida y afrontar proyectos. Un ejemplo lo tenemos en el árbol del garoé, sagrado para el pueblo bimbache, los indígenas herreños hasta la conquista castellana en el siglo XV. El garoé era un árbol grande y frondoso de la familia de los tilos situado en la zona alta de la isla, donde es frecuente el fenómeno denominado lluvia horizontal. Por su frondosidad y la textura de sus hojas el árbol conservaba agua todo el año. Su goteo permanente lo recogían los aborígenes en un sistema de oquedades excavado a sus pies. La leyenda cuenta que un huracán destrozó el árbol en 1610. En 1957 se colocó un til en el emplazamiento original y en 2004 la arquitecta María Reyes Febles rehabilitó la zona con un acceso de caminos de piedra y barandales de madera. Febles, herreña afincada en Las Palmas de Gran Canaria, es también autora del nuevo auditorio de la isla, en fase de construcción. Para la joven arquitecta «El Hierro lleva muchos años planificando una estrategia global que permita a sus habitantes vivir del territorio sin sobreexplotarlo, encontrando el equilibrio con el medio. El Hierro puede ser 120% renovable porque este modelo será exportado a islas mayores, en un camino inverso al que sucedió en el pasado: la vanguardia y el progreso, por primera vez, vendrán de una isla pequeña y lejana.»

Para Tomás Padrón, jubilado de Endesa, ex delegado de la empresa en la isla y presidente del Cabildo herreño [n.d.autor: lo fue hasta las pasadas elecciones del 22 de mayo de 2011, donde renunció a presentarse] , máxima institución insular, El Hierro 100% Renovable es “ya una realidad que marcará un antes y un después en la historia de la isla. Un hito trascendental para El Hierro y Canarias en su conjunto”. Padrón, menudo, mirada clara y gesto amable, recuerda a la eurocomisaria Loyola de Palacio como gran valedora para el impulso final del proyecto. “En Unelco [antigua filial de Endesa en las islas] nació la idea cuando no existían los intrumentos para sacarla adelante. Años después el Cabildo tomó el testigo y esa visita a Bruselas en 2002 con el presidente del Gobierno canario, Adán Martín, lo resucitó.” El proyecto está en una espiral creciente de repercusión mundial. Las visitas para conocerlo se suceden. Los Reyes de España y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ambos en 2006, y el eurocomisario de Energía Andris Piebalgs, en septiembre de 2009, se han contado entre los visitantes más ilustres. También ha atraído la atención de ingenieros y expertos en renovables. Se calcula que unas 1.000 islas en el mundo podrían albergar instalaciones similares. La expectación generada crece exponencialmente en medios de comunicación internacionales.

“Gorona de viento” se llama en El Hierro a los muros de piedra de forma semicircular que los ganaderos construyen para proteger a los rebaños del viento. Y Gorona del Viento, S.A., compuesta por el Cabildo de El Hierro (60%); Endesa (30%) y Gobierno de Canarias (10%) es la empresa encargada de gestionar este proyecto de 64,7 millones de euros de inversión, 35 de los cuales aportados por el Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) del Gobierno español. “Seremos un laboratorio experimental”, afirma Tomás Padrón, para quien la idea de El Hierro como isla sostenible se amplía a otros campos como la enseñanza -se ha creado un módulo de Formación Profesional en energías renovables que quiere ser referencia en el Archipiélago- y el turismo científico, una alternativa inteligente para un sector que debe diversificarse para sobrevivir. Y compatible con su punto fuerte tradicional, la tranquilidad, que en lugares de soledad absoluta como a los pies del faro del Orchilla llega a conmocionar.

De las siete islas Canarias El Hierro es la mejor que ha sabido contener la dimesión de su planta hotelera. Además de su red de casas rurales, el Parador de Turismo (en Las Playas, Valverde) es el principal lugar de alojamiento. En La Frontera se encuentra también el hotel Punta Grande, que durante años fue récord Guinness por ser el más pequeño del mundo. Destacan para el baño sus piscinas naturales y para los paseos su red de senderos, especialmente bellos en los prados comunales de La Dehesa. Con una planta ganadera (caballos, vacas y ovejas) que destaca por su densidad y belleza respecto al resto de las islas, en agricultura la isla se ha especializado en los últimos años en el cultivo de la piña tropical. En 2000, la isla fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco.

El proyecto en detalle

El objetivo del proyecto El Hierro 100% Renovable es el «diseño, desarrollo, construcción y puesta en servicio» de un sistema hidroeólico capaz de cubrir la demanda eléctrica en la isla (cuya punta máxima anual es 8 MW) convirtiendo esta isla en un territorio autoabastecido solamente por energías renovables. Ese es el objetivo final, porque la realidad tecnológica impone, según técnicos de Endesa, que en las primeras fases de implantación la energía renovable ocupe una cuota de entre el 50% y el 80% del total. El sistema estará compuesto por dos depósitos de agua, un parque eólico, una central hidroeléctrica, una central de bombeo y la central de motores diesel ya existente. El depósito de agua superior tendrá la dimensión de 5,6 campos de fútbol con la altura de un edificio de tres plantas. El otro, construido a pie de mar, ocuparía 2,3 campos de fútbol sobre un edificio de dos plantas. El parque eólico, de cinco aerogeneradores, tendrá 11,5 MW de potencia instalada. La central hidroeléctrica, con cuatro turbinas Pelton, sumará 11,3 MW. La central de bombeo 6 MW. La potencia instalada de la central de Llanos Blancos es de 12,7 MW. El cálculo de las conducciones de agua se ha estimado en base a la demanda prevista para 2030.

