Confidencial: Canarias en los Premios Goya, una fotografía histórica


Los Premios Goya son los más importantes reconocimientos de cine de España. Quienes votan son miembros de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, es decir, profesionales del sector. Sea el que sea el balance del cine de Canarias en los Goya, éste señala su posición en el marco del cine español.

Dicho esto, aterrizamos en Canarias empezando por unas definiciones necesarias:

1) Cine de Canarias es aquel que es producido o coproducido por una empresa de las islas. También a aquel que haya recibido apoyo económico de las subvenciones a producción de películas del Gobierno de Canarias, se ruede dentro o fuera de las islas y cuente o no historias que se desarrollen en las islas. No es cine de Canarias el que se rueda en las islas y eventualmente cuenta historias que suceden en las islas si las empresas productoras que lo llevan a cabo no están radicadas en Canarias.

2) Cineasta canario o canaria es el o la profesional que trabaja en cualquiera de las especialidades necesarias para la producción de un filme, ya sea técnica o artística, que haya nacido en Canarias, viva donde viva, y que se reconozca como tal; también lo es quien que tengan su residencia habitual en Canarias, provenga o donde provenga.

Los resultados del cine de Canarias en los Goya son los que detallaré a continuación. Prefiero que el calificativo lo ponga cada lector. Las 14 nominaciones al cine de Canarias que se han producido en las 26 ediciones de los Premios Goya suponen un 0,59 % del total. Los filmes de Canarias han obtenido un total de 2 estatuillas en la historia de los Premios Goya. Esto supone un 0,31 % del total.

Las 14 nominaciones al cine de Canarias son un 0,59 % del total. Los filmes de Canarias han obtenido dos Goyas, un 0,31 % sobre el total.

Cambiar esta realidad -si es que los profesionales de Canarias quieren cambiarla- solo se logrará con políticas nuevas que ilusionen y den alas a los creadores, técnicos y productores desde la mayor exigencia y respeto. Es responsabilidad de los políticos dar un giro de timón a este barco que, una vez acabadas las vacas gordas, navega sin rumbo y con algunos de sus principales enemigos en sus propias bodegas.

Porque, no lo olvidemos, el desarrollo del cine (del audiovisual) depende en Europa del acierto de las políticas públicas de apoyo por parte de los Gobiernos frente al empuje de la industria multinacional. En el caso español –y canario-, también de la eficiencia de otras administraciones con relación directa en la materia (Cabildos y Ayuntamientos). Ninguna, pues, está exenta de responsabilidad. Si es que los profesionales quieren de verdad cambiar esta realidad deben empezar por exigir que al frente de los departamentos técnicos con competencias en la materia se comience por situar a personas formadas, competentes, capaces. Y, por supuesto, por no dejar de denunciar si fuera necesario, ante los medios de comunicación o un juez, cualquier abuso que pudiera producirse desde las administraciones.

Las nominaciones de los cineastas canarios nada tienen que ver con reconocimientos al cine de Canarias.

También prefiero que sea el lector quien valore los resultados de los cineastas canarios, cuyas nominaciones en prácticamente todos los casos nada tienen que ver con lo que puede denominarse “cine de Canarias”. Las nominaciones de cineastas canarios en las 26 ediciones de los Premios Goya suponen un 2,28 % del total. Los premios a cineastas canarios en los Goya suponen un 2 % del total.

1. Nominaciones al cine de Canarias

En estos 26 años, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España ha realizado un total de 2.369 nominaciones. El número de nominaciones de películas de Canarias es de 14. Las nominaciones al cine de Canarias suponen, pues, un 0,59 % del total.

Guarapo, de los Hermanos Ríos, producida por Ríos Televisión, recibió la primera nominación a un Goya de la historia del cine de Canarias. Teodoro y Santiago Ríos optaban a la Mejor Dirección Novel en la 4 edición (1990) por su primer largometraje. Mararía, de Antonio Betancor, producida por Mararía P.C. (Andrés Santana), recibió 5 nominaciones en la 13 edición (1999). Y Ciudadano Negrín, de Sigfrid Monleón, Carlos Álvarez e Imanol Uribe, igualmente producida por Andrés Santana, fue el primer largometraje documental nominado, en la 15 edición (2011). También fue esta la primera vez que un largometraje de Canarias ha estado nominada como película, no por una de sus especialidades.

Guarapo, de los Hermanos Ríos, recibió en 1990 la primera nominación a un Goya de la historia del cine de Canarias. El largo viaje de Rústico, de Rolando Díaz, fue el primer cortometraje. 2007 fue el único año que dos películas de Canarias obtuvieron nominaciones. El cine de animación ha obtenido en cortometrajes más nominaciones que la ficción o el documental.

El largo viaje de Rústico, del entonces cubano –hoy también canario-Rolando Díaz, producido por La Mirada P.C., fue el primer cortometraje -en este caso, un documental- que recibió una nominación. En la 8 edición (1994). El primer cortometraje de ficción nominado fue Esposados de Juan Carlos Fresnadillo producido por Zodiac Films, La Mirada y Papi Producciones (11 edición, 1997) y Podría ser peor el primer cortometraje de animación, de Damián Perea, Damián Perea P.C. (14 edición, 2000).

