Andrés Koppel ennegrece Canarias con “La niebla y la doncella”


“La niebla y la doncella’, primer largometraje del director tinerfeño Andrés Koppel, es un thriller basado en la novela homónima de Lorenzo Silva que se presentó en Sección Oficial del 20 Festival de Málaga, Cine en Español. La película se estrena el 8 de septiembre. “La niebla y la doncella es un thriller muy tranquilo, una película atípica. En realidad hemos hecho una especie de Agatha Christie”; “Lo importante es que tus hijos estén vivos“; y “Si los canarios no ven el cine propio, no tiene sentido hacerlo” son algunos de los titulares que dio esta entrevista realizada en Málaga el día de la premier de la película y publicada el sábado pasado en el suplemento Cultura de La Provincia. Esta versión online viene con el texto completo y nuevas fotografías.

Así salió publicado el tema en La Provincia el pasado sábado. / LRA

Para terminar la entrevista le pregunto a Andrés Koppel (Friburgo, 1964), padre de dos hijos, Tomás y Clara, de 13 y 10 años, por el mensaje que subyace en su primer largometraje. “Lo que “La niebla y la doncella” cuenta está ejemplificado en una frase que le dicen al padre de una de las víctimas: “Le van a decir cosas de su hija que no le van a gustar, pero que sepa que fue una buena guardia civil”. Esto ya se le dice sabiendo que es una mentira. Pero es que encima el padre contesta: “¿Y eso que importancia tiene? Si tú hubieras hecho bien tu trabajo, mi hija estaría viva”. Ante la muerte violenta de un hijo, ni la violencia ni la justicia te ayudarán a curar esa herida. Eso es lo importante, que tus hijos estén vivos”. La película se estrenará en salas de cine el 8 de septiembre. Sigue leyendo

Más fondo de armario: Entrevista a Mateo Gil


La primera entrevista que se le hacía al cineasta Mateo Gil en un medio de Canarias la firmé mientras colaboraba con la desaparecida revista Anarda. La publicación -financiada por el empresario Jaime Cortezo- la dirigía entonces José Antonio Alemán, de la sección de Cultura se encargaba Pedro Schluetter y yo compartía la sección de cine con Gregorio Martín Gutiérrez. Desde septiembre de 1999 hasta mayo de 2000 colaboré de esta forma en nueve números hasta que un cambio en la dirección empujó al leonés Sergio Cao a la dirección y a mí a la coordinación y edición de las páginas de Cultura, que llevé a cabo durante 9 números entre julio de 2000 y abril de 2001. La etapa concluyó unos números después de la llegada de Laly Sánchez al frente de la dirección de la publicación. La revista se siguió editando, al menos, hasta agosto de 2003.

Mientras Martín Gutiérrez se ocupaba más de asuntos teóricos sin vínculo con las islas, mi compromiso con el sector en el archipiélago me hacía interesarme principalmente por temas relacionados con los cineastas canarios. Promoverlos a través de la prensa se había hecho de manera muy precaria. Y era esencial hacerlo con solvencia y contundencia para dar visibilidad a una actividad que carecía de espacio frente a otras disciplinas culturales que contaban con el favor de la prensa. Después de haber dirigido el área Audiovisual del Gobierno de Canarias, el área de Cine del Cabildo de Gran Canaria, trabajado en largometrajes y cortometrajes y colaborado en diversos medios de comunicación de prensa escrita y televisión, tenía muy madura esta idea de promoción del cine favoreciendo el desarrollo de un tejido profesional que al poco tiempo inspiró mi trabajo al frente del Foro Canario del festival de cine de Las Palmas, en la segunda edición.