El Hierro 100% Renovable conseguirá transformar una fuente de energía intermitente en un suministro controlado y constante de electricidad, maximizando el aprovechamiento de energía eólica y facilitando su integración en el sistema. La mayor parte de la energía vertida a la red de distribución de la isla provendrá de la central hidroeléctrica. La energía eólica generada alimentará el sistema de bombeo. Su excedente se usará para la impulsión de agua a la red de abasto desde las dos plantas desaladoras que tiene la isla a nivel del mar. El ahorro anual calculado es de 18.700 toneladas de emisiones de CO2. Y 1,8 millones de euros por los 40.000 barriles de petróleo que dejarán de comprarse.

Índice de fotos:

1) Amanecer en Las Playas. Fotografía tomada desde una habitación del Parador de El Hierro.

2) El padre del fotógrafo frente a uno de los puentes de lava de la costa norte de la isla (i). La ladera del Julán desde la cala de Tacorón.

3) El bosque de Laurisilva en la cumbre de la isla.

4) Atardecer desde el sabinar de La Dehesa.

5) Prados comunales de La Dehesa (i). Los padres del fotógrafo posan en el Mirador de la Peña, con el golfo de La Frontera de fondo.

6) Verol en primer témino, en el mirador de Bascos (i). Dos viejos viendo pasar la vida en el pueblo de Tigaday (La Frontera).

7) Portón en el Sabinar.

7) Atardecer en La Frontera. El hotel Punta Grande en primer término. Al fondo, los roques de Salmor.

8) Ortofoto con gráfico explicativo del proyecto El Hierro 100% Renovables.

9) Portada del primer número de la nueva revista Actualidad Endesa.

Larga vida a El Viajero de El País


Mañana sábado, 18 de junio, El Viajero de El País dedicará su tema de portada a Las Palmas de Gran Canaria. Para mí ha sido una nueva oportunidad de colaborar con este suplemento que felizmente ha ido superando los embates de la crisis. En contraste con aquellas personas de pensamiento intelectual más profundo ( esa es algunas veces una profundidad muy superficial), siempre he defendido a El Viajero como uno de los mejores suplementos de los que edita este periódico. Y el que mejor vende, que no es ninguna tontería. El texto principal de mañana es de Vicente Molina Foix, mientras que las fotos y el texto de despiece son míos. Las colaboraciones con El País se iniciaron en 2003 gracias a una providencial conjunción de planetas, en la que casi todo tuvo que ver, como siempre, el amor de seres queridos.

La del sábado será también una jornada especial. La disfrutaré con amigos jugando a las raquetas en Playa del Inglés, sorteando esguinces. De las muchas colaboraciones realizadas durante estos más de siete años será mi tercera vez con tema de portada; esto incluye también la foto que ocupa ese luminoso objeto de deseo. La primera portada fue para el suplemento especial sobre Canarias (¿2006 quizás?); la segunda para un número de 2009 sobre Tenerife centrado en el Siam Park. Pero el fin de semana será especial también porque el domingo la revista El País Semanal dedica su portada a la película Blackthorn, dirigida por Mateo Gil y producida por Andrés Santana. Precisamente fue la concurrida presentación en Madrid de mi libro sobre el productor canario en octubre de 2003, Andrés Santana. El vuelo de la cometa, lo que encendió la mecha de estas colaboraciones. Durante este tiempo las siete islas Canarias y otros lugares como Belgrado, Funchal o Betanzos (A Coruña) han sido objeto de reportajes, casi siempre haciéndome cargo de textos y fotos.

Incesantes amoríos que fluyen como delicadas cascadas –no confundir con aventuras amorosas- permitieron nuevas colaboraciones en el ámbito del mismo grupo editorial. La guía de la provincia de Las Palmas en 2010; intervenciones en suplementos como El País de las Tentaciones (hoy EP3) y Tierra, en el periódico diario y, el más suculento, en El País Semanal desde 2007. Pero esa es otra (feliz) historia que merece un capítulo aparte (por ahora sólo dejo debajo una pequeña muestra de algunas portadas)

Estas colaboraciones han sido un auténtico máster en periodismo, enseñanzas de las que ojalá pueda seguir aprendiendo. Por eso a todos los amigos y compañeros que lo han hecho posible les debo un gigantesco agradecimiento. Como lector habitual del periódico desde la juventud, conocer también en primera persona como colaborador la calidad de su funcionamiento interno, de sus procesos y periodistas, me ha servido para entender mejor por qué está entre los más importantes medios de comunicación del mundo. Sentirme parte de esa familia bohemia y disciplinada, inquieta y exigente, es de las cosas más importantes que me han ocurrido en mi carrera profesional.