Ciudadano Negrín fue el primer largo documental nominado. El hito hasta hoy lo marcan las cinco nominaciones de Mararía en 1999.

En 2007, 21 edición, fue la primera y única vez hasta hoy que dos películas de Canarias obtuvieron nominaciones. Se trató de El viaje de Said, de Coke Riobóo, coproducida por Tembleque Producciones, y La noche de los feos,de Manuel González Mauricio, producida por Oasis Europkikara. En este caso a Mejor Cortometraje de Animación. El último minutero, de Elio Quiroga, y El intruso, de David Cánovas, son los nombres de los otros dos cortos nominados que no han sido mencionados. Sus nominaciones, respectivamente, a Mejor Corto Documental y Mejor Corto de Ficción, se produjeron en 2005 (19 edición) y 2006 (20 edición).

Las tres películas de largometraje nominadas han obtenido un total de siete nominaciones gracias a las cinco de Mararía: Mejor Guión Original (Antonio Betancor,Carlos Álvarez); Mejor Fotografía (Juan Antonio Ruíz Anchía); Mejor Música Original (Pedro Guerra, Joan Valent); Mejor Actriz Revelación (Goya Toledo) y Mejor Dirección de Arte (Félix Murcia).

2. Premios al cine de Canarias

Los premios Goya han repartido en sus 26 ediciones un total de 654 premios. Los filmes de Canarias han obtenido un total de 2 estatuillas en la historia de los Premios Goya. Esto supone un 0,31 % del total.

En 1999, el vasco Juan Antonio Ruíz Anchía obtenía el primer Goya de la historia a una película de Canarias, Mararía, de Antonio Betancor, producida por Mararía P.C. (Andrés Santana). En 2007, El viaje de Said, de Coke Riobóo, coproducida por Tembleque Producciones, obtuvo el Goya al Mejor Cortometraje de Animación.

Estos reconocimientos al cine de Canarias en los Goya vienen determinados por dos circunstancias importantes: el primero era una categoría técnica obtenida por un profesional afincado en Hollywood que nada tiene que ver con Canarias; el otro fue una coproducción que nació en Canarias y se pudo acometer gracias a la ayuda pública de Canarias, pero que fue enteramente desarrollado en Madrid por un director (Riobóo) y una empresa (Jazzy Producciones) no canarios.

Los dos Goyas al cine de Canarias vienen con atenuantes: uno fue a un vasco afincado en Hollywood y el otro a un corto enteramente desarrollado en Madrid. La no obtención del Goya por parte de Esposados fue una gran decepción y lastró la credibilidad de estos premios en las categorías consideradas “menores”.

Por contra, hay que decir que la no obtención en 1997 del premio por Esposados fue una enorme decepción que indicaba que, en las categorías consideradas “menores” (cortometrajes, cine de animación y documentales), el resultado final dependía de las estrategias de los nominados para obtener votos, ya que la mayoría de los académicos no tenían un acceso fácil a esas películas, al menos entonces. Ese año ganó el cortometraje La viga, de Roberto Lázaro, mientras Esposados debía conformarse solamente con haber sido uno de los cortos españoles más premiados en festivales nacionales e internacionales de primer nivel de la historia, y el primer corto español finalista en los Oscar de Hollywood.

3. Nominaciones de cineastas canarios

Las 54 nominaciones de cineastas canarios en las 26 ediciones de los Premios Goya suponen un 2,28 % del total. Estas nominaciones han sido obtenidas por un total de 25 cineastas, 18 de ellos hombres y 7 mujeres. Idéntica proporción por sexos, 72% hombres por 28 % mujeres, se da en el caso de los premios obtenidos.

1988, en el II edición, fue el año de la primera nominación de un canario en los Premios Goya. El honor le corresponde al tinerfeño de Arona José Manuel Cervino, nominado a la Mejor Interpretación Masculina Protagonista por La guerra de los locos, de Manolo Matji. Fue además la única vez hasta hoy que un intérprete -hombre o mujer- lograba una nominación en categoría protagonista. El premio aquel año para Alfredo Landa por El bosque animado, de José Luis Cuerda.

La primera nominación de un canario recayó en José Manuel Cervino. Goya Toledo es la primera mujer de Canarias que optó a ganar una estatuilla. En 2011 se dio el mayor número de nominaciones de cineastas canarios, 9. Desde 1997 siempre ha habido cineastas canarios nominados.

11 años después, en la 13 edición (1999), la lanzaroteña Goya Toledo se convertía en la primera mujer de Canarias que optaba a ganar un premio por su nominación en la categoría Mejor Actriz Revelación por Mararía de Antonio Betancor. Marieta Orozco por Barrio, de Fernando León de Aranoa, le arrebató el premio.

La 25 edición (2011) fue la de mayor número de nominaciones a cineastas canarios (9). Le sigue la 26 edición (2012), con 8. La 13 edición (1999) y 2005 (19 edición) los cineastas canarios obtuvieron 4 nominaciones. En 2000 (14 edición y 2004 (18 edición) se obtuvieron 3. Significativo es también comprobar que desde 1997 (11 edición) siempre ha habido cineastas canarios nominados.