Volviendo a Mateo Gil y al año 2000, ahora ocurría que un director canario residente en Madrid sin vínculo con las islas más que el propio de haber nacido y crecido aquí se enfrentaba a su primer largometraje, un thriller de jugadores de rol ambientado en la Semana Santa sevillana. Una gran oportunidad. Hoy, la segunda película de Mateo Gil “Blackthorn. Sin destino” está nominada a 11 premios Goya, mérito que la sitúa en cuarta posición de las preferencias de los académicos, tras “La piel que habito” (Pedro Almodóvar), “No hay paz para los malvados” (Enrique Urbizu) y “Eva” (Kike Maíllo). Un enorme éxito que contrasta con la muy pobre acogida del filme en salas comerciales. De hacer un cine de calidad que no necesariamente esté al servicio de la taquilla habla Mateo Gil en esta entrevista. Pero también de otras muchas cosas. Se publicó en enero de 2000 en el número 14 de la revista Anarda. Espero que la disfruten.

Mateo Gil, director de cine: “Me daba vergüenza admitir que quería ser cineasta”

He visto Esposados [Juan Carlos Fresnadillo, 1996] y La Raya [Andrés Koppel, 1997] y me parecen dos cortos magníficos. Pienso que es inevitable que la industria esté centrada en un sitio, pero también estoy convencido de que se puede hacer cine en cualquier lado.” La pregunta es inevitable. Mateo Gil (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) es, hoy por hoy, el director canario que mejor posición ocupa en la industria cinematográfica española. “Veo más difícil que se cree un industria en las islas. Lo que se puede hacer es apostar por la formación actoral y técnica. Potenciar el que se conviertan en un gran centro de formación y también en un gran decorado para producciones. También hay que generar iniciativas culturales que fomenten y expandan el aprecio hacia este oficio. En este sentido, la idea de poner en marcha un festival de cine en Las Palmas de Gran Canaria me parece excelente.”

Íntimo amigo de Alejandro Amenábar y estrecho colaborador suyo en dos de los grandes éxitos del cine español de los noventa, Tesis (1996) y Abre los ojos (1997), dibujó trazos de gran cineasta en Allanamiento de morada (1998), su primer cortometraje. A finales del pasado mes de noviembre estrenó Nadie conoce a nadie, un largo que él define como “un thriller psicológico que habla, sobre todo, de la desorientación en la que vive la gente hoy en día. Sin creencias religiosas y sin referentes claros ni políticos ni sociales. O, como escribió Juan Bonilla en la novela en que está basada, “sin una guerra en la que caerse muerto.”

Le leo una cita. Mankiewicz dijo que los críticos son “tan esenciales para la obra de arte como las hormigas en un almuerzo en el campo.” Suelta una carcajada. “Las críticas son necesarias. No sólo es importante que se vea cine, sino también que se hable de él. Claro que con el volumen actual de películas muchos críticos tienden a la generalización. Pero eso es inevitable. La crítica es necesaria y no hay que tomársela muy en serio. Yo, por Nadie conoce a nadie he recibido malas, y duelen en el alma. Pero también buenas. Esas te ponen las cosas en su sitio.”

“Hay que reivindicar el cine sin taquilla. Si no creyera que el cine es, fundamentalmente, arte, no me dedicaría a esto.”

¿Qué fue lo que más te preocupó al escribir el guión? En sus orígenes se me encargó para que lo rodara un director consagrado. Por ello me preocupé muchísimo de crear una trama potente, con mucho suspense y mucha acción. Después, cuando acepté dirigirlo, me lo fui llevando más a mi terreno, incorporando elementos propios. Allanamiento de morada la escribí a la inversa. Partí de una idea y unos personajes y lo tuve escrito en un fin de semana. Quizás esta sea la manera más acertada. En todo caso, son las historias las que te van marcando el proceso. Eso es prácticamente incontrolable.

¿Y el mayor obstáculo al que te enfrentaste en el momento del rodaje? Un rodaje es una constante carrera de obstáculos con un denominador común: la lucha contra el tiempo. En Allanamiento de morada me preocupé sobre todo de la interpretación de los actores. En Nadie conoce a nadie mi prioridad fue, en medio de esa lucha, que ningún elemento de la película (cámara, interpretación, decorados, vestuario, música, sonido…) estuviera desequilibrado con respecto a los demás.

Mateo Gil no es de los que afirman que lo del cine lo tuvo claro desde siempre. “No hubo un momento que yo recuerde en concreto, una chispa. Ocurrió a lo largo del bachillerato. Lo curioso, en mi caso, es que no se lo decía a nadie. Cuando estaba en Madrid estudiando Imagen y me preguntaban, decía que estudiaba periodismo. Me daba vergüenza admitirlo. Me sentía como una persona de pueblo –viví hasta entonces en el barrio de El Calero, en Telde- y lo del cine lo veía como algo inalcanzable.” En abril, le comento, Víctor Erice (El espíritu de la colmena, El sur, El sol del membrillo) levantó acta oficial de la muerte del cine como arte: “Ahora se hace industria pura y dura y su máxima expresión, la taquilla como punto de referencia.” Frente a la ingenuidad del cine de antes el director vizcaíno opuso la inmersión del séptimo arte en el “gran monstruo audiovisual de los tiempos actuales, una magma trufado de publicidad y susceptible de caer bajo los efectos nocivos de la televisión.” “Tiene razón, pero es una valoración demasiado peyorativa. Es cierto que el cine de hoy ha perdido la ingenuidad, y eso es malo. Hay que reivindicar el cine sin taquilla. Si no creyera que el cine es, fundamentalmente, arte, no me dedicaría a esto.”

¿Imitar al cine norteamericano es la salvación del cine español y europeo? Es que pienso que el concepto de “norteamericano” es muy difuso. Mi película es profundamente española, al igual que las de Amenábar, y a ambos se nos ha tachado de hacer un cine ‘a la americana’. Creo que esto no tiene mucho sentido. Lo realmente importante es que sea un cine de calidad.

Se expresa con la claridad de quien sabe de cine desde dentro, pero también con sensatez para reconocer que su maratón particular no ha hecho más que empezar. “Claro que tengo proyectos para rodar en Canarias, pero mi primer objetivo es asentarme en Madrid. Es la única manera de poder elegir. Ahora no tengo nada sobre la mesa. Por lo pronto, me gustaría cambiar de registro. Una historia de amor tal vez. Una comedia seguro que no. Me parece el género más complicado y todavía no me siento capaz de afrontarlo.” Por lo pronto, con solo veitisiete años, Mateo Gil ya ha conseguido entrar en el estadio. Muchos otros atletas se siguen empujando para entrar. Muchos más lo dejaron en el camino.

Índice de imágenes:

1) La entrevista, tal y como salió publicada, ocupó una página y una columna de la revista.

2) Eduardo Noriega y Natalia Verbeke en una imagen promocional de “Nadie conoce a nadie”. En la película actuaban también Jordi Mollá y Paz Vega.

3) Portada de la revista Anarda donde fue publicada la entrevista.