El productor grancanario nacido en San Mateo Andrés Santana es el cineasta canario con más nominaciones, un total de 14 en las 26 ediciones de los Premios. Como dato adicional destaca que sus películas como productor han sumado un total de 72 nominaciones. Santana ostenta además el récord absoluto en el cine español de nominaciones por una película, 19 por Días Contados (1995).

Andrés Santana es el cineasta canario con más nominaciones, 14. Sus películas como productor han sumado 72 nominaciones y ostenta además el récord absoluto en el cine español de nominaciones por una película, 19 por Días Contados (1995).

A Andrés Santana le sigue el director y guionista grancanario Mateo Gil, con 7 nominaciones en total. El peluquero tinerfeño Paco Rodríguez es el único que suma 4. El vestuarista lanzaroteño Paco Delgado y la actriz de Las Palmas de Gran Canacia Ana Wagener suman 3 nominaciones; Juan Carlos Fresnadillo y Tatiana Hernández (tinerfeños de Santa Cruz), José Manuel Cervino, Goya Toledo y la grancanaria Antonia San Juan suman dos nominaciones.

Por oficios son los directores y guionistas los más abundantes entre los nominados de Canarias, un total de 12: Santiago y Teodoro Ríos; Mateo Gil; Juan Carlos Fresnadillo; Antonia San Juan; Damián Perea; Elio Quiroga; Manuel González Mauricio; Antonio Betancor; Carlos Álvarez; Juan Millares y David Cánovas.

Por oficios son los directores y guionistas los más nominados. Le siguen intérpretes, músicos, productores y directores de vestuario. La relación entre hombres y mujeres es igual en el número de nominados que en el de premiados, 72% a favor de los hombres.

Seis son los actores y actrices canarios nominados. De ellos solo un hombre: José Manuel Cervino. Goya Toledo, Antonia San Juan, Mónica López, Ana Wagener y Carolina Bang son las cinco actrices que completan la nómina.

Cuatro son músicos (y los cuatro de la edición de 2012). Carmen Agredano, cordobesa afincada en Las Palmas de Gran Canaria desde 1984, compositora del tema La nana de la Hierbabuena de La voz dormida (Benito Zambrano); y Jorge Pérez Quintero, Borja Jiménez Mérida y Patricio Martín Díaz por Nuestra playa eres tú, de Maktub. 2012 también ha sido el año del primer caso de una nominación compartida por tres canarios.

Productores canarios nominados hay dos: Andrés Santana y Octavio Cardoso. Igual número de directores de vestuario (Paco Delgado y Tatiana Hernández). Solo un canario ha optado a la categoría de Mejor Maquillaje y Peluquería (Paco Rodríguez).

Finalmente, en 1990 y 1999 se dio el caso de dos nominaciones compartidas entre dos canarios: respectivamente, Mejor Dirección Novel para Teodoro y Santiago Ríos por Guarapo; Mejor Guión Adaptado para Antonio Betancor y Carlos Álvarez por Mararía. Por otro lado, Antonia San Juan es la primera y única mujer directora con nominación, en 2002 por su corto V.O. Goya Toledo, Antonia San Juan, Ana Wagener y Carolina Bang son las cuatro actrices que han estado nominadas en la categoría de Mejor Actriz Revelación. Ana Wagener, Mónica López y Goya Toledo las nominadas a Mejor Interpretación Femenina de Reparto.

Andrés Santana (1990, 1995 y 2011), Mateo Gil (2010) y Paco Rodríguez(2011) son los únicos cineastas canarios nominados doblemente un mismo año. Santana el único que lo ha estado en tres ocasiones.

4. Premios de cineastas canarios

El número total de premios obtenidos por canarios en los Goya es de 13. Esto supone un 2 % del total.

Mateo Gil es el cineasta canario con más premios Goya bajo el brazo. Un total de 4, por sus trabajos como guionista con Alejandro Amenábar (2005, Mar adentro; 2010, Ágora) y Marcelo Piñeyro (2006, El Método) y su cortometraje Di me que yo (2010). Le sigue Andrés Santana con 3, dos como Mejor Director de Producción (1992, El rey pasmado; 2012, Blackthorn. Sin destino), y uno como Mejor Película (1995, Días contados). El premio a Santana al Mejor Director de Producción en 1992 por El rey pasmado fue el primero a un canario. El primer –y único- guionista canario premiado es Mateo Gil. En 2005 por Mar adentro.

Mateo Gil es el cineasta canario con más premios Goya bajo el brazo, 4. Con 3 le sigue Andres Santana. Juan Carlos Fresnadillo fue primer director premiado, José Manuel Cervino el primer actor, Tatiana Hernández la primera mujer y Ana Wagener la primera actriz.

Juan Carlos Fresnadillo (primer director premiado, 2002, Intacto), Octavio Cardoso, José Manuel Cervino (primer actor premiado, 2008, Las trece rosas, de Emilio Martínez Lázaro), Tatiana Hernández (primera mujer en obtener un Goya, 2011, Mejor Diseño de Vestuario por Lope, de Andrucha Waddington), Ana Wagener (primera actriz canaria en obtener un Goya) y Carmen Agredano (primera que obtiene un Goya en categoría musical) completan la lista de canarios y canarias cuyos trabajos han recibido un Goya.