Juan Carlos Fresnadillo: Entrevista Intacta


Lo que sigue es una entrevista que publiqué en el periódico La Provincia en 2002. Juan Carlos Fresnadillo visitaba Las Palmas de Gran Canaria con motivo de la programación de su primer largometraje, ‘Intacto’, en el Foro Canario que dirigí desde 2001 hasta 2009. Fue el año también la proyección especial de ‘Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra’ (‘When Dinosaurs Ruled The Earth’, Val Guest, 1970) y de la llegada de la familia Izaguirre – Rodolfo, Boris y Belén Lobo- por el ciclo de cine venezolano que también incluyó la sección, cuando se había ideado dedicar cada año un ciclo a países que tuvieran vínculos especiales con Canarias (iniciativa seccionada de cuajo al año siguiente por su buena acogida). 20 cineastas y actrices de las islas y venezolanos participaron en los cuatro coloquios organizados. Estos éxitos, de forma que puede parecer paradójica para quien no conozca los entresijos, fueron minando las posibilidades de mi trabajo al frente de la sección de Canarias del Festival de Las Palmas donde aún así resistí nueve años sorteando las zancadillas del director. Una de las muchas se produjo ese mismo año, con la supuesta concesión de un premio de honor del Festival al joven director tinerfeño objeto de esta entrevista que resultó después ser una despreciable burla a su persona. Y también a la mía.
“Intacto” fue una película irregular en su guión, aunque su idea de partida era brillante: el hombre con más suerte del mundo. Su destacadísima personalidad visual ya anticipaba el desarrollo, lento pero firme, del cineasta tinerfeño en el ámbito internacional, consolidado con el gran éxito de ‘28 semanas después’ (‘28 Weeks Later’, 2007). Y también es el filme donde el paraje natural de Las Cañadas del Teide ha quedado mejor retratado. Juan Carlos Fresnadillo-que está a punto de inaugurar el 59 Festival Internacional de Cine de San Sebastián con ‘Intruders’ y que tiene previsto comenzar el octubre el rodaje de “El cuervo”- había logrado en 1996 un éxito descomunal: llegar a Hollywood desde Canarias sin escalas. Una conquista sin parangón hasta hoy no solo en el cine insular, sino en el de la cultura de Canarias en su totalidad. Nunca fue debidamente reconocido este mérito. La cultura oficial de Canarias siempre estuvo más orientada a destacar los méritos (nunca llegaron a este nivel) de músicos, teatreros o artistas plásticos. Y esto ocurría, fundamentalmente, por la dificultad de desarrollar un tejido industrial mínimo debido a su superior coste de producción y a la presencia en la gestión pública de vividores de largo recorrido y enchufados sin estudios ni preparación como el antes referido. Este es el único histórico que a día de hoy sigue, con el visto bueno lo mismo de supuestos prohombres de la cultura como Jerónimo Saavedra (sus actos estos últimos cuatro años lo han delatado para la historia) como de políticos de los restantes partidos, que confunden lo barato con lo ridículo y lo pernicioso con lo bueno y útil para la comunidad a la que sirven.
El titular de la entrevista se eligió de forma especialmente intencionada para un territorio como el canario, donde el desarrollo del sector audiovisual es aún precario a pesar de los muchos millones de euros invertidos en los últimos siete años. La suerte –tema de los dos trabajos del tinerfeño hasta ese momento- es talento, sí, y también formación y determinación. Los retratos los realicé en la azotea de mi casa. Las demás fotos son de promoción del filme. Y al final del texto se reproduce la entrevista tal y como fue publicada, sin la portada del suplemento. Espero que la disfruten.

Juan Carlos Fresnadillo: “La suerte no existe”

“‘Intacto’ es un thriller que esconde un drama romántico sobre el corazón como un lugar desde el cual podemos dominar al destino”

“Es cierto que mi inconsciente me lleva a Canarias. Y esto tiene que ver con que sé de la capacidad de contar historias que tiene el paisaje canario. Eso me ha condicionado y me seguirá condicionando”

“Me gustaría tener siempre la oportunidad de lograr que cada plano de mis películas tenga realmente sentido, que es la mejor manera de que la gente sienta que eso está contado para emocionarla, que te has dejado el corazón”

Acaba de regresar a Madrid de uno de los festivales de cine independiente más prestigiosos, Sundance (Utah, EEUU), donde Intacto, su primer largometraje, fue una de los dos únicas obras españolas seleccionadas. Este próximo sábado competirá en ocho categorías, entre ellas la de Mejor Director Novel, en la XVI edición de los Premios Goya, que se celebrará en el Palacio Municipal de Congresos del parque ferial Juan Carlos I de Madrid, en una ceremonia presentada y dirigida por Rosa María Sardà. “Fue curioso, porque me llamaron por teléfono y me dijeron: -Tienes seis nominaciones. A la media hora, me volvieron a llamar: -¡No, tienes siete! Y luego por la noche, me volvieron a llamar: -¡¡No, son ocho!!” Pero Juan Carlos Fresnadillo (Santa Cruz de Tenerife, 1967) no quiere hacerse ilusiones. Compite, entre otras, con películas como Los otros (Alejandro Aménabar); Lucía y el sexo (Julio Medem), con la que participó en Sundance; Juana la Loca (Vicente Aranda) o Sin noticias de Dios (Agustín Díaz Llanes). Para él, “haber sido ocho veces finalista entre películas de tanta altura ya es un privilegio”. Y no le falta razón. Ser propuesto para ocho Goyas en una opera prima es un dato que sitúa su película, en las estadísticas de la Academia española del Cine, muy cerca de films como Solas (Benito Zambrano, 1999) y‘Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (Agustín Díaz Yanes, 1995), que sumaron en su día once y diez nominaciones, respectivamente, y a la misma altura de Tesis (Alejandro Aménabar, 1996), con también ocho candidaturas.

‘El niño’, como le llaman aún algunos de los que trabajaron con él en su cortometraje Esposados (1996), marchó a Madrid en 1985 para estudiar Sociología. “No me admitieron en Imagen y Sonido por dos décimas, y la sociología fue casi una excusa ante mi familia para quedarme allí.” En Madrid, se inscribe en la escuela Taller de Artes Imaginarias, donde finaliza sus estudios de cine con el trabajo El extraño pacto. Regresa a Canarias en 1991 y ese año produce el cortometraje Por los viejos tiempos, dirigido por Miguel Ángel Toledo. “Ahora tengo la sensación de que necesito contar historias y la manera que he encontrado para contarlas es a través del cine. Mi objetivo es, en primer lugar, seguir haciendo películas. En segundo lugar, me gustaría tener siempre la oportunidad de lograr que cada plano de mis películas tenga realmente sentido, que es la mejor manera de respetar al público, de que la gente, cuando lo vea, sienta que está contado para emocionarla, que te has dejado el corazón.”

¿Cuándo le nace la vocación de dirigir cine? Surgió de una noche que fue fundamental en mi vida: en la tele pasaban una película que se llamaba Encadenados (Notorious, 1946), de Alfred Hitchcock y, no sé por qué, sentí en ese momento que aquello era lo que yo quería hacer. Esa noche no pensaba salir, pero me sentía tan emocionado que al final lo hice. Pues bien, esa misma noche conocí a Eduardo García Rojas, guionista del primer cortometraje que produje, que a su vez me condujo a Miguel Ángel Toledo, productor de ‘Esposados’. Curiosamente, ‘Encadenados’ es también un thriller que esconde un drama romántico, como ‘Intacto’.

Después de ‘Esposados’, Vd. barajaba dos proyectos, ‘Un día de estos’ y ‘Hándicap’. Finalmente, se decidió por ‘Intacto’. ¿Por qué? Mi forma de trabajar es indagar e investigar en las historias, construirlas, sacarles los personajes, hacer prácticamente el guión y, cuando he acabado, si no siento al cien por cien que esa película es realmente la que quiero hacer, entonces empiezo a mirar para otro lado. Yo creo que la primera película tenía que ser algo muy personal, que fuera una película casi ‘de tripas’. Finalmente llegué a ‘Intacto’, que yo creo que insiste en las mismas claves que venía investigando desde hacía tiempo, no solamente con las dos citadas, sino también con ‘Esposados’: la suerte, la pérdida, el desamor… A partir de ahí surge un universo que me atrapa desde el principio, prácticamente me vampiriza, y que finaliza con un guión del que me siento satisfecho, animado y convencido para convertirlo en mi primera película.