2010 fue, finalmente, el año en que por primera vez hubo dos premios a cineastas canarios. Los dos al mismo cineasta, Mateo Gil, por el guión original de Ágora y el cortometraje Di me que yo.

5. Curiosidades

Llama la atención, finalmente, en la relación de Canarias con los grandes premios internacionales, que el cine insular tenga una nominación a los Premios Oscar (nominación que de forma nominal corresponde a Juan Carlos Fresnadillo, Miguel Ángel Toledo, Ana Sánchez-Gijón y Juan Francisco Expósito) y que un cineasta canario (Andrés Santana) haya estado también nominado por el Mejor Largometraje en Habla no Inglesa (por Secretos del corazón (1997), de Montxo Armendáriz).

Finalmente, en la relación de la Canarias con los Premios Goya podemos destacar que una mujer de Canarias, Antonia San Juan, presentó en una ocasión la ceremonia. Fue en 2000, durante la 14 edición. Ese año San Juan estuvo nominada al premio a la Mejor Actriz Revelación por Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar, 1999). La andaluza Ana Fernández, finalista por Solas (Benito Zambrano, 1999) se llevó la estatuilla.

Es significativo que tanto el cine insular como un cineasta canario tengan nominaciones a los Oscar de Hollywood.

Añado también los datos de Javier Bardem, actor nacido en Las Palmas de Gran Canaria aunque no se reconozca como canario, hasta que no se demuestre lo contrario. Bardem ha obtenido las siguientes 8 nominaciones: 1993, Jamón, jamón, Bigas Luna, Mejor Interpretación Protagonista; 1994, Huevos de Oro, Bigas Luna, Mejor Interpretación Protagonista; 1995, Días contados, Imanol Uribe, Mejor Interpretación Masculina de Reparto; 1996, Boca a boca, Manuel Gómez Pereira, Mejor Interpretación Protagonista; 2000, Carne Trémula, Pedro Almodóvar, Mejor Interpretación Protagonista; 2003, Los lunes al sol, Fernando León de Aranoa, Mejor Interpretación Protagonista; 2005, Mar adentro, Alejandro Amenábar, Mejor Interpretación Protagonista; 2011, Biutiful, Alejandro González Iñárritu, Mejor Interpretación Protagonista.

Bardem lleva cinco premios obtenidos, por Días contados, Boca a boca, Los lunes al sol, Mar adentro y Biutiful.

Por último, Santiago Ramos obtuvo el Goya a la Mejor Interpretación Masculina Protagonista en la 11 edición (1997) por el papel de un granadino de origen y canario de adopción en Como un relámpago (Miguel Hermoso, 1996), rodada casi íntegramente en Las Palmas de Gran Canaria. Se trataba además de la única nominación de la película de Hermoso.

Andrés Santana: El vuelo de la cometa (capítulo 1)


Congratulándome por la excelente noticia que se hizo pública esta semana, las 11 nominaciones para los Premios Goya 2012 recibidas por “Blackthorn, sin destino”, dirigida por Mateo Gil y producida por Andrés Santana (ambos canarios nacidos en Gran Canaria), comparto el primer capítulo de mi primer libro, la biografía del productor cinematográfico Andrés Santana, publicada en 2003 como complemento al homenaje que le organicé cuando dirigía la sección Foro Canario del festival de Las Palmas en la cuarta edición, y que también incluyó la proyección de un ciclo de películas del productor y la entrega de la Lady Harimaguada de Honor. La entrega de esta distinción, con la presencia en el Auditorio Alfredo Kraus de una amplia representación de su numerosa familia, amigos y colegas de profesión y la interpretación por su amigo el músico Joan Valent de la pieza “Santana”, compuesta ex profeso para ese momento, constituyó, lo digo sin pestañear, el momento más emotivo, honesto y sincero de cuantos se han vivido en este certamen, al menos durante los nueve años que duró mi participación.

El reconocimiento a Andrés Santana como lo que es, el cineasta canario más importante de la historia del cine -entre sus muchos reconocimientos, sus 20 películas como productor han logrado 72 candidaturas a los Premios Goya; a título individual ha obtenido dos estatuillas de 14 nominaciones; ha estado nominado a los Oscar de Hollywood; ganado la Concha de Oro del festival de San Sebastián y el premio Ángel Azul del festival de Berlin -, tuvo su continuidad seis años más tarde con el homenaje -y libro, “El sueño del Monopol”- a Francisco Melo Sansó como principal distribuidor y exhibidor independiente de las islas.

Espero ir subiendo uno a uno los capítulos en entregas sucesivas. Por supuesto que si hay peticiones los puedo adelantar. Solo pondré en estas entradas el texto principal del libro. Me he permitido hacerle pequeñas correcciones que mejoran el original publicado en 2003, así como añadirle algunas imágenes y enlaces que pueden favorecer la comprensión del texto, y ampliar los límites naturales de una publicación en papel.

No incluiré en estas entradas -al menos por ahora- ni el prólogo de Imanol Uribe, el anexo con la filmografía completa, dedicatoria y agradecimientos, fotografías, ni los testimonios que para el libro firmaron Pablo del Amo; Montxo Armendáriz; María Barranco; César Benítez; Gonzalo F. Berridi; Antonio José Betancor; Fernando Bovaira; Mario Camus; José Manuel Cervino; Fernando Colomo; Fernando Fernán-Gómez; José Luis García Arrojo; Carmelo Gómez; Enrique González Macho; Pedro Guerra; Félix Murcia; Gilles Ortion; José María Otero; Juan Potau; José Antonio Rebolledo; Aitana Sánchez-Gijón; José Salcedo; Goya Toledo; Fernando Trueba; Joan Valent y Víctor Manuel. Para eso hay que buscarlo y comprarlo, que aún se puede.