¿Qué fue lo que le resultó más complicado de este primer largometraje? Sin duda, lo más complicado fue el rodaje propiamente dicho. No hubo absolutamente ningún momento donde poder bajar la guardia. Ha sido una gran lección y yo me siento casi como un superviviente de él. Pero la confección de la escritura fue también ardua y muy compleja, y creo el tratamiento final que se le dio no tiene precedentes en otras películas. Esto hace la historia apetecible y atractiva, pero a la vez muy complicado lograr que eso realmente tenga interés y sea entretenido, que creo que es uno de los mandamientos que hay que cumplir al hacer una historia para un público. Siempre digo que ‘Intacto’ es un thriller disfrazado porque, en el fondo, esconde un drama romántico que establece una conexión entre la suerte y el amor (o el desamor). O sobre cómo el corazón es, quizás, un lugar desde el cual se puede dominar al destino. En la película los personajes creen que pueden, como dioses, dominar la suerte, y la roban a las personas. Finalmente, se descubre que todos son víctimas de una pérdida anterior no asumida o redimida.

En ‘Esposados’, la suerte (o la desgracia), también era un elemento muy importante de la historia. Parece que es un tema que ejerce sobre usted una fascinación especial. La suerte es aquello contra lo que, aparentemente, no podemos luchar, el destino al que estamos sometidos, pero aplicado a una forma más cotidiana, más cercana. Todos nos hemos planteado alguna vez por qué la buena suerte nos sonríe, o bien todo lo contrario. ‘Intacto’ es una indagación sobre eso, y me apetecía sacarla de una manera más sugerida que explicativa.

Juan Carlos Fresnadillo ya pasó por los premios Goya en 1996 con ‘Esposados’, su primer cortometraje, producido y rodado íntegramente en Canarias. No lo ganó, pero apenas dos meses más tarde, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas norteamericana lo nominaba a los Oscar. Era la primera vez –única hasta hoy- que un cortometraje español recibía tal distinción. ‘El niño’, en compañía del productor Miguel Ángel Toledo y de su novia y directora de arte del corto, Tatiana Hernández, viajaban de Santa Cruz de Tenerife a la alfombra roja del Shrine Auditorium de Hollywood prácticamente sin pisar la Península Ibérica, y la prestigiosa compañía americana Miramax volvió los ojos hacia Tenerife, ofreciéndole un preacuerdo de distribución y producción entonces inédito en el cine español. Más de una cincuentena de premios y distinciones en los más prestigiosos foros nacionales e internacionales avalan un trabajo en el que se fusionaron los dos factores que él considera fundamentales para salir adelante como cineasta: el talento y la paciencia. Tan sólo dos trabajos y ya ha obtenido reconocimiento nacional e internacional.

¿La (buena) suerte es también un factor clave en la vida de Juan Carlos Fresnadillo? Yo me siento un hombre profundamente afortunado, pero la he buscado. Pienso que hay que saber interpretar y asumir los acontecimientos que, aparentemente, se nos presentan como de mala suerte. Realmente, la suerte es algo que no existe. Lo que existe es cómo colocarnos delante de lo que nos sucede día a día, sea bueno o malo.

En ‘Intacto’, la interpretación de los actores, la fotografía, el montaje y la dirección han sido elementos altamente valorados por los críticos. Sin embargo, ha sido en el guión donde se han encontrado las opiniones más reticentes. Se le ha achacado una excesiva frialdad a los personajes y que la historia, a medida que avanza, se enmaraña en sus propias trampas. La frialdad la asumo, pero la sentía como una apuesta que la película necesitaba para que la historia llegara al espectador de una manera más contundente. ‘Intacto’ es una película donde los personajes no se tocan, y es fría también en su atmósfera. Creo que había que ser frío y calculador para que en el último acto, cuando estalla la emoción, éste estallido tuviera la mayor fuerza posible, como un volcán que permanecía apagado.

El retorno a Canarias para su primer largometraje, en la utilización de los paisajes de Tenerife, en la participación de los canarios Andrés Koppel, como co-guionista, o Mónica López, como actriz protagonista, ¿quiso ser una reivindicación de las posiblidades del cine en Canarias? Fue algo inconsciente. Yo no sabía que Mónica era canaria hasta que traté con ella en la fase previa al rodaje. Como tampoco sabía que la cicatriz que tiene en la cara era producto de un accidente de tráfico, igual que su personaje en la película. Pero sí sentí que esa historia había que rodarla allí, y que esos lugares y esas personas eran los perfectos para la película. No sé si seguirá siendo así, pero es cierto que mi inconsciente me lleva a Canarias. Y esto tiene que ver con que, al haber nacido y crecido allí, he descubierto la capacidad de contar historias que tiene el paisaje canario. Eso creo que me ha condicionado y me seguirá condicionando.

“Madrid es la capital financiera del cine español, pero no la capital del talento”

¿Cómo valora el cine español actual, con la proliferación de nuevos realizadores y la creciente internacionalización de las obras? Este año ha sido magnífico para el cine español, pero fundamentalmente por el carro que han supuesto dos películas muy comerciales, Torrente 2 y Los otros, ambas, además, en extremos absolutamente opuestos. Esto muestra un abanico muy amplio y extremo que, se ha visto, conecta además con todo tipo de gente y está haciendo que el público español sienta la necesidad de ver su cine. Creo que esta globalización general en que vivimos, también en el ámbito de la cultura, es positiva. Y el mejor ejemplo lo ofrece ‘Los otros’, película que dibuja una jugada muy habilidosa: tiene el aparataje de una película norteamericana, pero propone una mirada que tiene mucho que ver con una película española y, de hecho, se ha rodado en España. Y yo creo que el cine español está abocado a eso.

Y, en este contexto, ¿qué papel juega o, en fin, puede jugar Canarias? He visto una noticia sobre que el Parlamento canario le ha pedido al Gobierno una ley que organice el sector audiovisual. Creo que Canarias tiene ahí una asignatura pendiente. Ya se ha dado muestra de que hay talento: ahora hay que apoyarlo para convertirlo en una industria que dé a conocer nuestra cultura, lugares e idiosincrasia. También opino que el canario no tiene interés por las películas o el audiovisual que se hace en Canarias, y eso tiene que ver con una mala promoción y un mal aprovechamiento de nuestros recursos mediáticos. Canarias puede convertirse en una plataforma de descubrimiento de talentos y de lanzamiento de películas, con una producción que evidentemente tendrá que ser acorde con sus recursos y límites, fundamentalmente los que se derivan de factores geográficos. Pero es una producción que podría competir a nivel mundial. Madrid es la capital financiera del cine español, pero no la capital del talento, ni mucho menos. Creo que es urgente, además de necesario, que haya una regularización de nuestra práctica audiovisual de cine, televisión y publicidad. La Televisión Autonómica es, lógicamente, algo más que podría ayudar, pero no veo aún que esté haciendo grandes cosas para conseguir la regularización y estabilidad necesarias en el sector. Evidentemente, está empezando y queda mucho por hacer. Hace dos años declaró: “Soy optimista respecto a la gente que hace cine en Canarias, pero muy pesimista respecto a la sensibilidad de las instituciones”. ¿Hoy diría lo mismo? Exactamente lo mismo. No he visto hasta ahora ningún resultado. El desarrollo en los últimos años ha sido absolutamente individualizado y por iniciativa privada, producto de francotiradores. Las instituciones públicas han ayudado sólo esporádicamente. Y lo digo desde la perspectiva de alguien que ha rodado parte de su película en Canarias y que ha tenido el apoyo por parte del Cabildo de Tenerife, a través de su Film Commission. Yo tengo que agradecer en mi película ese apoyo, pero poco más.