Sí añado la cita del escritor canario Agustín Espinosa que encabezó el volumen. Como suele decirse, una vez publicado, el texto solo pertenece a los lectores. Espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo.

No hay mar tampoco aquí. Que el mar es trama de héroes, selva de perdidos y no jaramago de invernadero.

Agustín Espinosa (Crimen)

Capítulo 1: ¿Un mundo maravilloso?

Le pregunto por la primera imagen cinematográfica que guarda en su memoria y Andrés Santana no lo duda un segundo: se recuerda muy chico, diez años quizás, mucho antes de partir a los diecinueve recién cumplidos en su viaje sin retorno a Madrid, viendo a Joselito cantar en una película aquello de “¡Ay, Campaneeera!” en el cine de Las Lagunetas, el pequeño pago situado en el barranco grancanario de La Mina donde nació.

Las islas Canarias están formadas por siete islas y seis islotes. Situadas en el océano Atlántico, muy cerca de la costa norteafricana, su conquista por parte de la Corona de Castilla fue inmediatamente previa a la expansión del Imperio español por América, tras su descubrimiento en 1492. Son, por ello, geográficamente africanas, política y culturalmente europeas y mantienen fuertes lazos de unión con América, especialmente con los países de Venezuela y Cuba. El desarrollo moderno de Gran Canaria -isla más poblada y desarrollada de la provincia de Las Palmas- comenzó con fuerza a finales del siglo XIX por la construcción del Puerto de La Luz y de Las Palmas, que se convirtió pronto en una escala comercial transatlántica ineludible. El lento declinar del puerto, a partir de los años sesenta del siglo XX, se compensó con el importante desarrollo en las mismas fechas de la industria turística. La isla, que hoy habitan setecientas cincuenta mil personas y recibe casi tres millones de visitantes al año, tiene forma redonda -como una pelota de playa partida por la mitad de cincuenta y seis kilómetros de diámetro- y se caracteriza por un clima excepcionalmente benigno, con temperaturas suaves a lo largo de todo el año.

Andrés Santana nació un 31 de enero de 1949 en Las Lagunetas en el interior de la isla, a mil ochocientos metros de altura, en una de sus zonas más altas y frondosas, pero no en el núcleo principal de casas. Él vio la luz en la “enorme casa” de su abuela materna, en un lugar aislado conocido como El Trigo Diego, situado a un kilómetro de distancia barranco abajo. Las Lagunetas, alrededor de cuya parroquia se había concentrado la población de la zona, no debía de superar en aquellos años las seiscientas personas. San Mateo -el municipio al que pertenece este barrio- tenía un total de ocho mil quinientos habitantes en 1950. Es la cifra más alta de su historia: precisamente a partir de la segunda mitad del siglo pasado, muchas familias -agricultores y ganaderos en su mayoría- se trasladaron a la capital de la isla buscando mejorar su calidad de vida.

Así lo decidieron también los padres de Andrés al poco tiempo de nacer él. Hoy, más de cincuenta años después, Carlos Santana y Sofía Quintana aún viven en la misma casa del barrio de San José de Las Palmas de Gran Canaria donde se instalaron en aquellos años. Andrés es el tercero de siete hermanos y el único de la familia que buscó su destino lejos de las islas.

¿Cuáles son los primeros recuerdos que guardas en tu memoria?

Uno de mis primeros recuerdos fue la muerte de mi abuela paterna, a la que adoraba. Vivía en el cercano barrio de San Nicolás, donde mi abuelo trabajaba como encargado de unas plataneras. Yo acostumbraba visitarlos a menudo y acompaña a mi abuelo a coger plátanos, ordeñar vacas, etc. Cuando regresábamos a la casa, mi abuela se encontraba sentada en su mecedora y yo me sentaba a su lado. Entonces ella me acariciaba la cabeza con su mano derecha mientras se mecía, proporcionándome una serenidad y un placer que, creo, nunca he vuelto a sentir. Cuando murió, mis padres no querían que la viera, porque era muy pequeño; pero conseguí asomarme sin ser visto: la figura de mi abuela transmitía una gran serenidad. Fue la primera pérdida importante de un ser querido y me dejó un recuerdo imborrable.

El barrio de San José se extiende como un brazo de un kilómetro y medio de largo paralelo a la costa en el cono sur de la ciudad. Habitado por familias humildes, remonta sus calles estrechas y empinadas al siglo XVII. Sus casas terreras de no más de una planta de altura se agolpaban, tal y como Andrés lo conoció, en una ladera directamente enfrentada al sol del Atlántico al amanecer. Abajo, entre el sol y el barrio, el verde encendido de extensas plantaciones de plataneras; más allá, solamente el mar, como una sábana añil erizándose al viento, de apariencia infinita.

Escucho a lo lejos un pasacalles risquero que interpreta, a estas horas de la mañana, una melodía popular y pienso en el jolgorio del barrio en fiestas, en cada uno de sus rincones invadidos del calor que solo las personas humildes desprenden. Los nombres de las calles de San José despiertan un mundo de evocaciones que parece extraído del cofre de un tesoro: Amanecer, Ancla, Anillo, Arena, Arpa, Asia, Aurora, Balandro, Bolero, Califa, Centella, Coral, Corsario, Creta, Dragón, Eco, Esfera, Espejo, Estela. Son un laberinto de callejones y callejuelas que Andrés correteó, arriba y abajo, mil veces en su infancia. Para él, que cursó la enseñanza primaria en el colegio del barrio, la vida durante esa primera década de vida consistía en “ir a clase, jugar a fútbol, trastear con los amigos, lanzar las cometas al aire.”

Pero fue la casualidad, o tal vez “la suerte que siempre me ha acompañado”, lo que lo llevaría, acompañado por su madre, de nuevo al pago campesino de Las Lagunetas para vivir con un tío que estaba soltero. Tenía Andrés sólo diez años. Y fue en aquel retorno a su barranco natal donde hizo dos descubrimientos fundamentales para su vida: el del cine, domingo a domingo en las proyecciones vespertinas que se celebraban en la trasera de la casa parroquial; y el más deslumbrante de todos, el de la naturaleza.

Me tocó volver a la casa de El Trigo Diego para ayudar a mi tío, que estaba solo, cultivando la tierra y cuidando vacas. Sobre todo, para hacerle compañía por si pasaba algo. Ese valle fue para mí el descubrimiento de la vida, las plantas, los animales; en él aprendí a amar la naturaleza. Si una cabra paría un cabritillo, era yo quien le daba el biberón, así es que después lo tenías pegado todo el día entre las piernas, como un perrillo. Lo malo es que después había que matarlo. Tengo también una imagen muy cinematográfica: cuando iba a echar la cometa en una era cercana, donde el viento bajaba muy fuerte entre los huecos de la montaña. Solo, en medio de aquel paisaje, con los hilos enlazados entre los dedos y siguiendo con la mirada la cometa en el inmenso cielo azul. A veces sentía deseos de volar, de convertirme en cometa. Con el tiempo, empecé a soñar que volaba como un pájaro y veía, desde el cielo, todo aquél paraje.

El barranco de La Mina constituye el nacimiento de una de las cuatro cuencas que, desde la cordillera central de Gran Canaria, avanzan hacia el este de la isla. Tiene su cabecera a mil ochocientos metros de altura y debe su nombre a una galería horadada en la montaña, que proviene de la vertiente oeste de la isla y por la cual recibe el agua que lo recorre. Muchos habitantes de Las Lagunetas participaron en la construcción de las estrechas conducciones de agua, talladas en la piedra, que recorren su ladera de umbría desde el siglo XVIII. En su tramo inicial, la estrecha garganta de agua es un mundo –hoy único en la isla- de líquenes y musgos, veroles, zarzas y sauces. Las cascadas bajan imparables, especialmente intensas en primavera, golpeando las piedras y dilatando su hendidura hasta formar las dos imponentes laderas del barranco, que cubren su desnudez de roca rojiza y cañahejas amarillas con un denso tapiz de escobonales, codesales y retamares, entre higueras, nogales, castaños, tuneras, pitas y pitones. En las laderas del barranco -especialmente en la zona más cercana a Las Lagunetas-, son numerosas las terrazas o bancales construidos a partir de muros de piedras preparados para el cultivo, principalmente, de papas y maíz.

Los domingos los pasaba enteros en el pueblo, en casa de mi tía Josefa. El día acababa siempre con una película en el cine de Las Lagunetas. Cuando finalizaba la sesión, tenía que volver a la casa de mi tío por aquel barranco. Era un trayecto largo, valle abajo, solo y de noche. Iba con una linterna y me sobresaltaba con cualquier ruido. ¡Era tremendo el miedo que pasaba! Luego oía las historias que contaba mi madre: que si se aparecían leones, que si ballenas… ¡Me aterrorizaba! Afrontar eso en aquella niñez era muy duro; aunque también es verdad que me fue fortaleciendo. Recuerdo también que con once años me peleé con un chico en la fiesta del pueblo. A los dos nos gustaba la misma chica y decidimos pegarnos: el que ganara se quedaba con la chica. Le gané yo, pero al día siguiente alguien me dijo: “¿Cómo has podido pegar a un chico enfermo?” Lloré de rabia, le pedí perdón y nunca más he vuelto a pelearme con nadie. Son recuerdos memorables. Como cuando a mi abuela materna, ya enferma terminal, la trajeron a El Trigo Diego portándola cuatro personas en una silla de mimbre, con su cabello blanco al viento. Yo era muy pequeño y es una imagen que tengo grabada como un sueño. O cuando una noche -en casa con mi tío- de pronto oímos muchos ruidos de voces y griterío por el barranco. No sabíamos qué pasaba. Salimos fuera y estaban buscando a un hombre, un poco retrasado, al que veía y saludaba todos los días. Se había caído por una ladera y se había matado.

La corta edad de Andrés, la abrumadora soledad de la vida en el campo y algunos amigos a los que sólo veía los fines de semana, le procuraron recuerdos intensos e imborrables.

Esos dos años con mi tío fueron los que más han marcado mi forma de ser. Cuando descubrí los pájaros, aprendí a coger los nidos, a alimentar canarios con leche y gofio… Algunas veces los soltaba, aunque no estaban preparados para vivir en libertad. También recuerdo unos lagartos grandes ¡enormes! que había en aquellas montañas. Nunca más los he vuelto a ver. En verano volaba las cometas o me iba a bañar con un vecino a los charcos del barranco. ¡Me encantaba eso de ir a soltar el agua a los estanques, trabajar en el campo, regar el maíz, las papas, el colegio del pueblo! Era un mundo muy diferente al de la ciudad; un mundo maravilloso, que me viene continuamente a la memoria. Siempre que viajo a Las Palmas voy, inevitablemente, a ese lugar y siento que una parte importante de mí se quedó allí. Espero que cuando me muera mis cenizas se esparzan por el agua de ese barranco.

Y esa etapa finaliza cuando tu tío se casa y retornas a Las Palmas.

Sí. Mi madre trabajaba en una pensión por las mañanas y yo empecé a ayudarle; por las tardes iba al colegio de don Andrés, en San José. De los quince a los dieciocho años trabajé en la oficina de una lavandería, en la calle Secretario Artiles, en la otra punta de la ciudad. Por la noche, a la salida, me iba a estudiar intentando sacar el bachillerato. Pero al final no lo acabé. A los dieciocho años me dije: “Tengo que conocer otro mundo.”

Situada en el noreste de la isla, Las Palmas de Gran Canaria se fundó en 1478 y es la ciudad más poblada del Archipiélago canario. Entre 1960 y 1970 -años de pubertad y adolescencia de Andrés-, pasa de ciento noventa mil a casi trescientos mil habitantes, el índice de crecimiento demográfico mayor de su historia. San José linda al noreste con el barrio aristocrático de Vegueta. Al noroeste con el popular de San Juan, apelmazado de casas de colores en uno de los riscos que caracterizan la zona histórica de la ciudad. San José, Vegueta y San Juan: ese fue el triángulo de correrías de Andrés durante su adolescencia, aunque también hacía constantes incursiones al cercano barrio comercial de Triana. Si la magia del cine le había tocado con su varita en las sesiones dominicales de Las Lagunetas, la afición se fue haciendo más intensa tras su vuelta a la capital.

En Las Palmas, en la época en que estudiaba el bachillerato, compraba todos los meses el “Fotogramas” y devoraba todo tipo de películas en los cines de la zona: el Torrecine, el Cairasco, el Cuyás, el Pabellón Recreativo y el Vegueta. Los programas dobles del Torrecine me los tragaba todos. Con los amigos jugaba al fútbol, íbamos a la playa de La Laja, a las discotecas… Estábamos muy unidos aunque respecto al cine había diferencias: yo no sólo iba los domingos con ellos, iba también entre semana. Y las películas que a mí me gustaban, a ellos empezaron a no gustarles. Me decían (risas): “Oye, pero esa película que acabamos de ver, era un poco paquete, ¿no?”

Y ahí comienzas a querer dedicarte a este oficio…

Sí, desde entonces. Yo pensaba diferente; pero no porque tuviera una educación distinta o nuestras familias no dispusieran de los mismos medios, no; quizás es que tenía otras inquietudes. No sé por qué, pero lo cierto es que me llamaban la atención otras cosas. Me gustaba mucho leer historias de aventuras de Jack London, libros de Conrad, los tebeos del Capitán Trueno, El Jabato, El guerrero del antifaz, El príncipe encadenado… Sin quererlo, todas esas lecturas me abrieron otros horizontes; hacían que investigara, que aprendiera. Pero eso sólo se debe a la curiosidad de cada uno, porque, y entonces todavía no era muy consciente, creo que yo quise hacer cine porque lo que me apetecía era contar historias.

Andrés no lo recuerda, pero alguien muy cercano conserva todavía en la memoria su imagen devorando tebeos solo, de noche, en la penumbra del patio de la casa familiar, mientras los demás hermanos dormían en sus habitaciones.

¿Cuáles eran tus películas preferidas?

A todos nos gustaban las películas de vaqueros y de romanos. Esas eran las películas “buenas” de la época. Pero a mí me empezaron a gustar también las películas “raras” que ponían en el cine Vegueta: “El manantial de la doncella”, de Ingmar Bergman, y “Los siete samurais”, de Akira Kurosawa; una que vi en el Torrecine y me impresionó mucho fue “Los Nibelungos”, de Fritz Lang. O las películas francesas de la Nouvelle Vague. Otra que me influyó mucho en aquel momento fue “La busca”, de Angelino Fons, con Jacques Perrin y Emma Penella. Precisamente, esta película la vi en Tenerife el día antes de coger el barco que me traería a la Península.

¿Tus amigos supieron que te ibas?

Yo les decía que quería hacer cine, pero era como decirles que quería ser astronauta. “Ah, sí, sí… vale… ¿y haciendo qué?”, me preguntaban. Y les respondía: “¡Yo, de actor!” Hace ocho o diez años contacté, a través de mi hermana Paula, con uno de ellos, Manolín, quien, a su vez, quedó con Chano y Millares. Habían pasado veinticinco años y, cuando nos vimos, fue un choque enorme, muy duro para todos. Los años transcurridos habían borrado las huellas del tiempo pasado.

Andrés decidió marcharse de la isla para hacer cine un día de febrero de 1968, con 19 años recién cumplidos. No supo cómo fue acogida su decisión en su familia. No pudo saberlo, porque se fue con la excusa de ir a visitar a un amigo que hacía el servicio militar en Tenerife y tardó mas de una semana en entrar en contacto directo con ellos. Esa ausencia le ha marcado durante todos estos años.

Soy el tercero de siete hermanos y todos nos seguimos llevando muy bien, gracias a la relación con mi madre. Ella es una matriarca, dedicada totalmente a sus hijos y preocupada porque todos salgan adelante. Muy pendiente de todos y procurando que el vínculo no se pierda. Hace dos o tres años reunió a más de treinta personas en torno a una comida en el caserón de El Trigo Diego. Ese día vi a familiares que no conocía. Mi madre tiene una personalidad muy fuerte y una gran generosidad. Una tía mía dice que tiene un don especial, que ejerce una atracción intensa sobre los demás. Me recuerda al personaje de la madre en “Las uvas de la ira”: una mujer de una cultura baja -propia de la época-, pero con una sabiduría natural. En situaciones adversas y negativas, ella consigue imprimirles un carácter positivo, esperanzador.

Su casa siempre fue un matriarcado. Las mujeres de la familia, su abuela y su madre, han ejercido en él una fuerza especial: han representado el amor, la protección y también las certezas de una fuga hacia adelante. En contraposición, el silencio presencial de los hombres en el hogar.

Supongo que tu marcha -así, sin avisar- tuvo que resultar dura para todos, tanto para ti como para ellos, y especialmente para tu madre.

Muy dura. Cuando llamé a casa después de mi marcha, ya en Madrid, mi madre me dijo que no podía creerse la información que le estaba dando. Y me dijo: “Hijo, vale, ahora ya estás ahí y está bien, si eso es lo que quieres. Pero trata de ser siempre lo más educado y lo más honrado posible. Y come bien, aunque comas poco, porque eso es la salud.” Yo, que me había ido sin decir nada, hablaba con ella con un miedo terrorífico. Y sé que ella lo llevó muy mal: el hijo que se le va a escondidas y no tiene la valentía de decírselo a la cara. Por ella acepté que se hiciera este libro.

¿Y qué opinaba de que te quisieras dedicar al cine?

Al principio no le gustaba mucho la idea. Pero creo que porque no sabía exactamente en que consistía este mundo y, lógicamente, no se fiaba. Yo tampoco me he molestado mucho en explicarle demasiado. He querido que me vea como un hijo más; que mi actividad no afecte a las costumbres de la convivencia familiar. La última vez que vino a Madrid, cuando vio que estaba bien y que mi casa era “bonita” se quedó más tranquila. Y yo también.

Índice de imágenes:

1) fragmento de la portada de “El vuelo de la cometa”, diseño de Iñaki Cabodevilla. La foto que la preside muestra a Andrés con una lechera al hombro en la casa familiar de El Trigo Diego (Las Lagunetas, San Mateo).

2) Cartel de carretera de Las Lagunetas. Foto de Luis Roca Arencibia realizada durante la preparación del libro.

3) Las Palmas de Gran Canaria en los años 60. En primer término de distingue el castillo de San Cristóbal; en segundo término, las fincas de platanera que ocupaban lo que hoy es el polígono de San Cristóbal. A la izquierda de las plantaciones se distingue el barrio de San José; perpendicular a él, de mayor dimensión y con la catedral asomando, el barrio de Vegueta (fondo fotográfico de la Fedac/Cabildo de Gran Canaria).

4) Cascada de agua en el Barranco de la Mina, realizada durante la preparación del libro en 2002 (foto de Luis Roca Arencibia).

5) De izquierda a derecha y de arriba abajo, afiches de las películas “La busca”, “Las uvas de la ira”, “Los siete samurais”, “El manantial de la doncella” y “Los Nibelungos”.

6) Vista de la plaza de Cairasco con la catedral de Las Palmas en la década de los sesenta del siglo pasado. Está tomada desde el Gabinete Literario (fondo fotográfico de la Fedac/Cabildo de Gran Canaria).

7) De izquierda a derecha y de arriba abajo, distintos momentos de tenderetes organizados en El Trigo Diego en 2003, tras la presentación del libro en Las Palmas; y en 2008: Andrés Santana con su madre, Sofía Quintana, en 2008; parte de la familia Santana Quintana, en 2008; detalle de tenderete en 2003; el alpendre sobre la casa familiar de El Trigo Diego, en 2003; Andrés Santana (2d), junto a un hermano (1d), Antonio Betancor (2i), y mis padres, Daniel Roca (1i) y Yolanda Arencibia(espaldas), en 2003. Andrés Santana es dado a creer en la fuerza del destino. La misma semana de marzo de 2003 que se presentó el libro, y durante su estancia en Las Palmas por el festival, moría el tío con el que había pasado parte de su infancia en El Trigo Diego (Las Lagunetas, San Mateo).